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miércoles, 12 de marzo de 2014

EN EL LIMBO

MARIO MORALES 11 MAR 2014 - 8:47 PM
El país de las maravillas

En el limbo

Mario Morales
Por: Mario Morales
No se sabe si era peor tener triunfadores netos en las legislativas del domingo o este limbo en el que todos niegan haber perdido, nadie gana, pero todos dicen celebrar. Nada cambió. Ni nos movimos. No hubo tal viraje a la derecha. Ahí hemos estado siempre, así sea de manera solapada. No hubo tal resurrección partidista sino reacomodo con arreglo a fines.
Que el autodenominado Centro Democrático haya figurado no es más que el resultado del voltiarepismo de quienes por conveniencia temporal cambiaron de color, como lo volverán a hacer socarronamente después de mayo, porque tienen claro que ni Santos ni Uribe son asunto de principios, que son intercambiables, y que ni el CD ni la U son partidos sino emociones reunidas o simples paraguas según la coyuntura. Tampoco el “fenómeno Uribe” lo fue tanto como pretenden sus áulicos. Algo va de los 6 o 7 millones del pasado a los 2 del domingo. Lo sobredimensiona el morbo mediático y social dizque por ver “debates parlamentarios” con opositores.
Como si ese fuera el problema... Como si esa fuera la solución. Se mantiene la misma franja infestada de parapolíticos, entre 24 y 70 congresistas, dependiendo de cada grado de compromiso con un fenómeno que sigue vivito y votando. Y la izquierda ahí; demostrando que solita no tiene proyecto y que sólo suma cuando la usan para votar en contra de alguien. Comodín. Y queda, otra vez, Soledad, Atlántico, como símbolo y laboratorio de corrupción, y el indescifrable departamento de Córdoba, y la tibia e insolidaria Bogotá... Pero más que esos elegidos sin brillo, más que quienes votaron por ellos (convencidos, presionados o equivocados), más que quienes despilfarraron su opción con votos nulos o no marcados, son responsables de este limbo, de este desasimiento, esos mal llamados “ciudadanos” hoy quejosos y hasta beligerantes en redes sociales, filas y restaurantes que traicionaron su destino al negar su voto. Y que para colmo hoy recriminan con ese increíble argumento macondiano: “yo sabía que nada iba a cambiar, por eso no voté”… Ni modo.

SANTOS NO UBICO A BOGOTA EN EL PAIS

JUAN PABLO RUIZ SOTO 11 MAR 2014 - 8:47 PM

Santos no ubicó a Bogotá en el país

Juan Pablo Ruiz Soto
Ante la proximidad de las elecciones presidenciales, y dado que más del 75% de la población colombiana corresponde a habitantes urbanos, lo que propongan los candidatos respecto a la relación campo-ciudad es algo importante que debe pesar al decidir nuestro voto.
Por: Juan Pablo Ruiz Soto

El candidato Santos resolvió abrir la campaña hablando sobre Bogotá. Cuando se anunció la intervención del candidato, imaginé que sus propuestas serían desde la perspectiva de un Santos estadista.
Dado el peso nacional de Bogotá región y el acelerado proceso de concentración de la población, la producción y el consumo, esperaba que el candidato presidencial hiciera su análisis y propuestas para el desarrollo de Bogotá desde un contexto nacional, presentando alternativas de descentralización para favorecer el poblamiento de otras regiones, generando nuevas e inclusivas ciudades con oportunidades de trabajo y educación en otras regiones del país. Esperaba una propuesta sólida sobre una política nacional de poblamiento y ocupación del territorio. Pero no, habló de Bogotá desde el ombligo, es decir, desde la misma ciudad.
Respecto a la movilidad, se refirió al problema y sus soluciones desde una perspectiva muy local, hablando sobre la necesidad de desarrollar infraestructura en el interior de la ciudad. Como estadista tendría que referirse al tema de la movilidad relacionándolo con una propuesta de desconcentración de la actividad productiva y poblacional en Bogotá región, proponiendo que la disminución del crecimiento urbano fuera el principal aliado para dar espacio a la planeación y descongestión de la ciudad. Esperaba propuestas de incentivos para apoyar el emprendimiento y la ubicación de las nuevas empresas y oportunidades laborales fuera de Bogotá región, pero lo que hizo fue proponer acciones para impulsar nuevas empresas en la capital. Esperaba que mencionara el establecimiento de un régimen de impuestos más altos para las nuevas empresas que pretendieran localizarse en Bogotá, aumentando el nivel de congestión, pero tampoco lo hizo. Adelantar una verdadera política de descentralización requiere acuerdos entre el Gobierno Nacional y el capitalino; pensé que a esto haría referencia en su discurso como candidato presidencial, pero no lo hizo.
Esperaba que al hablar del ambiente y del uso de recursos naturales se refiriera al suministro de agua y al hecho de que la ciudad está consumiendo agua proveniente de diversas regiones del país y a que es necesario compensar a esas regiones para asegurar los servicios ambientales asociados a la conservación de cuencas que abastecen de agua a la capital. No mencionó la limitación de suministro de agua para la ciudad, que, de seguir creciendo como hasta ahora, será muy costoso o imposible abastecerla del agua que requiere. A este respecto, eso de vivir 2.600 metros más cerca de las estrellas no es un atributo sino una limitación.
En síntesis, los 10 puntos mencionados por el presidente candidato fueron expuestos como si su aspiración fuese la alcaldía de la ciudad y no la presidencia y dirección de un país que urgentemente requiere que la ciudad se entienda desde una perspectiva nacional y no local, lo que es responsabilidad del presidente, cualquiera que sea. Esperamos que este y otros candidatos revisen estos temas.


ALBERTO DONADIO 22 MAR 2014 - 10:00 PM

Óptima salud

Alberto Donadio
A veces el público se entera, sin quererlo, de las dolencias físicas de los gobernantes.
Por: Alberto Donadio
A Virgilio Barco, por una diverticulitis diagnosticada al llegar en visita oficial a Seúl, le extirparon de urgencia la sección sigmoide del intestino.
En la campaña que llevó a la presidencia a Enrique Olaya Herrera en 1930, el senador Enrique Lleras Triana pronunció un discurso “a pesar de una hemorragia hemorroidal atroz”, escribió su sobrino, Alberto Lleras Camargo.
Cuando a Lyndon Johnson le extirparon la vesícula, se levantó la camisa y les mostró a los periodistas la incisión longitudinal de 30 centímetros en el estómago. El caricaturista Herblock del Washington Post dibujó entonces sobre el abdomen presidencial el alargado mapa de Vietnam, que fue la ruina de su mandato.
Ahora una afección menor del presidente Santos ha causado una incontinencia de comentarios que están todos fuera de lugar. Tiene razón Santos cuando dice que “resulta muy triste, muy decepcionante, que se haga política a partir de una situación personal y humana que puede haberle ocurrido a cualquiera”.
Es deplorable que en las redes sociales un incidente privado acapare la atención de la gente. Tenían más agudeza política los taxistas en los tiempos precibernéticos. El Ipad, el Twitter, no confieren criterio. Es lamentable que el jefe de Estado tenga que emitir una declaración sobre un asunto de su órbita privada.
Este episodio es particularmente enojoso, porque sí hay materias de interés público sobre las cuales el presidente ha rehusado dar explicaciones. Interbolsa, por ejemplo. Todavía no ha dicho por qué invitó a la posesión presidencial en 2010 al financista Juan Carlos Ortiz, expulsado de la Bolsa de Bogotá en 1998. ¿Eran amigos? ¿Qué nexos los unían? ¿Por qué lo admiraba Santos?
Si cuando cayó Bernie Madoff por una estafa financiera se hubiera sabido que asistió a la posesión presidencial, los periodistas habrían exigido explicaciones a la Casa Blanca. Aquí la prensa gobiernista, oficialista y santista, es respetuosa de la “intimidad” del presidente y no lo importuna.
Juan Carlos Ortiz está ad portas de una pluriimputación de delitos, pero nadie cuestiona al presidente sobre este “buen muchacho”. Se ha comprobado que Ortiz se echaba al bolsillo el dinero que consignaban en efectivo los clientes Premium, el fondo que craneó en Interbolsa. Para no mencionar una larga cadena de abusos e ilícitos que llevaron a la quiebra de ese fondo, que manejaba 174 millones de dólares.
Pero es errado cebarse en Ortiz, Rodrigo Jaramillo, Alessandro Corridori, Tomás Jaramillo y Víctor Maldonado, los grandes artífices de la quiebra de Interbolsa que hoy tiene en la ruina a miles de personas. Es cierto que, pasados de copas, ellos y otros manejaban vehículos a 200 kph a la salida del estadio. Hasta que causaron una enorme tragedia. Pero quien toleró por acción u omisión que continuaran sus conductas peligrosas e ilegales dentro del sistema financiero fue el gobierno de Santos.
¿Pedirle explicaciones al presidente sobre esta claudicación de funciones? Él solamente contesta: “Mi estado de salud es óptimo”.

LOS MALOS GANADORES

ANDRÉS HOYOS 11 MAR 2014 - 8:47 PM

Los malos ganadores

Andrés Hoyos
Los malos perdedores son comunes en la política. El lunes, para no ir muy lejos, vimos aquí a varios que prefiero no mencionar. Pero hay una estirpe más rara, la de los malos ganadores, aquellos que no están contentos si no humillan al enemigo y le hacen morder el polvo.
Por: Andrés Hoyos
Piénsese en la lista del Centro Democrático para el Senado, que con más de dos millones de votos eligió a 19 senadores, un tremendo triunfo. Pero como la luz se fue un rato en Sucre y el partido mermeladista los aventajó al final por 200.000 votos, los áulicos del jefe, que calla por solapado, salieron enfurecidos a gritar ¡fraude! ¿Tienen pruebas de un chocorazo de ese tamaño? No las han mostrado. En fin, habrá que tenerles paciencia, porque así la opinión de estos ardidos no concuerde con la propia, ejercieron el voto de opinión y eso vale. Por lo demás, no se puede ignorar lo que piensa una cuarta parte de la población colombiana (incluyo a muchos conservadores) sólo porque uno no está de acuerdo con ellos. Eso sí, semejante colección de bocones garantiza que el Senado se va a volver una olla de grillos muy ruidosa.
Asimismo habrá que tolerar a los orates del lado opuesto que dicen que los votantes de Uribe son todos fascistas y paramilitares. ¿Dos millones? Ni hablar, los uribistas son la misma derecha que hay en medio mundo. A ellos, entre otras, también conviene tenerlos en el Congreso, no por fuera haciendo estragos. La diferencia esencial está en las armas. La paz obviamente exigirá que, en paralelo con el desarme de las Farc y el Eln, la derecha termine de desarmarse. Si un derechista civil odia, digamos, a Jaime Garzón, lo insultará y le pondrá tres demandas por calumnia. Carlos Castaño no le dijo nada, pero lo mandó asesinar con la ayuda de sus compinches en servicio activo. La derecha, si no se arma, cabe en la democracia. ¿Habrán aprendido esa lección? Esperemos que sí.
En contraste, a los extremistas del otro lado les fue muy mal. La Unión Patriótica, sin que en este caso hayan intervenido balas de ninguna especie, sacó el 0,69% del voto popular para la Cámara. ¿Qué pasó? Que jugaron mal sus cartas y fueron castigados. El error crucial en este proyecto, que en últimas aspira a allanar el camino para que la guerrilla incursione en la política electoral, tuvo dos componentes: la Marcha Patriótica usó tácticas de guerra y no de paz en la temporada caliente de Catatumbo, y luego las conversaciones de La Habana se dilataron excesivamente. Nada de eso les gustó a los votantes y por eso los hundieron. Al Polo, con excepción de Jorge Enrique Robledo, tampoco le fue bien el domingo, como les fue mal a los progresistas, en particular al curtido Antonio Navarro, desplazado de la jefatura de la Alianza Verde por Claudia López.
Aunque Juan Manuel Santos salió maltrecho, le hubiera podido ir peor. Pero el presidente se ha visto obligado a virar a la derecha para contrarrestar al uribismo, lo que deja un tremendo boquete a su centro izquierda, que está que ni mandado hacer para Enrique Peñalosa, un candidato con verdaderas opciones en las presidenciales. Crucemos los dedos para que no se equivoque en materia grave durante la campaña. Acierta, por ejemplo, al sacar al proceso de paz de la discusión. Ojalá logre que el debate se centre en la mermelada, la educación, la salud, la justicia y la seguridad, y aprenda a hablar en lenguaje corriente, como nunca aprendió a hacerlo Antanas Mockus.