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miércoles, 5 de febrero de 2014

VOTO EN BLANCO

Por Jorge Gómez Pinilla

OPINIÓN¿Y cuándo será posible sacar del Congreso a esa manada de pícaros que vive a costa del erario público? Pues muy fácil: ¡cuando el voto sea obligatorio!

¿Votar en blanco? Sí, pero todavía no.

Foto: SEMANA

No pudo surgir en peor momento el fortalecimiento del voto en blanco como opción electoral, porque terminará por favorecer a los corruptos y le hará más difícil la brega al voto de opinión, o sea a los candidatos que sí sirven y que podrían ayudar a renovar el Congreso.
En
las condiciones actuales el voto en blanco juega el papel de idiota útil para dos clases de políticos, que son quienes conforman la mayoría: los senadores o representantes actuales que para hacerse reelegir sólo requieren aceitar una maquinaria ya montada de favores y promesas, y los ‘primíparos’ que disponen del dinero o el patrocinio suficientes para comprar los votos, aupados por dineros oscuros o por personajes de dudosa procedencia.
A esta clase de políticos no sólo les importa un bledo lo que pase con el voto en blanco, sino que los beneficia, porque ya tienen su clientela amarrada (audiencia cautiva, que llaman) y todo voto que no va por ellos tampoco se deposita por sus competidores, o sea que le resta fuerzas al voto libre y permite que se mantengan “los mismos con las mismas”.
Habría que diferenciar de todos modos la elección legislativa de la presidencial, porque lo esperado sería que el triunfo mayoritario del voto en blanco invalidara una determinada lista de candidatos y les impidiera presentarse a la siguiente cita electoral. Y, ¿quién no ha soñado con ese castigo? Pero el único que en la práctica podría salir perjudicado sería el presidente Juan Manuel Santos, y de carambola el proceso de paz, lo cual será tema para próxima columna.
Hay quienes como Gustavo Bolívar creen que el momento está ‘pulpito’ para que en la próxima elección a Senado y Cámara se imponga como mayoría el voto en blanco, de modo que haya que barajar de nuevo, como lo establece la Ley 1475 sobre la Reforma Política. Pero no han tenido en cuenta que uno es el papel que desempeña el voto albo en las elecciones legislativas, y otro en las presidenciales.
Según el artículo 9 del Acto Legislativo 01 de 2009, “deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una corporación pública, gobernador, alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de votos válidos los votos en blanco constituyan la mayoría. Tratándose de elecciones unipersonales no podrán presentarse los mismos candidatos, mientras que en las corporaciones públicas no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral“. ¿Y quiénes son los que no podrán alcanzar el umbral? Pues los candidatos de opinión, los partidos minoritarios y los grupos significativos de ciudadanos.
Sumémosle a lo anterior que los mayores índices de abstención (promediando el 60 %) se presentan precisamente en las elecciones legislativas, y que la mayoría de quienes anuncian en las encuestas que votarán en blanco ese día se quedan en su casa, por la más sencilla de las razones: porque les da pereza salir a votar.
Si la anulación de la elección se diera porque la del voto en blanco fuera la lista más votada, vaya y venga. En este caso bastarían unos tres millones de sufragios rebeldes, considerando que en la elección de 2010 la lista más votada, la del Partido de la U, obtuvo 2.792.944 sufragios. Pero lo que la ley determina es que sólo se repetirá la elección (sin que puedan presentarse de nuevo los mismos candidatos), cuando del total de votos la mitad más uno corresponda al voto en blanco. Y si la vez pasada hubo un total de 10’588.261 votantes, esto significa que para hacer borrón y cuenta nueva en el Congreso, se necesitarían ya no tres sino unos seis millones de votos.
¿Cuándo será posible entonces sacar del Congreso a esa manada de pícaros que en su mayoría se da vida de reyes a costa del erario público y legisla para satisfacción de sus mezquinos intereses? Pues muy fácil: cuando del mismo modo que existe la obligación de pagar impuestos, ¡también el voto sea obligatorio! 
Es cierto –como he dicho en ocasiones anteriores- que una democracia ideal se sustenta en que el ciudadano tenga el derecho de abstenerse de votar, pero la nuestra es una democracia imperfecta, o imperfectísima, para perfeccionar la idea. Es por ello que el voto obligatorio podría imponerse de manera transitoria, como una medida pedagógica de cultura ciudadana, cuyo mayor beneficio sería que por fin se sabría qué es lo que quiere la gente.
¿Por qué entonces tanta sospechosa sobadera con lo del voto en blanco en la próxima elección, si a quienes realmente perjudica es a los candidatos que aspiran a renovar los cuerpos colegiados? ¿Y por qué ningún partido o movimiento político impulsa el voto obligatorio, a sabiendas de su conveniencia democrática? En parte porque sería cuchillo para su propio pescuezo y en parte por la inutilidad de siquiera sugerirlo, pues se concibe como utópico que los congresistas vayan a aprobar una ley que terminaría por perjudicarlos.
El único político tradicional al que le he escuchado proponer el voto obligatorio –y no ahora, sino desde el gobierno de Ernesto Samper- es a Horacio Serpa. Pero como una golondrina no hace verano, tocará esperar a convencer a los promotores del voto en blanco de la necesidad de que primero se imponga el voto obligatorio, como medida de choque que impida que el poder siga siendo usufructuado por los mismos que para hacerse elegir y reelegir les basta con aplicar la ley… del mínimo esfuerzo.
De donde se concluye que el voto en blanco es importante como expresión de protesta, pero después de llevar al Congreso a gente que impulse urgentes medidas de saneamiento democrático, entre ellas el voto obligatorio.
Y por último: el muy farandulero Gustavo Bolívar cayó en flagrante contradicción cuando dijo que “si no estuviera haciendo campaña por el voto en blanco, votaría por Ángela Robledo”. ¿Cómo así? ¿No dizque el voto en blanco es para cuando no hay por quién votar? ¿Dónde quedó su coherencia política?
En Twitter: @Jorgomezpinilla
jorgegomezpinilla.blogspot.com  



Patricia Lara Salive 6 Feb 2014 - 11:00 pm

No creo en el voto en blanco

Algo no cuadra en las encuetstas reveladas esta semana y en los análisis que de ellas se hicieron.
Por: Patricia Lara Salive


Resulta que, de un momento a otro, apareció como ganador de la primera vuelta el voto en blanco. Según la muestra de Ipsos-Napoleón Franco, sería del 27%, y según Datexco, del 30,5%. Y los que no han decidido por quién votar serían 23% para la primera encuestadora y 14,8% para la segunda. ¡Es una diferencia bastante significativa para un sondeo recogido en las mismas fechas!
Los demás porcentajes no difieren mayor cosa: en ambas encuestas el presidente Santos obtiene la cuarta parte de los votos y Óscar Iván Zuluaga, Clara López, Marta Lucía Ramírez y Enrique Peñalosa sacan porcentajes parecidos, que oscilan entre el 4% y el 8%.
Pero ¿cómo hubiera sido el resultado si a una muestra de toda la población en edad de votar le hubieran presentado la opción de abstenerse, además de las otras?
En Colombia, tradicionalmente, la abstención ha superado el 50%. ¿No se estarán confundiendo los encuestados por la forma como se les plantearon las preguntas? ¿No estarán equiparando su costumbre de abstenerse con la intención de votar en blanco?
Es que, por una parte, el voto en blanco es un instrumento sofisticado de protesta política que no debe estar en la mente de la mayoría de los colombianos y, por otra, en el panorama político no se vislumbra un movimiento de masas que lo esté promoviendo y que esté impulsando una ola de descontento del estilo de los Indignados en España, quienes se manifestaron contra los políticos y protestaron por todo, especialmente por el desempleo y por el abuso de que eran víctimas quienes tenían sus viviendas hipotecadas a los bancos.
De manera que no creo que en la primera vuelta vaya a triunfar el voto en blanco.
Ahora, lo que sí es evidente es que ningún candidato se ha convertido en un fenómeno político como lo fue en la elección pasada la Ola Verde. Ello no significa que aún no pueda surgir un fenómeno similar. La campaña apenas comienza:
Falta ver si Peñalosa logra que Petro no se le atraviese en la consulta interna del Partido Verde y consigue elegirse como candidato. Y falta ver si, como candidato, muestra el sex appeal suficiente para atraer y canalizar el descontento.
Y falta ver si Clara López aprende a imitar a los presidentes Mujica, Bachelet, Lulla y Rousseff y encuentra un lenguaje que sume, que atraiga y que irradie amor.
Y falta mirar cómo recibe la opinión a la fórmula vicepresidencial de Santos y qué simpatías nuevas logran generar los dos cuando empiecen la campaña, que aún no han principiado. ¡Claro que lo importante sería que, más que simpatías, despertaran pasiones...!
Y en eso sí que es un mago el expresidente Uribe: la mayoría de los colombianos lo quiere y, por eso, le perdona cualquier cosa...
Y, finalmente, falta ver qué se inventa él después de las elecciones parlamentarias para unir tras un solo candidato a los seguidores de Óscar Iván Zuluaga y Marta Lucía Ramírez. Y también intentará, por todos los medios, atraer a Enrique Peñalosa... Mas no es fácil que logre ese propósito. Sin embargo, si lo consigue, no la tendría ganada: si él fuera el candidato, probablemente triunfaría. Pero sus alfiles tampoco despiertan pasiones.
Y en la política, como en el amor, el que gana es el que las despierta y las ejercita.


María Elvira Samper 8 Feb 2014 - 10:00 pm

Voto en blanco, actor político sobrevalorado

María Elvira Samper
El voto en blanco está de moda. Es el protagonista de las últimas encuestas, pues nunca tan cerca de una elección presidencial había llegado a niveles del 30%.
Por: María Elvira Samper

  • Que la tercera parte de los encuestados diga que votará en blanco habla mal del liderazgo de los candidatos (ninguno emociona ni moviliza opinión), pero en especial del presidente-candidato Santos, quien pese a la incuestionable ventaja que le otorga el poder presidencial —mermelada incluida—, registra una intención de voto por debajo del blanco: entre 25 y 27%.
El voto en blanco es también un voto protesta, de censura, de castigo, de inconformidad. Los electores están diciendo que los candidatos no les gustan, que no creen en lo que dicen, lo cual es también reflejo de la crisis de representatividad de los partidos y de los políticos, que no generan confianza entre la gente que los percibe como ajenos al país real, sordos a las protestas, las movilizaciones y los reclamos de fuerzas sociales emergentes y, sobre todo, más dedicados a conservar privilegios y cuotas de poder, que interesados en representar, articular y canalizar intereses generales.
Se trata de un campanazo de alerta que encuentra su correlato en el pesimismo: 6 de cada 10 colombianos piensan que el país va por mal camino. Pero aun así me parece que está sobrevalorado, pues no están todos los que son, la campaña no ha arrancado en forma y hace falta que pasen las elecciones de Congreso y que los candidatos definan y afinen su propuestas. Con el paso del tiempo la intención del voto en blanco irá disminuyendo y es muy probable que suceda lo mismo que pasó en 2010 con la ola verde: que se diluya a la hora de las urnas.
Pero aun si la tendencia se mantiene gracias a la campaña de movimientos pro-voto en blanco, muchos se decantarán por la abstención o porque les da pereza salir a votar, o porque en el fondo creen que el voto en blanco es inútil, que carece del valor político que le reconoce la ley, que puede ser decisivo y cambiar el tablero político si supera el 50% de la votación válida, pues obliga a repetir las elecciones con candidatos distintos. Hay antecedentes del triunfo del voto en blanco en elecciones locales, pero creo que aun estamos lejos de que una situación así se repita en las presidenciales, pues el poder de las maquinarias y del billete es aún muy fuerte.
Sin embargo, es posible que en los comicios de mayo ese voto protesta marque por encima de los niveles que registró en las dos elecciones anteriores: 1,91% en 2006 y 1,53% en 2010. Sabremos entonces si ese nuevo protagonista de la actual campaña política retrocede a los márgenes donde hasta ahora ha estado o se convierte en el fenómeno que pone en jaque el engranaje del sistema político. Mi pronóstico es que aunque el descontento es mayoritario, y el desprestigio y descrédito de los políticos y los partidos son generalizados, el voto en blanco va a desinflarse. Pero mientras llega la hora de la verdad, unos y otros, incluidos los de la izquierda —también afectados por la crisis de representatividad—, quedan notificados. El voto en blanco es como la tarjeta amarilla en el fútbol: una advertencia.


Luis Carvajal Basto 10 Feb 2014 - 12:01 am

Votos blancos: ¿novedad o estrategia?

Luis Carvajal Basto
Las más recientes encuestas coinciden en un alto porcentaje de votos en blanco e indecisos. ¿Qué significa?
Por: Luis Carvajal Basto

  • Salvo por un pequeño detalle las cifras que muestran las encuestas resultan difíciles de entender: una cosa es la intención de voto, medida a  cuatro meses de la elección, y otra el porcentaje efectivo de votantes. Según la más reciente medición de Datexco, por ejemplo, el 74% de los encuestados tiene intención de votar y, dentro de él, el 30. % votaría en blanco mientras el 14.5% no sabe, aún, por quien. El resultado aparente  “descresta”: sumados, el 45% de “habituales votantes” parece inconforme con la lista de candidatos, mucho más allá de las cifras históricas.
Una simple observación al estudio del DANE sobre cultura política en que el 46.2 % se siente representado por el espectro de fuerzas  que hoy existe, una cifra ligeramente inferior a la de votantes reales habituales, entra en contradicción  con las interpretaciones  de estas encuestas, máxime si se considera la probable integración a la oferta política de lo que hasta ahora ha sido una organización ilegal como las FARC, en pleno, y ojalá exitoso, proceso de Paz. ¿No parece absurdo que con el Uribismo movilizado, escogiendo candidato entre el quemado Zuluaga, Martha Ramírez y Peñalosa y la “izquierda” representada en un sector del Liberalismo, el Polo,  progresistas y la desaparecida UP; más los Verdes etc., la gente quiera votar en blanco como nunca antes?
Pues claro que es absurdo. Más bien, es engañoso e irreal o facturado con el deseo. La verdad es que si bien la participación electoral ha rondado el 50% en los últimos veinte años, con un pico de 59% en 1998 y un piso de 45% en 2006, no hemos tenido ninguna del 74% como pregonan, inocentemente, muchos “interpretes” de  encuestas. De allí surge la explicación al cacareado  e inflado 30% de votantes en blanco.
El voto en blanco también es democrático y por supuesto que vale, pero no cabe hacer cábalas con un cambio tan inesperado como inexplicable de nuestra conducta política, a menos, claro,  que nos encontráramos ante una situación excepcional, como una dictadura repentina, en cuyo caso es difícil pensar que se permitieran o  publicaran elecciones y encuestas.
La pérdida de credibilidad en la política es un factor común en las democracias contemporáneas. En Colombia, transfuguismo,   corrupción y mala política han “ayudado” en  un proceso de des institucionalización. Debemos persistir en regenerar la política pero su desaparición es improbable, salvo por lo que piensan los fanáticos de las dictaduras, que los hay.
La habilidosa maniobra  en la convención conservadora, que resultó en la candidatura de Martha Ramírez; la casi segura candidatura de Peñalosa por los Verdes, como “caballos de Troya”, y la presentación inflada del voto en blanco, pueden ser hechos aislados pero también una estrategia con la pretensión de cambiar el escenario  político, buscando capitalizar los supuestos votantes blancos.
En estas circunstancias el presidente  Santos parece inexplicablemente  conforme con la expectativa de Paz, la exhibición de logros de su gobierno y el efecto que producirá su candidato a vicepresidente para mantener la ventaja que hoy tiene en las encuestas, un camino que le lleva directo a la segunda vuelta. Pero  le llegó la hora de ejercer como  candidato aunque no sea por la “amenaza” del voto en blanco que, por ahora, es infundada.
@herejesyluis
Posdata: Es extraña la tranquilidad de miembros del equipo económico del  gobierno, ante la subida del dólar que encarecerá los productos importados y  generará inflación, en plena campaña.
  • Luis Carvajal Basto | Elespectador.com

                         
                             

                            Verdades detrás del voto en blanco

                            Antes de elegir esta opción hay una serie de precisiones que debería tener en cuenta.

                            Por: REDACCIÓN EL TIEMPO.COM
                            Las elecciones de 2010 de los 14'781.020 votos que se reportaron, solo 223.997 fueron en blanco.
                            Las elecciones de 2010 de los 14'781.020 votos que se reportaron, solo 223.997 fueron en blanco.

                          La discusión sobre cuál sería el papel del voto en blanco en las próximas elecciones y cuáles son los requisitos para que resulte ganador, parece no tener fin. Mientras esta posibilidad cobra cada vez más fuerza, como lo demostró la más reciente encuesta de EL TIEMPO y W Radio, donde quedó en evidencia que el 41.5% de los electores optaría por esa opción en el momento de elegir presidente, las dudas de los sufragantes también parecen haber incrementado.
                          Para solucionarlas, este diario consultó a Yann Basset, director del Observatorio de procesos electorales de la Universidad del Rosario y a Manuel Quinches, constitucionalista y magíster en Derecho. Sus respuestas sobre el tema, más allá del debate entablado entre el exmagistrado Jaime Araújo y la Registraduría Nacional, coincidieron.
                          ¿Mayoría simple o mayoría absoluta?
                          De acuerdo a Basset y Quinches, tanto para las elecciones del Congreso como para presidenciales, para que gane el voto en blanco se necesita una mayoría absoluta y no simple. Es decir: se requiere que del total de votos válidos, el voto en blanco obtenga la mitad más uno; el 50% más uno.
                          En caso de que logre una mayoría simple (menor al 50%) no hay, en verdad, consecuencias jurídicas. Solo, en palabras de Basset, es una clara muestra del descontento electoral ante las propuestas políticas.
                          "Es —dice Quinches— un golpe de opinión muy fuerte que deslegitima al ganador. Es la muestra de un elector desencantado o escéptico de los candidatos".
                          ¿Qué sucedería si gana el voto en blanco?
                          En el caso del Congreso, las elecciones deben repetirse pero solo con las listas de los partidos que hayan alcanzado el umbral que, palabras más, palabras menos, es el número mínimo de votos que necesita ese partido para ser tenido en cuenta a la hora de repartir las curules.
                          "Ese umbral —explica Quinches—, que se fija a partir de los votos válidos, aumentó del 2% al 3% con el Acto Legislativo 01 de 2009. Es decir, que si en las próximas elecciones se obtiene un total de 13 millones de votos válidos, cada partido tiene que tener un mínimo de 390.000 votos. Y eso es mucho, por ejemplo, para el Mira, el Polo Democrático, la Alianza Verde u Opción Ciudadana (antiguo PIN)".
                          Sin embargo, las listas de los partidos que pasen el umbral no necesariamente deben ser renovadas. Es decir, si gana el voto en blanco se pueden presentar los mismos candidatos menos los de los partidos minoritarios.
                          En el caso de las elecciones presidenciales sí debe renovarse toda la lista de aspirantes. Debe haber, sin excepción, nuevos nombres, nuevas propuestas.
                          En caso de haber segunda elección, ¿puede volver a ganar el voto en blanco?
                          Aunque el tema se ha mencionado en algunas ocasiones, esta posibilidad es inexistente. El voto en blanco, dicen los expertos, sí puede volver a participar como alternativa electoral, pero no ganará de nuevo. Eso no está contemplado.
                          ¿Los votos en blanco se cobran?
                          Según Yann Basset, hay dos opciones para votar en blanco: a favor del comité promotor, caso en el cual sí habría reposición, o a favor del voto en blanco únicamente. En esta última opción no habría devolución de dinero.
                          ¿Qué sucede si en las elecciones presidenciales el voto en blanco obtiene el segundo mayor porcentaje de electores?
                          Contrario a lo que algunos han afirmado, si el voto en blanco obtiene el segundo mayor porcentaje de votos y el primer candidato no supera el 50% de electores, la segunda vuelta sería entre ese "ganador" y el tercero con mayor número de sufragantes.
                          "Eso —indica Basset— solo revela que el voto en blanco está elevado y que los políticos deben renovar sus imágenes. Pero hay que aclarar que el voto en blanco no es un candidato".
                          ¿A quién favorece el voto en blanco en las presidenciales?
                          "No favorece a absolutamente a nadie —explica Quinches—. Todos esos mitos que indican que hay un favorecido son falsos. Es, sin embargo, un golpe de opinión muy fuerte en el que se deslegitima al ganador".
                          Bajo estas circunstancias, ¿hay posibilidades de que gane el voto en blanco en Colombia?
                          Para Basset, hay realmente muy pocas probabilidades de que gane el voto en blanco en cualquiera de las dos elecciones. "Solo tiene sentido a nivel local. Ha funcionado, por ejemplo, al elegir alcaldes, cuando hay candidatos únicos. Ahí sí es muy eficiente porque puede haber anomalías. Pero a nivel nacional es bastante difícil que funcione, a menos que haya una situación de crisis política. Además, en otros países de la región no hay antecedentes".
                          Otra de las razones por las es improbable que esta opción sea la vencedora, es porque, como cuenta Manuel Quinches, Colombia es un país abstencionista y el número de votantes reales es bajo.
                          De hecho, si se miran las elecciones de 2010 de los 14'781.020 votos que se reportaron, solo 223.997 fueron en blanco, es decir, el 1,53%. Algo similar sucedió en 2006: de 12'041,737 de sufragios, solo hubo 222.297 en blanco.
                          Sin embargo, ambos expertos coinciden en afirmar que aunque no logre ganar, el voto en blanco sí representa una muestra de inconformidad, de indiferencia ante los candidatos y los partidos. Y eso debería conducir a una renovación.
                          REDACCIÓN EL TIEMPO.COM


                          Don Popo 4 Mar 2014 - 9:31 pm

                          No bote su voto

                          Don Popo
                          “Los políticos son peores que las ratas”.
                          Por: Don Popo

                          • Un sentimiento de repudio, de desprecio, de aborrecimiento, acompaña a una gran mayoría de colombianos en los barrios y los pueblos. Lo sentí en mi recorrido. Cada vez que hablé sobre mi candidato favorito, me miraron a los ojos, juzgándome como si yo fuera el peor criminal o tuviese una peste bubónica:
                          – ¿¡Estas en política!?
                          Aun así, sin vergüenza me atrevía a preguntar:
                          — ¿y vas a votar?
                          — ¡No les voy a dar mi voto a esos (*)&%$^% de siempre, yo voy a votar en blanco!
                          El próximo 9 de marzo son las elecciones al Congreso de la República. Y es el voto en blanco el candidato que puntea todas las encuestas. Pero ¿es este una verdadera opción?
                          El voto en blanco representa esa manifestación política de desacuerdo, inconformidad, rechazo a los candidatos y los partidos electorales. Es válido. Incluso hay grupos promotores que, al lado del voto blanco general, lo promueven tal cual fuere un candidato más (hacen inscripción, recogen firmas, y tienen reposición de gastos de campaña). Pero ¿qué pasa si el voto en blanco gana? ¿Quién gobernaría?
                          Nadie, prácticamente no pasa nada. Si el voto en blanco gana en estas elecciones al Congreso, y tendría que hacerlo con la mayoría absoluta del 50% más 1, según el artículo 9 del Acto Legislativo 01 de 2009, deberá repetirse por una sola vez la votación y no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral. O sea:
                          El voto en blanco sabotea su propia misión. Parafraseando al senador Robledo, este solo compite con el voto de opinión, con los honestos, ya que los partidos de la maquinaria tienen su voto amarrado, de clientela. Si el voto en blanco gana, se aumenta el umbral para una segunda vuelta, por lo cual los partidos pequeños y los candidatos de opinión desaparecen. Se repiten las elecciones, pero solo con los partidos grandes, quedando los mismos patos de siempre en el Congreso.
                          Estas son unas elecciones atípicas y temerarias. Hay mucho más en juego de lo que nuestra mente del común alcanza. Por eso nuestra responsabilidad es mayor.
                          León Valencia en su columna de la revista Semana reveló que: “La Corte Suprema de Justicia condenó a 61 parlamentarios y les abrió investigaciones a 67 más (...) Que 131 candidatos en estas elecciones 2014 son herederos de la parapolítica”. Además ¿Qué carajos hace Álvaro Uribe, después de promover la guerra en dos periodos presidenciales, aspirando ahora al Congreso?
                          Hasta se podría pensar que las mafias de partidos institucionales promueven el voto en blanco para eliminar la competencia. Que Uribe, ya teniendo infiltrado el Ejecutivo, ensillado la Procuraduría, amedrantada la justicia, quiere marionetas de juristas para frenar la paz. Esta forma de expresión solo les conviene a los de siempre.
                          Con el voto en blanco no estás actuando, solo estas opinando. La posición hipócrita del que dice: “te lo dije”. Un acto insípido. Como aquel que dona un dólar para salvar África, un pajazo a su conciencia para evitar asumir responsabilidad. Así no lo creas eres cómplice y culpable por omisión de acción.
                          No seas gallina, el país te necesita. No botes tu voto. ¡Decide!

                          Juan Gabriel Vásquez 6 Mar 2014 - 9:32 pm

                          ¿A quién sirve el voto en blanco?

                          Juan Gabriel Vásquez
                          No logro explicarme por qué genera tanto entusiasmo el voto en blanco.
                          Por: Juan Gabriel Vásquez

                          • Gente inteligente dice que votará en blanco; también lo dice gente que me parece honesta. Y yo no logro explicármelo.
                          El voto en blanco no mira más allá de las elecciones: quien vota en blanco considera que ganará una victoria política si los votos en blanco obtienen un determinado porcentaje, pero no se para a pensar en una simpleza: que el voto en blanco no puede salir elegido.
                          En otras palabras, alguien saldrá elegido siempre: alguien ocupará esas posiciones de poder que uno desearía ver ocupadas por la gente adecuada. Votar en blanco es liberar esas posiciones para que las ocupen los indeseables; es, simplemente, ponerlas en manos de quienes nunca votan en blanco. ¿Y quiénes son éstos? Los indeseables. No votan en blanco los que tienen su voto amarrado, los que lo venden o lo arriendan, los que votan intimidados por cualquiera de las mil violencias de este país desmadrado, los clientelistas por pasiva, los que consiguen votos a cambio de favores políticos ilegales (como los grupos cristianos que reclutan fieles a cambio de legislaciones misóginas u homófobas). Los actores beneficiarios de las maquinarias electorales colombianas: ellos son los que nunca dejan de votar, los que nunca dejarán de poner a su gente en el Congreso. Permitir que eso suceda, ¿es de verdad sentar una voz de protesta, forzar la reforma del sistema o cualquiera de esas grandilocuencias? No lo creo.
                          El voto en blanco es también (a veces es solamente) un acto de pereza política. Nos gusta llenarnos la boca hablando contra abstracciones: “la política”, “los políticos”, “el Congreso”. Otros hablarán de “la oligarquía”, sin caer en la cuenta, o fingiendo no caer en la cuenta, de que la corrupción y la venalidad y la pequeñez moral son de lo más democrático que hay. Sea como sea, yo creo que la lista de candidatos del domingo incluye a cierta gente valiosa. Es verdad: hay que buscarlos. Esto no es fácil en nuestra cultura del eslogan, de la frase vacía pero sonora, del efectismo barato. (“Mano firme, corazón grande” es una tontería dirigida a preescolares. Pero vaya uno y pregunte qué quiere realmente hacer el uribismo en el Congreso). Esto no es fácil, tampoco, en una política de partidos que no quieren decir nada y no responden a nada: ¿cuántos liberales hay en el Partido Liberal que sean dignos de ese nombre? Uno de los pocos liberales genuinos del país es Rodolfo Arango, que está en la lista del Polo: a pocos pasos de ortodoxos que tienen tanto respeto por la libertad como el Centro Democrático. Navarro Wolff, un tipo tan sensato que escogió no ser candidato a la Presidencia (supo que en los próximos cuatro años se harán cosas más importantes como senador que como presidente), comparte partido con algunos de los chaqueteros y oportunistas más notorios del paisaje.
                          Así que repito: no es verdad que no haya gente valiosa. Son pocos, pero existen; y como son pocos, y como los más valiosos cuentan siempre con menos maquinarias porque están dispuestos a hacer menos favores, suelen hundirse en la hojarasca del escándalo comprado, de los fanatismos de tonos chillones. Pero uno los puede poner en sitios donde logren hacer cosas. Y no será votando en blanco: así sólo pondremos a los otros.

                          El voto en blanco, un haraquiri perfecto

                          8:05 p.m. | 08 de Marzo del 2014

                          Daniel Samper Pizano

                          La maquinaria política logra que el voto en blanco termine aliado con los que rechaza y perjudique a los opositores al sistema.
                          En las elecciones de hoy se presentan dos maneras de apoyar a los grandes partidos, que son los mayores responsables de la corrupción, el clientelismo, la inseguridad y el aumento del abismo entre ricos y pobres.
                          Una manera es votar por ellos. La otra, votar en blanco.
                          No quiero generalizar. Es posible encontrar buenos elementos en las listas de los grupos tradicionales. Pero allí mismo anidan muchos incapaces, indelicados, sectarios, retrógrados de oscuro pasado, titiriteros de la política... Resulta clave, pues, separar la paja del heno. Votando por nombres que ofrezcan garantías en los partidos del sistema se consigue por lo menos una selección decorosa, aunque después, con el Congreso en funciones, los elegidos votarán con su bancada o cometerán pecados colectivos movidos por la fidelidad partidista.
                          La otra manera de apoyar a los principales causantes de nuestros problemas es votar en blanco. El voto en blanco parece atractivo y rebelde, pero sus resultados son lo contrario de lo que ofrece. Gente de buenas intenciones está invitando a esgrimir el voto en blanco dizque como repudio a la clase política. Los ciudadanos ingenuos les creen, convencidos de que golpearán a los políticos de siempre, pero lo que logran es reforzarlos y atentar contra múltiples grupos alternativos cuyas posibilidades de representación parlamentaria disminuyen con cada voto en blanco depositado.
                          ¿Por qué? Porque, hábilmente, los diseñadores de la mecánica electoral dispusieron que los votos blancos se añadieran a la suma que fija el umbral de acceso al Congreso. Esto es, la cifra por debajo de la cual queda eliminado todo partido minoritario. La jugada es ejemplo maestro de la maquinaria politiquera, pues, al añadir las papeletas blancas al retén de sufragios, los indignados que votaron con esas papeletas acaban conspirando contra quienes comparten su indignación y sirviendo a los que querían descalificar. El haraquiri perfecto, el suicidio romántico.
                          ¿Cuál es, entonces, la receta? Primero, entender que es mejor estar presente en el Congreso a través de alguien de su simpatía, que ausente y lamentándose. Segundo, abstenerse de votar en blanco. Tercero, no respaldar a los familiares de políticos corruptos que aspiran a una curul. No es que yo crea que, necesariamente, pariente de tigre sale pintado: debe de haber tipos excelentes nacidos de progenitores torcidos. Pero cuantos se han lanzado manifiestan que aspiran a reivindicar el nombre de su padre, madre, esposa o hermano presos, y al Capitolio solo deben asistir los que quieran reivindicar al país o a grandes sectores sociales nacionales. Para combatir supuestas infamias personales o lavar el nombre de un familiar detenido están los juzgados.
                          En cuarto lugar, conviene entender que sí hay candidatos de renovación, honrados, activos, limpios y opuestos a la politiquería, que merecen ir al Congreso. No son 200, ni 100, ni 70. Pero, seguramente, hay 40 o 50 por los que vale la pena mojar la cédula. Enseguida publico una lista incompleta de nombres de diversos grupos que, en mi humilde opinión, podrían hacer un buen papel en la legislatura que hoy se elige. En orden alfabético, para el Senado: Wendy Arenas, Iván Cepeda, Ken Francis (ha sido el mejor vocero de las islas desde hace años y sería el primer senador por San Andrés), Carlos Fernando Galán, Juan Mario Laserna, Alexánder López, Vivianne Morales, Antonio Navarro Wolff, Jorge Iván Ospina, Judith Pinedo (María Mulata), Guillermo Rivera, Jorge Enrique Robledo, Horacio Serpa, Luis F. Velasco, Douglas Velásquez, Danilo Villafañe...
                          Cámara: Jaime Caycedo, Ivonne González, Rodrigo Lara, Angélica Lozano, Germán Navas Talero, Carmen Palencia, Ángela María Robledo, Clara Rojas…
                          ESQUIRLA. Yo votaré por dos congresistas del Polo Democrático que han sido valientes, vigilantes, transparentes y socialmente solidarios: el senador Jorge Enrique Robledo y el representante Germán Navas Talero.
                          Daniel Samper Pizano
                          cambalachetiempo@gmail.com

                          AÑOS CALUROSOS

                          El 2013 fue el sexto año más caluroso desde mediados del siglo XIX

                          Por: EFE
                          - bogotá | 07:13 am
                          calentamiento

                          Así lo anunció este miércoles la Organización Meteorológica Mundial.

                          El año 2013 fue, junto con 2007, el sexto año más caluroso desde mediados del siglo XIX, cuando empezó el registro moderno de temperaturas, anunció este miércoles la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que consideró que este dato es una confirmación más del cambio climático.
                          "La temperatura mundial del año 2013 es congruente con la tendencia al calentamiento a largo plazo", dijo el máximo responsable de la OMM, Michel Jarraud.
                          Tanto en 2013 como en 2007, las temperaturas de la superficie del océano y de la tierra fueron superiores en 0,50 grados centígrados respecto a la media de 1961 a 1990, y 0,03 grados centígrados más altas que la media del decenio más reciente (2001-2010).
                          Dejando sin argumentos a los que todavía rebaten el fenómeno del cambio climático, la OMM precisó que trece de los catorce años más cálidos de los que se tienen datos se han registrado en el siglo XXI.
                          Los más calientes de todos fueron 2005 y 2010, con temperaturas mundiales superiores en 0,55 grados centígrados a la media a largo plazo. Les sigue el año 1998, durante el cual además se produjo un episodio del fenómeno de El Niño excepcionalmente intenso, según la OMM.
                          En relación con ese fenómeno, 2013 fue uno los cuatro años con mayores temperaturas en condiciones neutras, es decir, sin episodios de El Niño ni de La Niña, responsables del calentamiento y enfriamiento de extensas zonas del mar, respectivamente.
                          "El ritmo de calentamiento no es uniforme, pero es innegable. Dado el volumen sin precedentes de gases de efecto invernadero en la atmósfera, las generaciones venideras vivirán en un mundo en el que las temperaturas mundiales continuarán aumentando", vaticinó Jarraud.
                          Añadió que "nuestra acción o inacción para reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros gases que retienen el calor determinará el estado en que nuestros hijos, nietos o biznietos encontrarán el planeta".
                          La OMM dio a conocer estos datos como adelanto de la versión completa de su declaración sobre el estado del clima de 2013, que se publicará en marzo de 2014 con detalles sobre precipitaciones, inundaciones, sequías, ciclones tropicales, la cobertura de hielo y el nivel del mar a escala regional.
                          Actualmente, los científicos del organismo recopilan información entre sus 191 países miembros sobre las tendencias y los fenómenos extremos a escala nacional que tuvieron lugar el año pasado.
                          A diferencia de lo ocurrido en 2012, en el que se observaron temperaturas máximas anuales sin precedentes sobre todo en Estados Unidos, en 2013 las temperaturas altas más extremas se registraron en Australia, que vivió el año más caluroso del que se tenga registro.
                          EFE
                           

                          CHUZADAS ANDROMEDA

                          'Chuzadas', la historia sin fin

                          Por: |
                          7:12 p.m. | 04 de Febrero del 2014

                          Laura Gil


                          Las ‘chuzadas’ reveladas por la revista Semana ponen en evidencia más de una ironía. Sergio Jaramillo, alto comisionado de Paz, terminó espiado por la misma inteligencia militar que él se abocó a reformar.
                          A comienzos del gobierno, Jaramillo le dio una impronta de liderazgo a la modernización de los servicios de inteligencia. Cuando asumió la responsabilidad de la negociación, el proceso quedó huérfano y sus funciones fueron enterradas en la Alta Consejería para la Seguridad y la Convivencia.
                          Solo la Policía aprovechó el escándalo del DAS para reforzar los controles internos de su servicio de inteligencia, ajustando sus procedimientos de protección de datos a los protocolos de Europol. Las unidades de cada una de las fuerzas militares, así como la del Comando General, pasaron de agache y la estrategia consistió en tapar, tapar y tapar.
                          La Oficina del Ato Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos señaló los peligros de una inteligencia a la deriva. Pero el Gobierno pareció tan sordo a las recomendaciones como su predecesor.
                          La Ley de Inteligencia y la creación de la Dirección Nacional de Inteligencia, en reemplazo del DAS, constituyeron avances. Pero –sentenció la ONU, en su informe para el 2012– las nuevas normas “no serán por sí solas suficientes para poner fin a la utilización del sector de inteligencia para la persecución de intereses ilegítimos”.
                          Al Gobierno le tocaba amarrarse los pantalones para exigir más rendición de cuentas. No lo hizo y hoy resulta víctima de sus omisiones.
                          La disolución del DAS tuvo lugar de espaldas a la opinión. No en vano la ONU exhortó al Gobierno “a dar una explicación pública exhaustiva de por qué y de qué manera se cerró el DAS”. Esta cuenta está pendiente y hay mucho para explicar. Solo algunos de los expedientes de las oficinas oficiales del DAS reposan en el Archivo Nacional. ¿Quién da cuenta de los demás?
                          Peor aún, se ignora el paradero de la información digital e impresa de las oficinas clandestinas del DAS. Ni siquiera se nos ha informado cuántas de ellas existían, dónde operaban y quiénes lo hacían. Tampoco nos han dicho si las autoridades conocen el destino de los equipos utilizados. Por lo poco que sabemos, la sede de Andrómeda bien podría haber sido reciclada.
                          El Gobierno no parece interesado en dar cumplimiento a la obligación legal de depuración que impuso la Ley de Inteligencia. Casi un año después de entrada en vigor la Ley de Inteligencia, la Comisión Asesora para la Depuración de Datos y Archivos de Inteligencia y Contrainteligencia no existe todavía.
                          Es más, el Gobierno no muestra interés en ningún tipo de depuración. Más de 5.000 funcionarios del DAS fueron destinados de manera automática a otras entidades gubernamentales sin pasar por filtro alguno. Hoy, miles de ellos investigan delitos en la Fiscalía y prestan servicios de protección.
                          La Comisión Legal de Seguimiento de las Actividades de Inteligencia y Contrainteligencia, también creada por la Ley, tampoco ha sido convocada. Aun con sus débiles facultades, algún tipo de supervisión podría imponer sobre un espacio de acción caracterizado por la reserva.
                          Para colmo de males, la Fiscalía dejó expirar los términos para las investigaciones por las interceptaciones ilícitas del DAS y, el pasado octubre, la Corte Suprema de Justicia cerró la investigación contra el exdirector del DAS Jorge Noguera por este cargo.
                          Nada bueno podía salir de estas cenizas. Las ruedas sueltas de los militares que ahora enfilan contra el Gobierno solo recibieron mensajes de tranquilidad. La estrategia del apaciguamiento se agotó y le llegó el momento al Gobierno de acabar lo que parece una historia sin fin.
                          Laura Gil