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domingo, 16 de febrero de 2014

ALIANZA DEL PACIFICO 2014

Experimento en Latinoamérica

La Alianza del Pacífico puede cambiar el mapa económico en la región

En Venezuela están matando estudiantes y el Gobierno cierra un canal de televisión que se atrevió a transmitir las protestas callejeras. Argentina sigue su desenfrenada carrera hacia el precipicio económico. Los presidentes de toda América Latina se reunieron en una cumbre democrática… en La Habana. La economía brasileña entró en recesión y 2014 será su cuarto año seguido de anémico crecimiento económico. Últimamente, los brasileños salen a las calles no a bailar, sino a protestar. En 2013 Brasil sufrió la mayor fuga de capitales en más de una década.

¿Es fin de fiesta en América Latina? No.
Mientras las malas noticias que nos llegan de esa región proliferan, esta semana cuatro presidentes latinoamericanos se reunieron en Cartagena (Colombia) para concretar un pacto económico. Lo llaman Alianza del Pacífico y lo integran México, Colombia, Perú y Chile. Es tentador ignorar la noticia y pasar la página. ¿Qué puede ser más aburrido que una cumbre de jefes de Estado? ¿Y quién es el ingenuo que va a creer las promesas de unos presidentes que tratan de mostrar que su reunión fue importante cuando, en realidad, lo normal es que esos eventos solo benefician a las empresas de banquetes? Es, por lo tanto, muy lógico que pocos se hayan enterado de que exista esta Alianza del Pacífico o que, quienes la conozcan, la ignoren.
Pero esta vez puede que sea un error no tomar en serio este intento de integrar las cuatro economías más exitosas de Latinoamérica. Son los países de mayor crecimiento económico y menor inflación de la región. En conjunto, representan el 36% de la economía de América Latina, el 50% de todo su comercio internacional y el 41% de toda la inversión extranjera. Si esta Alianza fuese un país, sería la octava economía más grande del mundo y la séptima potencia exportadora. Sus cuatro integrantes lideran las listas de las economías más competitivas de América Latina. Dado que el comercio entre estos cuatro países es tan solo el 4 % de su comercio total, el potencial para que crezca mucho y rápido es enorme.
En esto, la Alianza del Pacífico no tiene nada de nuevo: América Latina tiene una larga historia de proyectos de integración económica animados por un gran potencial pero que, en la práctica, han fracasado. Mercosur, es un buen ejemplo. Cuando, en 1991, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay anunciaron la unión de sus economías hubo un gran entusiasmo. El potencial de integrar a dos gigantes como Brasil y Argentina era obvio. Lamentablemente, los resultados han sido muy pobres. Después de más de una década, el comercio entre los miembros de Mercosur es un magro 15% de su comercio total (mientras que con Europa es el 20% y con China, el 14%).
La Alianza del Pacífico no fue bien recibida por los líderes de Mercosur y otros bloques regionales. El boliviano Evo Morales, por ejemplo, afirmó que la Alianza era una conspiración urdida en Washington para dividir a la región. Rafael Correa, el presidente de Ecuador, la describió despreciativamente como “más neoliberalismo, más libre comercio”. En Brasil, Lula da Silva, declaró que la Alianza era un intento de revivir el aborrecido Consenso de Washington, mientras que el entonces ministro de Exteriores de Brasil, Antonio Patriota, dijo que la Alianza del Pacífico es “solo marketing, un nuevo empaque para un viejo producto”. Marco Aurelio García, el principal asesor internacional de Dilma Rousseff, calificó la iniciativa de “irrelevante”.
¿Qué responden los cuatro presidentes de la Alianza? “No estamos contra nadie. Esta es una alianza económica y no una iniciativa política”. Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, ha dicho: “Tenemos una visión común del manejo de nuestras economías, actitudes comunes hacia la inversión extranjera y respeto por la propiedad privada”.
Pero quizás la respuesta más contundente han sido las decisiones de los cuatro países. Ya han eliminado aranceles al 92% de los productos, así como la necesidad de visados para quienes viajan entre sus países promoviendo comercio e inversiones. Han sentado las bases para la integración de sus bolsas de valores, y en varios países una sede diplomática común representa a las cuatro naciones de la Alianza.
La lista de las razones por las cuales la Alianza del Pacífico tampoco va a llegar a nada es fácil de hacer. Pero la lista de los incentivos que tienen estos países para lograr que tenga éxito es igualmente larga. Y esto cambiaría el mapa económico de América Latina.

MANERAS DE LA IZQUIERDA

Armando Montenegro 15 Feb 2014 - 11:23 pm

Maneras de la izquierda

Armando Montenegro
Hay dos tipos de gobiernos de izquierda en América Latina. Por un lado, los de Chile, Uruguay y, tal vez, Brasil. Por el otro, los de Venezuela, Argentina, Ecuador y Nicaragua.
Por: Armando Montenegro
  • Los primeros se caracterizan por su respeto a la ley, la libertad de prensa y la separación de poderes. Cuentan con burocracias y equipos relativamente competentes que les permiten un manejo ordenado y eficaz de sus políticas (aunque esto es bastante menos acentuado en Brasil). Uruguay se ha convertido en un ejemplo mundial de reformas en materia de igualdad y respeto a los derechos individuales y el manejo de las drogas. Y Chile, con una propuesta seria y articulada, se apresta a realizar una ambiciosa reforma educativa como un instrumento fundamental para la reducción de la desigualdad.
Los segundos, con lenguaje y prácticas populistas, mantienen las formas externas de la democracia con elecciones periódicas, pero desde el Ejecutivo socavan la separación de poderes, someten el Congreso y el poder judicial y atacan la libertad de prensa y opinión. Sus equipos de gobierno son incompetentes y su manejo económico es torpe (una excepción es el gobierno de Rafael Correa, disciplinado por las reglas de la dolarización, que ha realizado un destacado proyecto de construcción de infraestructura).
Una diferencia fundamental entre estos dos modelos consiste en que Uruguay, Chile y Brasil plantean proyectos colectivos que tratan de incluir a todos sus grupos y clases sociales. Las medidas redistributivas necesarias —como los impuestos a los más ricos o los programas a favor de los pobres— se realizan en el contexto de la construcción de una nación más justa y equilibrada, a la manera de algunos países socialdemócratas europeos. En cambio, en Venezuela o Argentina, como elemento esencial de su práctica política, los gobiernos dividen la sociedad entre amigos y enemigos, revolucionarios y traidores. Atizan los resentimientos y temores de los más débiles, desprecian al individuo, lo masifican y lo vinculan a una movilización permanente que se canaliza tumultuosamente hacia los referendos, elecciones y reelecciones.
Dado que en el primer grupo de países la justicia es independiente y se respeta la libertad de prensa, la corrupción es escasa. En cambio, en Venezuela y Argentina, con la justicia de bolsillo y la prensa libre marginada, ha crecido un grupo de millonarios cercanos a los gobernantes (los boliburgueses en Venezuela) que gozan de las gabelas cambiarias, los favores y los contratos privilegiados.
La caricatura completa es el gobierno de Nicaragua, una especie de lumpen de la izquierda, una dictadura indefinida, como las de los patriarcas de las novelas. La corrupción, los favoritismos, la injerencia de la consorte, la desmesura de los abusos nos hacen pensar que muchos revolucionarios murieron para que nada cambiara. Ortega y los Somoza ya pertenecen a la misma fauna política de la región.
Dado que muy seguramente Colombia tendrá gobiernos de izquierda en los próximos años (¿en 2018?), desde ya vale la pena pensar si ellos van a seguir los lineamientos serios y aglutinadores de Chile y Uruguay, o la forma populista, divisiva y corrupta de la pelotera de Maduro, los Kirchner y Ortega. Un examen de lo que hacen y dicen los principales líderes de hoy nos podría dar luces sobre la forma que tendrían sus gobiernos futuros.

DESPIERTA COLOMBIA

Mauricio Botero Caicedo 15 Feb 2014 - 11:23 pm

Despierta Colombia, ¡despierta!

Mauricio Botero Caicedo
Los colombianos en general, y el Gobierno en particular (en buena parte debido a las próximas elecciones, pero también por razones de índole secundario como la tormenta en un vaso de agua de las ‘chuzadas’; y la saga de Petro, una especie de rémora que con base en artimañas rehúsa desprenderse de su puesto) no se están dando cuenta de que Venezuela está implosionando.
Por: Mauricio Botero Caicedo
  • Con 25.000 muertes violentas en 2013, y 46 secuestros diarios, Venezuela es posiblemente el país más violento del planeta. Y esta próxima implosión puede traer consecuencias nefastas para Colombia. Desde el punto de vista social y económico, va a afectar de forma drástica el comercio binacional, disparando el contrabando; y a los cientos de miles de familias que derivan su sustento de las remesas de sus allegados radicados en Venezuela. Desde el punto de vista geopolítico, los gobiernos de ese país han tenido la mala costumbre de crear artificialmente conflictos fronterizos para disfrazar los problemas internos.
¿Y por qué Venezuela está implosionando? Porque la herencia de Chávez fue funesta: inflación, desabastecimiento, desinversión, censura, corrupción, inseguridad, narcotráfico y violencia criminal. E inexplicablemente Maduro, Cabello y Ramírez, en vez de apagar el incendio, le siguen echando gasolina.
El analista venezolano Luis Vicente Malagón afirma: “El gobierno evade la toma de medidas económicas serias como la devaluación y la revisión de los precios controlados y congelados”. Anclados en una tasa de cambio ficticia, el gobierno venezolano teme que de sincerarse la tasa de cambio, el PIB caería de manera estrepitosa. El caso de las arepas y de los carros es ilustrativo: las principales fábricas, como es el Grupo Polar y la Toyota, han tenido que disminuir o paralizar sus operaciones dado el desabastecimiento de materias primas. El gobierno, en vez de ir al fondo del problema, sólo se le ocurre fustigar a los ejecutivos de dichas firmas amenazándolos con ejemplares castigos, incluyendo la nacionalización de las empresas. Maduro es firme creyente de que la economía funciona por ‘decreto’ y la inflación se ataca a punta de ‘bolillo’.
En el artículo “¿Entró Venezuela en ‘periodo especial’?”, el periodista Óscar Marcano (El Espectador, feb. 8/14) afirma: “Nunca como hoy había Venezuela dependido de las importaciones para comer. De los US$98.000 millones de renta petrolera anual, el país gasta US$58.000 millones importando y otra parte sustantiva la destina a pagar deuda externa. El año pasado el país rompió un récord al alcanzar el gasto público el 51% del Producto Interno Bruto. Venezuela padece un índice de inflación del 56,1% (el más alto del mundo) y una escasez que ya ronda el 30% y sigue su rutilante ascenso, mientras hace ya tiempo el ciudadano de a pie perdió de vista los llamados productos regulados, los cuales no se encuentran ni en los propios establecimientos oficiales. Las inmensas filas para adquirir alimentos, cosa que jamás se vio, ya comienzan a generar disturbios callejeros. Por lo pronto, es un país donde la producción está virtualmente paralizada y reina la sensación de colapso y escasean el pan, la leche, el papel toilette y otros productos en lista creciente...”
Después de violentas manifestaciones esta semana, que dejaron tres muertos y 70 heridos, al gobierno venezolano sólo se le ocurre invitar a manifestaciones contra el ‘fascismo’. Maduro no se da cuenta de que el hambre acecha; y que para hacer pan y arepas no se requieren amenazas e insultos, sino harina y maíz

QUIEN ES EL FASCISTA

Héctor Abad Faciolince 15 Feb 2014 - 11:15 pm

¿Quién es el fascista?

Héctor Abad Faciolince
Imaginemos que aquí gobernara Álvaro Uribe desde hace 15 años y que hubiera unas marchas estudiantiles que protestan contra los atracos en las calles y por lo escasos que están los productos básicos de la canasta familiar.
Por: Héctor Abad Faciolince
  • Imaginemos que esas marchas terminan con muertos y con más de cien estudiantes presos. Imaginemos que todos los canales colombianos tuvieran prohibido transmitir esas marchas en directo y que solamente lo hiciera Telesur, a través del cable. Imaginemos que Uribe decide sacar del aire a Telesur ese mismo día y prohibirlo por decreto gubernamental. Imaginemos que Telesur sigue transmitiendo por la red, pero que también esa señal es bloqueada por el Gobierno.
Imaginemos que Gustavo Petro fuera ya exalcalde y hubiera acompañado las marchas de los estudiantes. Imaginemos que Petro pronunciara un discurso enardecido denunciando el gobierno inepto y corrupto de Uribe. Imaginemos que Uribe, en un discurso aún más enfurecido, culpara a Petro de haber provocado los muertos y dijera en tono de capataz: “¡El comunista debe ir preso!”, y ordenara su captura en todo el territorio nacional, en puertos, puestos de frontera y aeropuertos. Imaginemos que en la orden de captura contra Petro se le imputaran los siguientes delitos: “asociación para delinquir, instigación a delinquir, intimidación pública, incendio a edificio público, daños a la propiedad pública, lesiones graves, homicidio y terrorismo”.
Imaginemos también que hubiera una parte de prensa crítica con el accionar del gobierno Uribe y que éste, enfurecido con ella, exclamara: “¡A los periódicos les va a llegar su hora!”. Imaginemos que a esos periódicos se les impidiera importar el papel donde se imprimen y que sus ediciones fueran cada vez más cortas y esmirriadas. Imaginemos que una docena de periódicos regionales hubieran tenido que cerrar y que sus redactores hubieran perdido el puesto. Imaginemos que hubiera videos donde se ve disparar a la policía contra los estudiantes, y heridos en hospitales que denuncian que en las marchas fueron agredidos por grupos infiltrados del gobierno. ¿Alguien dudaría de que, en un caso hipotético como este, Uribe se estaría portando como un fascista?
Ahora cambien, en los párrafos de arriba, la palabra “comunista” por la palabra “fascista”, quiten Telesur y pongan NTN24, cambien el nombre de Gustavo Petro y sustitúyanlo por Leopoldo López, y en vez del hipotético presidente Uribe pongan en su lugar al real presidente Maduro. ¿Por el hecho de que este se declare chavista y socialista y bolivariano, dejan sus acciones de ser evidentemente fascistas? La palabra fascista viene de “fascio”, en italiano, que designa a un haz de espigas. Lo típico de los fascistas era atacar en gavilla, con uniformes negros, contra cualquiera que se opusiera al gobierno de Mussolini. ¿Por el hecho de que los uniformes sean rojos, son menos fascistas que los negros?
Lo típico del fascismo es ser al mismo tiempo revolucionario y reaccionario. Nacionalista, anticapitalista y populista. Le gusta dividir a la sociedad entre amigos y enemigos, en buenos y malos, en fieles y traidores, valerosos y escuálidos. Característico es también que el fascismo apruebe un sistema electoral mayoritario, en el que basta una pequeña mayoría en la votación para obtener una gran mayoría en el parlamento. Típico es también que busquen el poder tirando piedra y al llegar al poder quieran prohibir o matar a los tirapiedras. Actúan como fascistas y acusan a sus contrincantes de ser fascistas. Protestar es legítimo, menos en la fascista Venezuela.
Para informar allá, doblegadas la prensa y la televisión, quedan todavía las redes sociales, las únicas que hoy están contando y mostrando de verdad lo que pasa. ¿Hasta cuándo estos fascistas que se dicen de izquierda las van a soportar? Cuando a la escasez de leche, pan y arepas se agregue la escasez de información, Venezuela será un país fascista consumado. Parece que les falta poco para llegar allá.

ESCOGIENDO CANDIDATO

Ramiro Bejarano Guzmán 15 Feb 2014 - 11:07 pm
Notas de Buhardilla

Escogiendo candidato

Ramiro Bejarano Guzmán
La gente está desanimada para votar en las próximas elecciones parlamentarias. Tan grande es el desencanto que ya es lugar común oír que no hay por quién votar.
Por: Ramiro Bejarano Guzmán
  • Recomendar votar por algún candidato a congresista puede ser una actividad peligrosa, porque con ese cuento de que la política es dinámica, se corre el riesgo de que el recomendado termine en un partido diferente de aquel en el que militaba cuando fue elegido, o quién sabe qué otra barbaridad pueda ocurrir.
Votar por alguien o no hacerlo es una decisión tan subjetiva que en algunas ocasiones se adopta por simples simpatías o antipatías, o por el color del partido. A la hora de sufragar muy pocos se preguntan cuál ha sido el recorrido de su candidato, en especial si es para reelegirlo. Un buen ejercicio para aproximarse a un nombre es preguntarle al aspirante cómo votó los siguientes proyectos:
• la reforma a la salud.
• la ley estatutaria de la salud.
• la ley ordinaria de la salud.
• el TLC con los Estados Unidos.
• el incidente fiscal que afecta la tutela.
• la ley que criminaliza la protesta.
• la reforma tributaria que rebajó impuestos al gran capital y gravó inmisericordemente a la clase media.
• la ley que aprobó la Alianza Pacífico.
• la ley de inteligencia que permite espiar conversaciones sin orden judicial e impide el acceso a los documentos por 30 años prorrogables por otros 15.
• la tramposa reforma a la justicia.
• el acto legislativo del fuero penal militar.
• la defensa jurídica de los militares.
• la ley de la infraestructura.
• la ley que ordenó expedir pasaportes diplomáticos a los congresistas.
• el arancel judicial que encareció el acceso a la justicia.
• la ley de acceso ciudadano a los documentos públicos.
• El marco jurídico para la paz.
Y en materia de nombramientos en los que haya intervenido el candidato, también sirve establecer si el candidato participó afirmativamente en las siguientes designaciones:
• para elegir al procurador Alejandro Ordóñez Maldonado.
• para reelegir al procurador después de cuatro años de su tenebrosa gestión.
• por Sandra Morelli Rico para contralora general de la República.
• por Jorge Armando Otálora para defensor del pueblo.
• Para elegir a Simón Gaviria jefe del liberalismo y a Roy Barreras presidente del Senado.
Un parlamentario que haya aprobado con su voto uno cualquiera de los proyectos o nombramientos anteriores, debería tener problemas con su electorado. Tampoco deberían ser elegidos quienes no votaron por el proyecto de ley que sanciona a los conductores borrachos, o quienes fueron invitados y asistieron al arribista matrimonio de la hija del procurador. Hay varios que clasifican en todas las categorías.
Adenda No. 1. Insisto en que la única solución para erradicar el mal que ya hizo metástasis en las altas cortes, es provocar la revocatoria de todos los actuales magistrados, para que puedan reintegrarse estas corporaciones con nuevos personajes que estén a salvo de la clientela y de las canonjías en Procuraduría, Contraloría, Defensoría, Fiscalía y en otros sectores públicos. Así se hizo cuando, después de la caída de Rojas Pinilla, el país tuvo que cambiar completamente las cortes que el dictador había integrado a su antojo y que se pusieron al servicio de la dictadura. A quienes por ingenuidad o interés creen que la situación actual de las Cortes no es igual a las terribles épocas de “Gurropín” y sus áulicos —algunos de los cuales subsisten y andan medrando en los círculos de poder— hay que decirles que lo de ahora es peor. La camarilla judicial que se apoderó de las Cortes da miedo. No hay mecanismos ordinarios para superar tan grave crisis institucional, todos han fracasado. Se equivoca el Gobierno si cree que podrá sacar adelante una reforma a la justicia de la mano del poderoso círculo de unas cortes que ya no les preocupa la justicia sino el bienestar personal de la odiosa membresía.
Adenda No. 2. Mientras Ordóñez destituye a Petro dizque por expedir un decreto ilegal de basuras, la justicia contencioso administrativa sentenció que el decreto sí está ajustado a la ley. Si eso no es persecución, entonces ¿qué será?

notasdebuhardilla@hotmail.com