No se sabe si era peor tener triunfadores netos en las legislativas del domingo o este limbo en el que todos niegan haber perdido, nadie gana, pero todos dicen celebrar. Nada cambió. Ni nos movimos. No hubo tal viraje a la derecha. Ahí hemos estado siempre, así sea de manera solapada. No hubo tal resurrección partidista sino reacomodo con arreglo a fines.
Que el autodenominado Centro Democrático haya figurado no es más que el resultado del voltiarepismo de quienes por conveniencia temporal cambiaron de color, como lo volverán a hacer socarronamente después de mayo, porque tienen claro que ni Santos ni Uribe son asunto de principios, que son intercambiables, y que ni el CD ni la U son partidos sino emociones reunidas o simples paraguas según la coyuntura. Tampoco el “fenómeno Uribe” lo fue tanto como pretenden sus áulicos. Algo va de los 6 o 7 millones del pasado a los 2 del domingo. Lo sobredimensiona el morbo mediático y social dizque por ver “debates parlamentarios” con opositores.
Como si ese fuera el problema... Como si esa fuera la solución. Se mantiene la misma franja infestada de parapolíticos, entre 24 y 70 congresistas, dependiendo de cada grado de compromiso con un fenómeno que sigue vivito y votando. Y la izquierda ahí; demostrando que solita no tiene proyecto y que sólo suma cuando la usan para votar en contra de alguien. Comodín. Y queda, otra vez, Soledad, Atlántico, como símbolo y laboratorio de corrupción, y el indescifrable departamento de Córdoba, y la tibia e insolidaria Bogotá... Pero más que esos elegidos sin brillo, más que quienes votaron por ellos (convencidos, presionados o equivocados), más que quienes despilfarraron su opción con votos nulos o no marcados, son responsables de este limbo, de este desasimiento, esos mal llamados “ciudadanos” hoy quejosos y hasta beligerantes en redes sociales, filas y restaurantes que traicionaron su destino al negar su voto. Y que para colmo hoy recriminan con ese increíble argumento macondiano: “yo sabía que nada iba a cambiar, por eso no voté”… Ni modo.

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