Protestas, represión, censura, muerte, hambre y desesperación. Todas son palabras que definen lo que está pasando actualmente en Venezuela.
Por: Luis Carlos Vélez
Los relatos de la prensa internacional, que son corroborados por algunos videos y fotografías en la red, muestran cómo un grupo de pistoleros vestidos de negro, montados en camionetas y hablando jerga militar disparó sin piedad contra los manifestantes.
El escenario se hizo más caótico ante la incertidumbre que genera la desinformación. Mientras los canales locales, en su mayoría manejados por el propio gobierno, mostraban series, como si nada estuviera pasando, las redes sociales se inundaban de registros que ponían en evidencia la represión.
Luego, cuando hubo información sobre lo ocurrido, llegó únicamente en la voz del oficialismo.
También hubo censura. Únicamente dos canales de televisión transmitían lo que ocurría en tiempo real. Uno, Telesur, y el otro, NTN24. Obviamente, Telesur, cuyos fondos provienen en gran parte del gobierno venezolano, se mantuvo en la misma línea oficial y permaneció prendido todo el tiempo. Pero NTN24, que ponía en pantalla a los líderes de la oposición, fue sacado del aire.
El escenario me hizo recordar a Egipto. Miles de personas protestando en la plaza Tahrir en contra del régimen del presidente Mubarak. Enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas del orden, que uno a uno dejaron 846 personas muertas y más de 100.000 heridas. Medios de comunicación cerrados y desesperación.
Sin embargo, una diferencia me llamó gravemente la atención: el desinterés internacional. Mientras se empezó a fraguar la crisis egipcia, en 2011, todos los medios internacionales se volcaron a transmitir minuto a minuto lo que estaba ocurriendo en el centro de El Cairo. Estados Unidos, la Unión Europea y los países árabes hicieron duros pronunciamientos. Las organizaciones internacionales condenaron los hechos y prácticamente todo el planeta mostró gran interés por lo que estaba sucediendo. Pero parece que Venezuela no le importa a nadie.
Las redes sociales son lo único que les queda a los venezolanos que piensan diferente al régimen. En Twitter y Facebook hacen llamados para que no los olviden.
Pero, hasta ahora, pocos les hacen eco. Ni siquiera acá en Colombia, una nación vecina que miles de venezolanos tienen ahora como nuevo hogar. Es una desgracia porque un país tan bello no tiene por qué colapsar y porque en Colombia no hemos aprendido que debemos votar bien para luego no tener que marchar.
El escenario se hizo más caótico ante la incertidumbre que genera la desinformación. Mientras los canales locales, en su mayoría manejados por el propio gobierno, mostraban series, como si nada estuviera pasando, las redes sociales se inundaban de registros que ponían en evidencia la represión.
Luego, cuando hubo información sobre lo ocurrido, llegó únicamente en la voz del oficialismo.
También hubo censura. Únicamente dos canales de televisión transmitían lo que ocurría en tiempo real. Uno, Telesur, y el otro, NTN24. Obviamente, Telesur, cuyos fondos provienen en gran parte del gobierno venezolano, se mantuvo en la misma línea oficial y permaneció prendido todo el tiempo. Pero NTN24, que ponía en pantalla a los líderes de la oposición, fue sacado del aire.
El escenario me hizo recordar a Egipto. Miles de personas protestando en la plaza Tahrir en contra del régimen del presidente Mubarak. Enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas del orden, que uno a uno dejaron 846 personas muertas y más de 100.000 heridas. Medios de comunicación cerrados y desesperación.
Sin embargo, una diferencia me llamó gravemente la atención: el desinterés internacional. Mientras se empezó a fraguar la crisis egipcia, en 2011, todos los medios internacionales se volcaron a transmitir minuto a minuto lo que estaba ocurriendo en el centro de El Cairo. Estados Unidos, la Unión Europea y los países árabes hicieron duros pronunciamientos. Las organizaciones internacionales condenaron los hechos y prácticamente todo el planeta mostró gran interés por lo que estaba sucediendo. Pero parece que Venezuela no le importa a nadie.
Las redes sociales son lo único que les queda a los venezolanos que piensan diferente al régimen. En Twitter y Facebook hacen llamados para que no los olviden.
Pero, hasta ahora, pocos les hacen eco. Ni siquiera acá en Colombia, una nación vecina que miles de venezolanos tienen ahora como nuevo hogar. Es una desgracia porque un país tan bello no tiene por qué colapsar y porque en Colombia no hemos aprendido que debemos votar bien para luego no tener que marchar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario