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domingo, 6 de abril de 2014

FUEGO AL LLANO

ALFREDO MOLANO BRAVO 5 ABR 2014 - 9:00 PM

Fuego al Llano

Alfredo Molano Bravo
Los chigüiros muertos, las tortugas muertas, las babillas muertas y las vacas muertas en el Casanare por la sequía han impresionado —¡por fin!— a la opinión pública y han obligado a las autoridades ambientales a dar la cara.
Por: Alfredo Molano Bravo
Al mismo tiempo, se incendiaban 3.000 hectáreas en Chocó, la zona más lluviosa y húmeda del país, y en la Sierra Nevada de Santa Marta ardían otras tantas hectáreas en el Guachaca, dominado aún por paramilitares. La ministra de Medio Ambiente entregó, siendo jefa de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), permisos a dos manos a las numerosas compañías petroleras que explotan el Llano: Pacific Rubiales, Geo Park, Cecolsa, Petrominerales, Ecopetrol, New Granad y Parex. Estas empresas contratan sus propios estudios de impacto, que luego suelen ser copiados literalmente en las resoluciones que autorizan las concesiones. La ministra fue empleada de Ecopetrol, Cerrejón y Amoco Petroleum Company, lo que explica su prodigalidad y la manera tan deportiva como tomó el desastre: si apenas son 6.000 chigüiritos y la culpa es del cambio climático. La gente del Llano ve pasar las mil tractomulas con petróleo y dice: con ellas se va también nuestra agua. Razón no le falta: los petroleros no sólo desvían cauces de agua para inyectarla en los pozos, sino que también destrozan los acuíferos —alma de los esteros— para saber si hay crudo. Manuel Rodríguez, exministro del ramo, acepta la hipótesis de la gente. En Tauramena, el pueblo ganó una consulta contra los petroleros, el Gobierno la desconoció y el procurador remató amenazando a los alcaldes de la zona con destituirlos si volvían a molestar a las honorables compañías. Los petroleros son hoy los reyes del Llano y el Gobierno les acolita todas las barbaridades que hacen y las que hicieron para poder hacer las que hacen. La pauta publicitaria ahoga las denuncias.
La ganadería —y en particular la del piedemonte— ha devastado los nacederos de agua en las cabeceras y los cursos medios de los ríos. La Sierra Nevada del Cocuy, donde nacen los ríos del Casanare, está a punto de perder lo que se llamaban las nieves perpetuas. La ganadería extensiva, que parecía el peor mal, ha sido desplazada por otro peor: los cultivos de palma africana, caña, teca, acacia, pinos, soya, maíz transgénico y arroz certificado. No sólo drenan los humedales para sembrar sus matas, sino canalizan los ríos y los caños para regar sus miles de hectáreas. El precio de la tierra se ha disparado en el Llano. Una hectárea, que hace cinco años costaba 500.000 pesos, cuesta hoy cinco millones. Pero se puede vender en 10 millones si se le pone agua. Es lo que están haciendo los especuladores de rentas: encauzar aguas, drenar esteros, arrasar morichales para vender más caro.
Una de las conclusiones a las que hay que llegar es que los trabajos de sísmica, la ganadería extensiva, la explotación agroindustrial —real o especulativa— deben presentar planes de manejo a las comunidades, que son las verdaderamente afectadas. Dicho de otra manera: las consultas previas para la explotación del campo deben ser un requisito para invertir en esas regiones. Lo que ha sucedido en Casanare es lo que sucede en el Llano y en gran parte del país. Es urgente entenderlo como una seria advertencia —quizás un alarido— de la naturaleza para impedir que la vida continúe siendo destrozada por las furias del interés privado. La iniciativa del alcalde de Villavicencio de cobrarles a las petroleras un impuesto verde para resarcir los daños que ocasionan y crear nuevos y más parques nacionales naturales como el del Morichal del Casanare que propone el biólogo Rodrigo Botero, podrían ser una medida complementaria.

IDEAS O PROPAGANDA

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE 5 ABR 2014 - 9:00 PM

Ideas o propaganda

Héctor Abad Faciolince
En tiempos de campaña política las ideas se simplifican de un modo tan grotesco que no parecen siquiera ideas: son consignas o gritos de combate, son frases efectistas, espantajos para asustar electores, pero no verdaderos argumentos.
Por: Héctor Abad Faciolince
 Sin embargo, cuando es un expresidente quien habla, y cuando concede entrevistas a dos importantes medios de comunicación extranjeros, creo que es deber del analista tratar de desmenuzar lo que allí se afirma. El expresidente Uribe concedió esta semana dos entrevistas a los diarios ABC y La Razón de Madrid. Como Uribe es sin duda un importante protagonista de la historia reciente de Colombia, vale la pena analizar sus declaraciones a la prensa española.
Lo primero que dice en La Razón es lo siguiente: “La reelección de Santos sería un paso al castrochavismo, porque él firma a cualquier precio acuerdos con el terrorismo. (…) Santos pavimenta el camino del castrochavismo”. En la otra entrevista, al diario ABC, define lo que ocurre con este movimiento político: “El castrochavismo en Venezuela primero incitó al odio de clases, después quebró la economía, como consecuencia arruinó a los trabajadores. El año pasado la inflación fue del 56% y el incremento del salario del 10%. Finalmente tiene las tiendas vacías por el desabastecimiento y las cárceles llenas de disidentes. La evolución ha sido de la incitación al odio de clases a la consolidación de la tiranía que finalmente aplasta la democracia”. Creo que la manera en que Uribe caracteriza lo ocurrido con el régimen venezolano, si bien con cifras imprecisas, es bastante acertado. Esto no es extraño: uno observa con más serenidad lo que ocurre con los vecinos, y lo ve más claro.
En cambio la comparación con el gobierno colombiano actual, hace agua por todos lados. La idea de que Santos es un presidente castrochavista, o por lo menos que está conduciendo a Colombia al castrochavismo, es un puro eslogan de campaña, no una afirmación seria. Si el castrochavismo es lo que Uribe dice, Santos no es eso: Santos no ha incitado al odio de clases, Santos no ha quebrado la economía, la inflación es mucho más baja que la que había en tiempos de Uribe, y el salario mínimo ha subido por encima de la inflación. Tampoco aquí hay desabastecimiento ni se ha consolidado ninguna tiranía. De hecho el partido de Uribe pudo participar con garantías en el pasado proceso electoral y sacó muchos senadores. En cuanto a los partidos que podrían considerarse cercanos al castrochavismo, en cambio, sacaron votaciones irrisorias. El político más afín a las ideas de Chávez, Petro, es mucho más cercano a Uribe que a Santos en este momento.
Pero consideremos ahora la acusación más precisa de Uribe: no que Santos sea un típico castrochavista, sino que esté pavimentando el camino al castrochavismo, por insistir en llevar adelante un proceso de paz con la guerrilla en el que sin duda, si llegara a firmarse, habría una alta dosis de impunidad. También esta afirmación es discutible. Pensar que la única forma de mantener lejos del poder al castrochavismo es obstinarse en que la guerrilla permanezca en el monte, es una idea no solamente torpe, sino cruel, por los muertos y el dolor que no se evitan. El mismo proceso de paz que Uribe adelantó con los paramilitares demostró que sacar a miles de hombres de la lucha armada disminuye las tasas de violencia a pesar de la gran impunidad; la violencia disminuyó en su gobierno y ha seguido disminuyendo durante el gobierno Santos.
No creo que sea sensato de parte de Uribe presentar a Colombia en el exterior como un país con un gobierno volcado hacia el proyecto bolivariano. Esta es una gran mentira. A la guerrilla, si realmente se desmovilizara, se la derrotará en las urnas, porque los colombianos no son ciegos, precisamente porque ven los resultados nefastos que la política chavista ha traído al país vecino. No hay que temerle a la democracia, sino a los métodos violentos para llegar al poder o para conservarlo.
FELIPE ZULETA LLERAS 5 ABR 2014 - 9:00 PM

Santos vs. Peñalosa

Felipe Zuleta Lleras
Son todas las cosas tan extrañas en este país que les confieso que no entiendo nada de nada. Bueno, eso no sería raro si no fuera porque a miles de colombianos les pasa exactamente lo mismo, lo que no sé si debería tranquilizarme o más bien angustiarme.
Por: Felipe Zuleta Lleras
Pero todo lo que pasa es tan grave y tan volátil que cuando uno trata de recordar un asunto grave ya hay diez más que han pasado. Porque, insisto, el país es bipolar, enfermo.
Por eso no vemos que haya arrancado la campaña presidencial, porque todo lo que pasa la opaca, así el presidente candidato Santos trate de pronunciarse como presidente sobre asuntos que impresionan a la opinión pública, como el de las mujeres quemadas con ácido esta semana.
Al pobre presidente se le ve montando en bicicleta, comiendo chontaduro (que debe odiar), bailando, cantando, etcétera. Igualmente se ve a la primera dama en eso y al hijo mayor del presidente. Muchos han criticado esto, como si fuera malo por sí mismo que el candidato muestre a su familia. Tal vez es inusual porque no estábamos acostumbrados a ver esto, pero, contrario a criticarlo, creo que el candidato y su familia, a diferencia de otras familias presidenciales, han estado alejados de escándalos de cualquier tipo, lo que les permite hacer de manera digna lo que tanto les critican.
Ahora bien, esto también se ha interpretado como susto de la campaña santista frente a lo volátil de las encuestas que se publican semanalmente y que no coinciden entre sí, excepto en el hecho de que Santos no ganaría en la primera vuelta. Eso los tiene nerviosos y no es para menos.
Lo más aburridor de la campaña es que el presidente se siente obligado a hablar de todos los temas, aun de aquellos que no llamarían su atención en situaciones normales, por decirlo de alguna manera.
Lo cierto es que esta campaña no ha arrancado y me temo que no lo hará pues todos los candidatos son jartísimos. Díganme la alegría de Óscar Iván Zuluaga, que pone a llorar un payaso, o la locuacidad de Marta Lucía, que en cierto punto lo enloquece a uno. Ni qué hablar de la campaña de Clara, que no es nada clara, y la de Peñalosa, que no ha despegado, y me temo que cuando lo haga, Peñalosa empezaría a bajar en las encuestas, pues es un excelente administrador y sería un magnífico presidente, pero se enreda como candidato.
Al final, los colombianos, por lo que vemos hoy, tendríamos que decidir entre Santos y Peñalosa y les confieso que ahí la situación es difícil, por cuanto Santos tiene ya toda la experiencia, pero tendrá que responder por los desaciertos, y Peñalosa demostró ser, de lejos, el mejor alcalde de Bogotá.
Me temo que la razón por la cual la tiene enredada el presidente es porque le apostó al tema de la paz y éste no se pudo concretar antes de las elecciones. Error de cálculo. Y los estratos altos y las áreas rurales lo odian a muerte, y revertir eso será dificilísimo. En tanto, si Peñalosa hace una campaña discreta y seria, podría ser el próximo presidente.

sábado, 29 de marzo de 2014

Medidas inconvenientes

INDALECIO DANGOND B. 28 MAR 2014 - 11:00 PM

Medidas inconvenientes

Indalecio Dangond B.
Ahora si es verdad que se les fueron las luces al Gobierno Nacional con las medidas tomadas esta semana para bajarle la temperatura al paro nacional agrario que se les viene encima con la primavera de abril y que le puede aguar la fiesta al accidentado candidato Juan Manuel.
Por: Indalecio Dangond B.
La incoherencia e improvisación de los frustrados e inexpertos burócratas que están tomando esta medidas, permite ver lo desconectado que están con los problemas del campo del país. Echemos un vistazo al manejo de los altos precios de los agroinsumos.
Para bajar los altos precios de los insumos agrícolas al productor, se les ocurrió relanzar la obsoleta tarjeta de crédito del Banco Agrario para compras de Agroinsumos. Tal como lo advertí en el pasado, el resultado fue desastroso porque los proveedores de agroinsumos no iban a ser tan mentecatos de cederle al operador de la tarjeta de crédito el 60% de su comisión de venta y en segundo lugar los cupos de las tarjetas fueron tan pequeños, que no alcanzaban ni para comprar el veneno para matar las hormigas.
No contentos con semejante embarrada, el pasado jueves se les dio por lanzar una línea especial de crédito Finagro para refinanciarle las deudas a los productores que están promoviendo el paro agrario nacional. Esta medida, además de ser politiquera es discriminatoria con el resto de los productores del país. Parecen vainas del cuestionado expresidente de Finagro y Banco Agrario Cesar Pardo Villalba, a quien en el pasado la Procuraduría General de la Nación le formuló pliego de cargos y la Contraloría General de la República declaró fiscalmente responsable a titulo de culpa grave por presuntas faltas en dichos cargos. Esta es la nueva adquisición del ministro de Agricultura Rubén Darío Lizaralde. Que bonita compañía.
Contrario a lo anterior, el Gobierno debió –al igual que hicieron con las medicinas- imponer unos techos en los precios de los agroinsumos y sacar una línea de crédito de factoring que le permitiera a los productores del campo negociar sus facturas de venta ante la banca para poder tener capacidad de adquirir insumos a tiempo con descuentos por pagos de contado.
Otra medida que debe corregirse urgente, es que quienes representen a los productores y recauden la cuota de fomento, no deben ser comercializadores de semillas e insumos, porque terminan defendiendo los intereses de las multinacionales que los producen y no los intereses de sus agremiados. En Perú y Ecuador donde no existe esta práctica perversa, los insumos se consiguen a mitad de precio y los costos de producción de una hectárea de arroz por ejemplo, están alrededor de los 1.300 dólares, contra 2.500 dólares que cuesta acá.
La fórmula que amarra el precio del ACPM al precio internacional del petróleo es otra de las medidas que le quita competitividad al sector productivo. Este método le reporta inmensas utilidades a Ecopetrol pero le quita competitividad al sector productivo, gravando a los tractores, camiones, combinadas, motobombas, etc. Mientras en Ecuador el galón de ACPM cuesta alrededor de US$1,02 en Colombia vale más de 4 dólares.
 Es mejor recaudar impuestos por utilidades de un sector productivo competitivo, que recaudarlos a través de Ecopetrol a costa del deterioro de ese sector productivo.
Por último, el Gobierno debería exonerar del 4x1.000 las operaciones de créditos para el sector y suprimir el IVA al arrendamiento de tierras en un país donde el 90% de los productores de arroz, maíz y algodón, son arrendatarios.
Más que subsidios, lo que están necesitando los productores del campo es acceso rápido y económico a variedades de semillas, tecnologías e insumos que les permita obtener altos rendimientos.
@indadangond

gobernar desde la ideologia

NICOLÁS URIBE RUEDA 28 MAR 2014 - 9:41 PM

Gobernar desde la ideología

Nicolás Uribe Rueda
Cuando se trata del gobierno, —lo dice Tony Blair con contundencia— el reto es la eficacia, no la ideología.
Por: Nicolás Uribe Rueda
A los ciudadanos de nuestros días, poco o nada importa quién gobierna y desde qué posición del espectro político e ideológico se hace. Mientras funcione, al padre de familia lo tiene sin cuidado el modelo de administración del colegio de su hijo (público, privado o concesionado). Al ciudadano de a pie no le interesa si quien recoge su basura es una empresa pública o si el bus en el que viaja todas las mañanas es de propiedad de un particular o está en el inventario del municipio en el que vive. El enfermo quiere una cama decente y un tratamiento digno y no tiene tiempo de averiguar si quien lo atiende es un doctor pagado de manera directa o indirecta con recursos oficiales. El refrigerio de los niños del jardín no sabe diferente dependiendo de si fue contratado con recursos departamentales, nacionales o locales. Nadie se angustia porque los bombillos de su casa encienden gracias a la energía generada por una multinacional o por una empresa pública. Todos, por el contrario, dependemos de la calidad, continuidad y oportunidad de los servicios de salud, educación, transporte y energía. A todos nos indigna la falta de alimentación para los niños, nos molesta caminar entre basuras y a todos, sin falta, nos entristece imaginar desde un trancón cómo nuestros hijos se hacen grandes.
Y lo anterior no sólo es un enunciado retórico. La prueba está en que hay malos y buenos gobiernos de izquierda, de centro y de derecha, así como líderes situados en todos los puntos cardinales de las ideas, que se perfilan en Colombia y en el mundo como grandes transformadores de las sociedades en las que viven.
En el marco de este análisis, el fracaso de Petro en Bogotá no se explica por su interés de gobernar desde la izquierda, sino por cuenta de su excitación ideológica y su pobre capacidad de obtener resultados. Petro creyó que la basura de las calles la recogería la ideología, que los jardines infantiles que prometió por cientos se construirían con ideas y que el transporte en Bogotá mejoraría tan pronto desacreditara de manera sistemática a los operadores privados de Transmilenio. El exalcalde, malamente, creyó que la estatización de los servicios per se mejoraría la prestación de los mismos y que la burocratización de las entidades distritales crearía una ciudad más incluyente. Petro se equivocó al pensar que predicando sobre la paz para Colombia lograría impulsar una cultura de convivencia en Bogotá y que promoviendo el odio de clases podría impulsar el desarrollo económico de los bogotanos. Ahí, a la vista de todos, están los resultados.
Y precisamente por todo lo contrario, “Pardo el Breve”, como seguramente pasará a la historia el encargado alcalde de Bogotá, tendrá más realizaciones en apenas unas semanas que Petro en dos largos y tediosos años. Mientras el primero gobierna con el apoyo de la Presidencia y con sentido de urgencia enfrenta las preocupaciones más sentidas de los ciudadanos, el segundo no supo aprovechar la oportunidad para transformar a Bogotá y se dedicó a fidelizar a sus devotos electores con discursos. Hasta donde sabemos, y aun desde el gobierno, un trino nunca ha logrado cambiar la vida de un ciudadano del común.

DESFILE DE TROPAS

JUAN DAVID OCHOA 28 MAR 2014 - 11:00 PM

Desfile de tropas

Juan David Ochoa
En Colombia, país anestesiado ya por la insania y la exageración de la crudeza, aletargado en la costumbre de verse continuamente destruido entre los dientes de la fatalidad, no es drama ni noticia para el presidente que los estamentos públicos y las ciudades olvidadas por el centralismo se estén desmoronando sobre la misma perdición trillada.
Por: Juan David Ochoa
No es anecdótico que Cali colapse por los monopolios del transporte, ni que Medellín esté sitiada por las extorsiones, ni que el Atlántico siga siendo el fortín de las mafias y de los nuevos caciques de una política prostituida. En Colombia, país de las hipérboles siempre superadas, lo inaudito es una página frívola del caos, y el presidente aparece ante las cámaras solo en la excepción de que un departamento se evapore en una extraña aridez con 20.000 animales moribundos, o en caso de que en el puerto más importante del país se estén descuartizando a sus ciudadanos con las motosierras alegres de una vieja desmovilización sin reglas.
Juan Manuel Santos admite la hecatombe, y envía a su alfil providencial, Juan Carlos Pinzón, para que ponga en su lugar al desmadre repentino del año, como si fuera repentino, como si fuera exclusivamente del año.
Desde siempre Buenaventura es un puerto congelado en los siglos de la esclavitud, sobreviviente en las migajas estatales para su trabajo de rutas y descarga, abandonado en una infraestructura irrisoria y azotado por el tráfico, por la extorsión, por la puja continua de las Farc y los residuos del paramilitarismo mimetizados en Bacrim. Era una bomba de tiempo y lo sabían todos. Pero La bomba estallaría frente al mar, en el sonido sordo de una explosión sin importancia, volvería a ser todo común entre los días comunes del pacifico, sin resonancia, sin trascendencia, sin escándalo. Ya habían colapsado antes otras ciudades y otros departamentos sin mayor relevancia en la anestesia de lo previsible.
Lo que nadie preveía era el colapso progresivo del comercio por físico terror y que nadie querría volver a abrir sus puertas por el espanto a revelar los rostros. El puerto tenía que parar su tráfago sin tregua y amenazar el flujo del comercio a las ciudades interiores para que, por primera vez, en los decenios largos del desmadre, un presidente aceptara que el asunto era serio, que la amenaza era real, y que el puerto del Pacifico era efectivamente un territorio abandonado y acorralado por el anarquismo.
El ministro de defensa entra en la imponencia mesiánica y recorre las calles de otro siglo. Nadie habla en el cuidado de las futuras represalias, nadie comenta los detalles de una vida amedrentada.
El placebo ahora son las tropas. Un desfile pasajero de poder sobre las llagas del tiempo

ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE

RODOLFO ARANGO 28 MAR 2014 - 11:00 PM

Asamblea Nacional Constituyente: ¿Para qué?

Rodolfo Arango
No existe nada más democrático que un pueblo quiera darse y se dé su propia constitución.
Por: Rodolfo Arango
La Asamblea Constituyente es un acto político fundacional. “Constituirse” en unidad política, según principios e instituciones, exige la voluntad de todos y la disposición a obedecer el texto finalmente adoptado, cuya vigencia se condiciona en ocasiones a la convalidación del pueblo.
Antes Uribe, luego las Farc y su entorno, y ahora Petro, todos claman la necesidad de una constituyente. En redes sociales se señala un común denominador de los promotores: el autoritarismo. Agregaría otro: el deseo de tornar derrotas en victorias. La prohibición de una segunda reelección, el desprestigio de la guerrilla o la destitución administrativa alimentan el propósito de volver a repartir las cartas, pero ahora en forma marcada. Esto porque para la elección de constituyentes no se contempla el voto directo de toda la ciudadanía, sino una integración sectorial, algo inaceptable por carecer de representatividad.
El pueblo no es tonto. Tampoco se deja manipular, ni representar por cualquiera. ¿Quién tiene la vocería del “querer popular”? Creer que este es apropiable demagógicamente es no entender para qué se adopta una constitución. Ciertamente no es para luego desobedecerla o para que los excluidos la desacaten al no verse reflejados en ella. Darse una constitución, finalidad de una constituyente, presupone una intención compartida, una actitud discursiva en búsqueda de entendimiento, no la imposición de reglas por vía de mayorías artificialmente construidas.
Uribe, Londoño y Ordoñez sueñan con la Constitución de 1886 y con la posibilidad de establecer el viejo orden, confesional, militarista, caudillista. Las Farc nunca han defendido el derecho, instrumento de dominación (incluso la Constitución). Sorprende ahora su interés en una “constituyente”. Petro, corresponsable del adefesio llamado Procuraduría aprobado en 1991, llama a subvertir el orden jurídico y a crear otro en el que quepamos todos, hasta que decida volver a las plazas a subvertirlo de nuevo. Los fines de cada uno no sólo divergen; se refractan. No hay convergencia de intenciones fruto de la comprensión y del desprendimiento; por el contrario, prima la acción instrumental, para asegurar posiciones propias en desmedro de la del otro.
La Constitución de 1991 es rica en principios, derechos y deberes fundamentales. No es una constitución neoliberal, como afirman algunos. La legislación de desarrollo sí lo es. No es más que echar un ojo a lo que las clientelas legislativas, aliadas con intereses particulares, han hecho de la educación, la salud, la justicia o la política. Pero la salida no es cambiar el sofá, sino conformar otras mayorías legislativas diferentes, que defiendan el interés general, el patrimonio público y los bienes comunes. Difícilmente una nueva constituyente siendo sectorial –campesinos, artesanos, militares, iglesia, gremios, sindicatos, etc.– sería tan garantista como la actual. ¿Se imaginan a la derecha, que hoy impera a lo largo y ancho del país, reformulando la tutela, reconociendo los derechos sociales fundamentales o “mejorando” la Corte Constitucional?
La paz es un fin superior. Es nuestro deber buscarla con grandes esfuerzos. Pero la constituyente no es el talismán. No reconcilia mágicamente. Es fin, no principio. Antes de refundar la comunidad política debe haber disposición anímica colectiva para que en ella se sientan todos suficiente y justamente considerados, incluso si no ven plasmadas al final sus aspiraciones en el texto constitucional. ¡Qué las ambiciones políticas no nublen la mente de ingenuos y buenos de corazón! No sea que todos lloremos luego los retrocesos.