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sábado, 8 de marzo de 2014

EL CONGRESO DE LA PAZ

08 marzo 2014

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El Congreso de la paz

PORTADA Aunque muchas prácticas, amenazas y vicios electorales siguieron presentes en esta campaña al Congreso, un nuevo mapa político saldrá de estas elecciones y dependerá de los votos que saque Álvaro Uribe.

El Congreso de la paz.

“Este Congreso en particular merece mi admiración”, afirmó el presidente Juan Manuel Santos en su discurso de apertura de la segunda legislatura de su gobierno, el 20 de julio de 2011. Ese trabajo legislativo que Germán Vargas Lleras, hoy fórmula vicepresidencial del mandatario, calificó de “históri
co”, constituyó un punto alto de reconocimiento que esta institución no volvería a lograr. Un año después vendría la debacle de la fallida reforma a la Justicia que hundió la imagen favorable del Congreso de la República dentro de la opinión pública del país. Este domingo 9 de marzo, cuando solo uno de cada cuatro colombianos tiene una opinión positiva del poder Legislativo, 32 millones de potenciales votantes están convocados a elegir los 268 nuevos parlamentarios para los próximos cuatro años.

Varios factores convierten estos comicios legislativos de 2014 en una jornada con importantes consecuencias para la sociedad colombiana. En primer lugar están las condiciones políticas. De sde ya se puede afirmar que este domingo surgirá un nuevo mapa político para el país y el balance de las fuerzas parlamentarias cambiará para el próximo cuatrienio de la mano del expresidente Álvaro Uribe. Un segundo aspecto que hace trascendentales las elecciones del 9 de marzo es el de la agenda que estos legisladores abordarán. Con varias reformas pendientes en sectores clave como la justicia o la salud, los ganadores del domingo definirán asuntos vitales para todos los colombianos. Y por último está el proceso de paz con las Farc en La Habana. En un eventual acuerdo con esta guerrilla algunos de los cambios necesarios para vivir en paz pasarán por los escaños de este Congreso.

Elección ‘típica’

De acuerdo con la Registraduría 2.386 ciudadanos se inscribieron para competir por los 102 escaños del Senado, las 166 curules de la Cámara de Representantes y las cinco bancas del Parlamento Andino. Mientras nueve partidos luchan por la Cámara alta, 37 listas protagonizan la puja por las 33 circunscripciones territoriales, la de indígenas, negritudes y colombianos en el exterior. Sin embargo, las perspectivas de un Congreso renovado no son las mejores.

Un informe de Congreso Visible registra que casi el 70 por ciento de los actuales legisladores busca la reelección: 116 de los actuales 165 representantes a la Cámara y 67 de los hoy 102 senadores. Además un número más pequeño, 24 congresistas, quiere saltar de la Cámara al Senado. Si bien la tendencia de los comicios recientes ha sido la entrada de muchos aspirantes nuevos, en especial en la Cámara de Representantes, en los partidos de la Unidad Nacional muchos jefes políticos le apuntan a repetir.

A lo anterior se añaden los candidatos que son familiares de congresistas, o que representan casas políticas tradicionales, que aunque técnicamente nuevos no constituyen una verdadera renovación. El acceso a recursos económicos y burocráticos así como el sistema electoral y la pertenencia a clanes regionales facilitan la reelección en el Congreso y reducen la llegada, especialmente al Senado, de candidatos de opinión. El voto que está libre de las maquinarias políticas suele ser disputado por muchos aspirantes en la mayoría de las listas.

Otro aspecto preocupante de la campaña al Congreso que finaliza este domingo es el de los candidatos con nexos con parapolíticos. Una investigación de la fundación Paz y Reconciliación, que dirige León Valencia, encontró en diez departamentos del país 97 ‘herederos’ de personas condenadas por vínculos con el paramilitarismo que hoy aspiran al Legislativo. Además, el estudio identificó otro bloque de 34 aspirantes que tendrían presuntos apoyos de bandas criminales, narcotraficantes, guerrilla y contratistas corruptos. Bolívar, Magdalena, Cesar, Córdoba y Antioquia son las regiones donde se presenta este fenómeno.

Las denuncias sobre los torrentes de dinero en las campañas también han despertado preocupación en los entes de vigilancia electoral del Estado y desde la sociedad civil. Alejandra Barrios, de la Misión de Observación Electoral (MOE) alertó que la última semana de campaña el movimiento de efectivo crece y aumentan delitos como el de la compra de votos. La MOE advirtió que La Guajira y Caquetá son dos de las regiones donde es más palpable este derroche.

Si bien las amenazas físicas a los candidatos han venido disminuyendo, la Defensoría del Pueblo reveló un mapa donde 221 municipios del país se encuentran en alto riesgo para las elecciones. En Caquetá, Putumayo, Huila, Cauca y Nariño, las actividades de la guerrilla de las Farc interfieren directamente en el proceso electoral mediante amenazas, panfletos e intimidaciones. En esta región del sur los simpatizantes del partido uribista, Centro Democrático, han denunciado esos ataques. Antioquia, con 25 localidades, es el departamento que lidera la lista de zonas donde hay una alta probabilidad de acciones perturbadoras de los comicios.

Aunque en menor grado y en modalidades diferentes a las pasadas elecciones, la violencia de los grupos armados, el fraude y otros delitos electorales, la compra de votos y el derroche de dinero, las maquinarias familiares, los herederos de la parapolítica y la dificultad para los candidatos de opinión vuelven a ser protagonistas de la campaña hacia el nuevo Congreso.

Gobierno versus oposición


Una de las novedades del proceso electoral de 2014 es la irrupción de un nuevo movimiento opositor, el Centro Democrático. La presencia del expresidente Álvaro Uribe como cabeza de lista al Senado marca un aspecto que diferencia estos comicios de todos los anteriores. Es la primera vez en la historia contemporánea del país que un exocupante de la Casa de Nariño no solo regresa a la arena política lanzándose al Congreso sino que lo hace en abierta y declarada oposición al presidente en ejercicio. Sin grandes electores en su lista, Uribe se dejará contar este 9 de marzo y de ese resultado dependerán tanto su nuevo peso dentro del panorama político como el tamaño de su bancada opositora.

Los colombianos tendrán, como casi nunca, dos tipos de oposición en su menú de las elecciones legislativas. Del lado derecho del espectro político están los recién llegados uribistas y desde el izquierdo, el Polo y la Alianza Verde. Los tres partidos de la Unidad Nacional, liberales, Cambio Radical y La U, junto a la mayoría de conservadores oficialistas, tienen sobre sus hombros la responsabilidad de mantener la mayoría para un eventual segundo mandato de Santos. No obstante, por bien que les vaya, lo más probable es que la coalición de gobierno no logre conservar las amplias mayorías de más del 80 por ciento del Legislativo que gozó la Casa de Nariño en estos cuatro años.

La entrada del uribismo a la contienda de marzo no solo redibujará el mapa político sino también golpeará a las dos actuales fuerzas mayoritarias: el Partido de la U y el conservatismo. El paso de Uribe a la oposición junto a una exitosa campaña en la que afirma que su partido “no es La U” minarán los votos del primer bloque parlamentario hoy en el Congreso. Del lado de los conservadores el impacto podría sentirse en una reducción en el respaldo de opinión que el liderazgo carismático del exmandatario había direccionado hacia las huestes azules.

La otra definición del nuevo equilibrio de fuerzas en el Congreso viene del lado izquierdo. En los últimos 12 años el Polo Democrático ha ejercido la oposición a los dos gobiernos de Uribe y al de Santos. Sin embargo, hoy las fuerzas de izquierda llegan divididas a las elecciones parlamentarias bajo tres estandartes: el Polo liderado por el senador Jorge Robledo; la Alianza Verde bajo Antonio Navarro Wolff y de orientación petrista, y la Unión Patriótica con el regreso de Aída Avella. Su mayor desafío es conservar el 10 por ciento del Senado que hoy controlan y no quedar tan lejos del resultado final de los uribistas.

Por último, un puñado de partidos minoritarios, encabezados por el movimiento evangélico Mira, luchan por su supervivencia ante el aumento del umbral. De no alcanzar la cifra de unos 400.000 votos, estas organizaciones no entrarían a la distribución de curules y el Senado de la República estaría conformado por partidos grandes con mayor número de ellas.

Desde hace mucho tiempo no confluían en una elección líderes políticos de la experiencia, el recorrido o el reconocimiento de las cabezas de lista de la mayoría de partidos en la contienda. Independientemente de los resultados finales, un Senado con figuras de la talla de Álvaro Uribe, Horacio Serpa, Antonio Navarro Wolff, Carlos Fernando Galán y Jorge Robledo es garantía de debates serios y una democracia fortalecida.

Tiempo de reformas

La debacle de la fallida reforma a la Justicia en junio de 2012 marcó el divorcio entre el Congreso y la opinión pública tras los positivos resultados de 2010 y 2011. Luego de aprobar iniciativas como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, el Legislativo no solo se desplomó en su imagen favorable, sino también alimentó el sentimiento generalizado de pesimismo e inconformidad que hoy embarga a la sociedad. Aunque en 2010 la abstención en las elecciones parlamentarias llegó al 56 por ciento, en 2014 el debate sobre el voto en blanco ha canalizado una corriente de frustración con la clase política, cuya verdadera magnitud solo se sabrá con los datos finales de la elección.

Lo más paradójico del crítico ambiente electoral que se vive es precisamente la ambiciosa agenda que el nuevo Congreso tendría que abordar desde julio próximo. Cuando un porcentaje aún por determinar de colombianos irá a las urnas a sentar protesta, las tareas que les esperan a los legisladores electos serán de la mayor importancia. El actual Legislativo deja pendiente el trámite de una reforma al sistema de salud que toca la vida cotidiana de todos los ciudadanos. Paralizada por la época electoral, lo más seguro es que ese proyecto, u otros más que se presenten, se reactiven en la próxima legislatura.

Dentro de las iniciativas que se le quedaron en el tintero a la administración Santos, y que son urgentes para el próximo gobierno, están temas como las pensiones, la educación superior y la pendiente de la Justicia. A lo anterior se añade la propuesta de reforma política que anunció el candidato vicepresidencial Germán Vargas, que tocaría la reelección y los periodos de los mandatarios locales. Otros asuntos como nuevas reglas para la minería, una reforma tributaria adicional y el nuevo diseño del sistema ambiental también harían parte de la agenda legislativa de los siguientes cuatro años.

¿El Congreso de la paz?

Si una idea para definir este nuevo Congreso ha hecho carrera durante la campaña, es la de ser el encargado de materializar el proceso de paz. Si bien son inciertos los ritmos de las negociaciones del gobierno con las Farc, un eventual acuerdo con La Habana tendría que firmarse dentro del próximo cuatrienio. De ser eso así, se desprendería una agenda de reformas constitucionales y proyectos de ley que deberían tramitarse en el Legislativo que surja de las elecciones del 9 de marzo.

El próximo gobierno, que si las elecciones fueran hoy sería el segundo de Santos, tendría que discutir esos cambios que involucran desde el agro hasta el sistema político con un Congreso con dos bloques opositores: el uribismo y la izquierda. Así, el margen de maniobra de la siguiente Casa de Nariño no será tan amplio y dependerá del tamaño y la fuerza de esas dos bancadas. Un escenario más factible es el inmediato donde, de Santos reelegirse, el bloque del Centro Democrático llegaría al Senado a hacer control y criticar el proceso actual con la guerrilla. Ambos escenarios políticos dependerán, entre otros factores, del resultado final que obtenga la lista del Centro Democrático en los comicios legislativos.

En conclusión, aunque la campaña al Congreso de 2014 tuvo ‘más de lo mismo’ en cuanto a amenazas, discursos, publicidad y prácticas y vicios electorales, su impacto futuro será más fuerte que solo un reacomodo de curules y de partidos. Una nueva oposición de derecha verá la luz, cuyo tamaño será una de las incógnitas más esperadas por resolver cuando las urnas se cierren a las cuatro de la tarde de este domingo.

LAS 14 del 2014

Estas son las cifras claves para entender las elecciones de este domingo.

0 debate: han tenido en la campaña temas tan trascendentales para el país como las reformas a la salud y a la justicia, el empleo y la educación.

3 billones de pesos: es la contratación que, según denuncia el uribismo, repartió el gobierno entre los congresistas de la Unidad Nacional para aceitar la maquinaria electoral.

260 municipios: presentan riesgos electorales  por la influencia de grupos armados ilegales y fraude según la Misión de Observación Electoral.

131 candidatos: tendrían, según la Fundación Paz y Reconciliación, relaciones con parapolíticos o grupos armados ilegales.

3,34:
El porcentaje de voto en blanco para las elecciones al Senado registrado en 2010 y equivalente a 374.000 votos. La incógnita no está en si subirá este indicador sino cuánto.

3 logos distintos: tuvo que presentarle el Centro Democrático uribista a la Comisión Nacional Electoral antes de que se lo aprobaran.
4 partidos: el Mira, el Polo, la Alianza Verde y Opción Ciudadana (antiguo PIN) luchan por llegar al umbral.

681.391 votantes huérfanos: en relación a 2010, cuatro de los 10 más grandes electores del Senado no se presentan: Juan Lozano, Gilma Jiménez, Dilian Francisca Toro y Liliana Rendón. Un botín con destino incierto.

46 años, 36 años, 28 años, 20 años y 13 años: cumplen, desde que los eligieron por primera vez al Congreso, Roberto Gerlein, Horacio Serpa, Álvaro Uribe, Jimmy Chamorro y Antonio Navarro. Son las renovadoras cabezas de lista al Senado del Partido Conservador, Liberal, Centro Democrático, de La U y Alianza Verde.

X:
el número de curules que conquiste el uribismo es la gran incógnita de las elecciones. Su peso puede redibujar el mapa político.

68,5 por ciento: de los congresistas buscan reelegirse según cuentas de Congreso Visible.

234 curules: tiene la Unidad Nacional en Cámara y Senado. Conservar esa aplanadora de 82 por ciento de los escaños va a ser casi imposible.

22.000 millones de pesos: cuesta la elección y los sueldos de los cinco miembros colombianos del Parlamento Andino. Solo dos de cada 10 colombianos piensan participar en este sufragio.

32.184.672: son los electores potenciales para las elecciones al Senado, Cámara de Representantes y Parlamento Andino. En 2010 solo el 44 por ciento votó en las legislativas.

CLAUDIA LOPEZ

Publicado el día sábado, 08 de marzo de 2014

Claudia López, una rebelde con causa

Se acaba de publicar ‘Súper poderosos, los protagonistas de 2014’, libro de La Silla Vacía. Aquí está el perfil de la aspirante al Senado por la Alianza Verde



Claudia López podría haber sido ganadera, si a los seis años de edad, su madre le hubiera dejado conservar un ternero que ganó en un partido de banquitas. Podría haber sido bióloga, si no aparece el movimiento de la Séptima Papeleta y vuelve a jalonar todo su adn político. O tal vez habría estudiado medicina, su anhelo más preciado, si no se cae el muro de Berlín. 
Cuando se reconstruye la vida de la ahora candidata al Senado por el Movimiento Verde Progresista, es fácil identificar ese patrón. Un patrón de coincidencias que más allá de las vocaciones de sus otros tiempos la han convertido en una extensión, muy a su estilo, de la pasión de su padre y su tío y abuelo maternos por la política.

Según ella, su «abuelo era un manzanillo liberal puro, el típico jefe de acción comunal que conseguía y negociaba votos, yo recuerdo que cuando era niña pasaba horas con él empacando votos porque en esa época no había tarjetón». Su tío, José Domingo Rincón fue, a su vez, presidente del Concejo de Bogotá, pertenecía al entonces bautizado «Concejo Admirable», del que también hizo parte el padre de Enrique Peñalosa.

Mientras que Reyes López, su padre, fue un galanista fervoroso. Fue uno de los candidatos de la lista al Concejo de Luis Carlos Galán. Al final no alcanzó a entrar él, pero varios de sus compañeros de lista lo hicieron, y a él le quedaron los recuerdos de haber hecho política con el hombre que más ha admirado, así como las miles de lágrimas que derramó la noche que asesinaron al líder del Nuevo Liberalismo.

Así las cosas, es natural que los debates políticos hicieran parte de la vida cotidiana de López. Pero no solo por la parte masculina de su árbol familiar. Pues su madre, María del Carmen Hernández, quien fuera maestra del Distrito toda su vida laboral, también perteneció al universo sindical de los maestros y aportóa las miradas de Claudia varios ángulos distintos.

Sin embargo no serían los genes los que al final decidieran por ella, sino los hechos ocurridos entre 1988 y 1990 en Colombia, cuando tres de los candidatos a la Presidencia fueron asesinados: Luis Carlos Galán, candidato por el Nuevo Liberalismo, Carlos Pizarro, por el M-19, y Bernardo Jaramillo Ossa, por la Unión Patriótica.

En 1988, Claudia López cumplió 18 años de edad. Por tanto en 1990 iba a votar por primera vez en su vida para elegir a un presidente. Su candidato era Bernardo Jaramillo, a quien ha admirado profundamente toda su vida, «porque estaba convencido de que era posible cambiar a este país». Pero cuando llegó el día de votar, Jaramillo había sido asesinado y los otros dos que había elegido como alternativa habían corrido la misma suerte: Galán y Pizarro. «Eso cambió mi vida porque fue la primera vez que sentí que unos tipos armados eran capaces de quitarnos la posibilidad de elegir. Era como sentirse amarrada».

Entre pupitres y ausencias

López tiene ahora 43 años de edad. Nació cuando sus padres tenían 20 años, y por esas coincidencias que atan un hecho con otro en su vida, los dos nacieron el mismo día, del mismo año. Y terminó siendo la hija única de esa unión por un hecho que ella suele recordar casi de manera exacta: la muerte de su hermana menor.

Claudia tenía cuatro años y medio de edad y su hermana Martha uno menos, cuando esta última perdió la vida jugando a saltar sobre una claraboya. Habría podido ser cualquiera, una de ellas o alguno de los dos primos con que jugaban, al final fue Martha la que cayó al partirse la claraboya y la que se fracturó el cráneo.

A partir de allí la vida le cambió. Se convirtió en una niña protegida, consentida, a la que le duró el reinado hasta los diez años de edad, cuando sus padres empezaron a tener hijos con sus nuevas parejas, pues se habían separado hacía mucho y Claudia López vivía con su madre. Pero también perdió todos los recuerdos de los dos o tres años posteriores al accidente, como si su memoria se hubiese quedado estancada en el minuto en que su hermana salió en una ambulancia de su casa.

De aquellos tiempos solo queda el recuerdo del ternero y la apuesta. Y no solo en su memoria, sino en la de algunos amigos cercanos que la relatan como un referente de la otra mujer, la que no se conoce en los medios o de la que no se habla en eventos públicos.

A los seis años de edad, vivía en la Escuela La Granja en Engativá, una zona de Bogotá que para entonces 
más que parques y construcciones tenía potreros. Vivía allí porque su madre se acogió a un programa que tenía la Secretaría de Educación que permitía a personas externas a la entidad o profesores de escuelas públicas vivir en ellas sin pagar arriendo, siempre que se comprometieran a realizar las labores de vigilancia y aseo. Obviamente, hasta que tuvieran casa propia, algo que no sucedería en su vida hasta que cumplió 18 años de edad. Por tanto, los primeros años de su existencia pasaron entre aulas y escuelas de las más variadas zonas de Bogotá.

Así como su madre vivía del salario de maestra, su padre realizó las más variadas labores durante su vida. Fue desde mensajero de una empresa de químicos para extintores, de la cual luego llegaría a ser gerente, hasta vendedor y abarrotero. Un abarrotero cuyos inventarios siempre se descuadraban en el item «lecheras» por los saqueos de su hija.

Pese a ello, y a no tener muchos recursos decidieron esforzarse por enviar a su hija a un colegio privado bilingüe durante su primaria. Es por ello que Claudia López terminó estudiando en el Joaquín Castro Caicedo, y viajando todos los días desde La Granja hasta la calle 73 con carrera novena, donde quedaba el colegio.

Si bien, su mamá la podía dejar allá en las mañanas, en la tarde regresaba sola, pues las rutas del colegio no llegaban hasta ese sector. En esas caminatas de vuelta a su casa es que Claudia López se hace amiga de un niño de su edad que cuida todos los días al mismo ternero en un potrero y con el que juega fútbol de vez en cuando. Con el cual deciden apostar un día en un partido de banquitas. Al final la goleadora Claudia ganó el partido, ganó el ternero y se lo llevó a su casa en la escuela.

Pero su primera y única res, le duró pocas horas. Una vez regresó su mamá, a pesar de las pataletas y argumentaciones de Claudia sobre las ventajas de tener una vaca lechera en la casa, la mamá la convenció de devolverla al hacerla sentir culpable por la golpiza que imaginaba le habrían dado al perdedor. Al final, pasadas las 7 de la noche, ambas salieron linterna en mano a buscar entre los potreros a los verdaderos dueños y regresaron al ternero que podría haber cambiado la vocación de Claudia, como ella misma dice en tono de chiste cuando se le pregunta por la veracidad de la anécdota, podría «haber terminado en Fedegán».

La verdad es que esta historia no tendría mucho valor, a no ser porque la investigadora y política que hoy todos los que han trabajado con ella o conocen personalmente definen como la más nerd, poco tuvo de ello en varios años de su vida. No solo por ser la más mimada durante varios años, sino porque la adolescencia le llegó con toda.

Esos tiempos de colegio bilingüe, compartidos con horas en la escuela en las que veía a su mamá enseñar a los niños de primero a leer y tenía decenas de amigos por ser la hija de la profe, que remataba con sábados en los que tenían que lavar 15 salones de clase, baños de toda la escuela y patios inmensos en compañía de su madre y otra colega para cumplir con el acuerdo con la Secretaría se quedarían atrás durante la secundaria.

Para empezar, su mamá se casó con otra persona y tuvo tres hijos más, Carolina, Jason Eduardo y José Luis (a los dos últimos, Claudia los llama los griegos, pues uno estudió música y el otro filosofía). Por su lado, Reyes López tendría dos hijos más, Ginna y Andrés Javier.

Así que a partir de los 10 años de edad, el reinado de Claudia llegó a su fin y fue compartido por cinco hermanos con los que mantiene una estrecha relación. «Tener hermanos lo obliga a uno a ser mejor persona. Todo eso que se llaman valores, como respeto, tolerancia, es algo que se aprende con ellos».

También se quedó atrás el colegio privado y durante sus primeros tres años de secundaria fue al colegio oficial Policarpa Salavarrieta. De su buen promedio escolar de la primaria, fue quedando poco: en primero 
habilitó, en segundo rehabilitó y en tercero perdió el año. Por esta y otras razones, sus padres decidieron someterla a uno de los castigos clásicos de la época: mandarla a un internado.

Así fue a parar a Funza, Cundinamarca. A un colegio femenino llamado Nuestra Señora del Rosario. Allí llegaba Claudia todos los domingos en la tarde, para salir solo los viernes al final del día. Entre semana, compartía la habitación con otras 150 estudiantes, se levantaba a las 4:50 a.m., se duchaba en el edificio del frente (por los problemas de agua potable que aún tiene el municipio), faltando 10 minutos para las seis de la mañana entraba a misa y a las 6 y 15 tenía que desayunar. A las 6 y 45 regresaba al edificio del frente para tomar las clases y luego del almuerzo a meterse en silenciosos salones de estudio. A las 8:00 p.m. debía estar acostada.

Durante los tres años que pasó allí se acostumbró a madrugar y a oír música solo una vez a la semana. Hoy mantiene la manía de levantarse a las 5 y 30, aunque esté de vacaciones. Cuando se le pregunta a ella por esa imposibilidad para quedarse hasta tarde en la cama, su respuesta tarda más de diez minutos y se convierte en un recuento histórico de los hechos que han marcado la historia nacional desde Rafael Nuñez hasta hoy. Para al final aducir, que con todo lo que pasa no hay tiempo para estar durmiendo.

Con ella todo es así, ninguna respuesta es breve, ningún comentario deja de tener alguna alusión política, ninguna intervención la mantiene indiferente. El día que se cayó el muro Claudia López terminó secundaria en 1987 y se convirtió en estudiante de Biología en la Universidad Distrital. Aunque hizo esa elección por gusto, su verdadera obsesión era la medicina. Pero en este tema, como sucedió en otros campos de su vida, el destino terminó oponiéndose.

Nunca logró estudiar esa carrera en la Universidad Nacional a pesar de haber intentado ingresar tres veces. Así que se quedó en la Distrital y allí la sorprendió el Movimiento de la Séptima Papeleta, una iniciativa que la llevó a replantearse su destino y gracias a la cual encontró a algunos de los mejores amigos de la vida: Fabio Villa, Alejandra Barrios, Catalina Borrero y Ana María Ruiz, quien actualmente maneja su campaña de prensa como candidata al Senado, entre otros.

Gracias a su experiencia en las urnas en 1990 y a todo el movimiento estudiantil que derivó en la Constituyente del 91, Claudia decidió dejar atrás la idea de insistir en la Universidad Nacional y cambiar de rumbo. Así que pidió un crédito al Icetex para estudiar Relaciones Internacionales en la Universidad del Rosario, pero no pasó la entrevista.

Sin embargo, y como ya se había convertido en visitante asidua de la entidad crediticia, una funcionaria le contó que estaban dando becas para estudiar medicina en Polonia. Esta fue la última vez en que la luchó para llegar a ser médica. Al final, lo logró, se ganó la beca y empezó a alistar sus cosas para irse a Varsovia. Pero el muro de Berlín se vino abajo, el gobierno polaco se cayó y la beca nunca se pudo hacer efectiva. Como quien dice, el mundo también se puso en contra de la Claudia de bata blanca.

Todas estas coincidencias la llevaron finalmente al Externado de Colombia. Gracias a que mantenía la posibilidad del crédito y a los consejos de Alejandra Barrios terminó estudiando allí Gobierno y Relaciones Internacionales. Pues, al final lo único que tenía claro es que no quería estudiar derecho, pues para ello se necesita más ponderación que pasión, que es lo que a ella le sobra.

De campaña con Peñalosa

La primera vez que Claudia López tuvo alguna relación con Enrique Peñalosa fue como alumna. Él fue uno de sus maestros en la universidad. Para entonces, Claudia era de las pocas estudiantes que tenía 20 años de edad al arrancar una carrera, lo que la convirtió automáticamente en el vejestorio del curso.

Vivía en el barrio Candelaria La Nueva en Ciudad Bolívar, gracias a que por fin 18 años después de insistir, su madre había logrado que le hicieran un préstamo para comprar vivienda propia. Trabajaba en lo que le saliera para poder costear las fotocopias, los gastos de transporte y ayudarle a su mamá, quien se había separado y mantenía a sus tres hermanos. Durante esos años, fue mesera, recepcionista, secretaria, operaria de una fábrica de equipos de odontología e incluso payasa, titiritera y recreacionista en 
Bosquechispazos.

Esas particularidades la llevaron durante cuatro semestres a tener muy pocos amigos. Siempre salía al terminar las clases para algún trabajo, no podía quedarse «parchando como los demás» y nunca coincidía con compañeros en el bus o la buseta, pues ninguno vivía en Ciudad Bolívar.

Sin embargo, fue allí en donde conoció a Andrés Pacheco, uno de los más grandes y queridos amigos de su vida. Y a través de él llegaría a la campaña de Enrique Peñalosa, quien se preparaba para competir por la Alcaldía de Bogotá.

Luego de pasar por todos los trabajos posibles, Claudia López conseguiría su primer contrato como consultora en cuarto semestre. Ella y su grupo de amigos provenientes del movimiento La Séptima Papeleta fueron a tomar onces a la casa de Catalina Botero, hoy Relatora de la ONU para la Libertad de Expresión. Ese mismo día, unas horas más tarde, la mamá de Catalina tenía un evento mucho más sofisticado en su casa. Al final, los dos grupos terminaron juntándose y hablando. Los invitados de la mamá de Catalina eran miembros del programa Hábitat, de la ONU, a punto de iniciar una investigación con el fin de facilitar un préstamo al gobierno colombiano para adelantar un proyecto de vivienda en Ciudad Bolívar. Al saber que Claudia vivía allí y que se conocía la zona de memoria, no solo la convirtieron esa noche en el objeto de estudio, sino en consultora durante la investigación.

Lo que ganó en cuatro meses por ese trabajo, sumó más de lo que había ganado en todos los demás trabajos en dos años. Ese hecho cambia su vida universitaria y como lo dicen sus amigos da inicio a su «proceso de gomelización». De principio, puede dejar de trabajar un tiempo y entrar en las rutinas de sus compañeros y compra el primer reloj caro de su vida. Lo cual tiene sentido, pues a ella lo que la enloquecen son los perfumes («uso desde que tenía como tres años porque un pariente cercano trabaja en una tienda del aeropuerto y me traía las muestras gratis») y los relojes.

Pero claro, pasados unos meses regresó la necesidad de buscar trabajo y es allí cuando Pacheco le cuenta que están buscando una investigadora, que sepa mucho de Bogotá para trabajar con Enrique Peñalosa. Pese a que el trabajo parecía pensado para ella, López lo dudó. Peñalosa le caía mal, le parecía un «tipo arrogante», pero al final Pacheco la convenció.

Claudia López fue clara con Enrique Peñalosa desde que la entrevistó para el trabajo. Le dijo que si las elecciones fueran ese día, ella votaría por Antanas Mockus. Él solo le dijo que arrancara a trabajar y hablaban en un año. Cuando se venció ese término de tiempo, López no solo estaba comprometida a hacer campaña por él, sino que lo quería como ser humano y como político.

Al final, Enrique Peñalosa perdió en las elecciones contra Antanas Mockus, quien lo derrotó en las urnas en 1995. Esa derrota sería la causa de la segunda profunda tristeza política de Claudia López, luego del asesinato de Bernardo Jaramillo. Esas son las dos veces que más recuerda haber llorado por asuntos que no tienen que ver con su vida amorosa, personal o familiar.

Tendría que esperar a que culminara el primer periodo en la Alcaldía de Mockus para ver por fin a Peñalosa elegido como Alcalde en 1997. De la mano de él entró a la administración distrital, llegando a la Dirección de acción comunal. Un despachoque bajo la dirección de Luis Fernando Ramírez, durante la alcaldía de Mockus, había iniciado un proceso de reestructuración que le llevó a disminuir y a profesionalizar la planta de personal, mejorar las instalaciones físicas e impulsar un proceso en el que no se intercambiaran recursos por votos o favores.

Ella reconoce ser heredera de ese proceso, dentro del cual reforzó el trabajo de las juntas de acción comunal a partir de la formulación de proyectos sobre las verdaderas necesidades de la zona e impulsó además el programa Tejedores de Sociedad que durante varios años, hasta la alcaldía de Lucho Garzón, permitió a jóvenes de escasos recursos formarse en áreas artísticas. Si bien López apenas tenía 27 años cuando se posesionó en ese cargo, quienes conocen su gestión en esa área destacan los resultados.
Amores y desamores

A partir de allí, la vida de Claudia López es un remolino de estudios,trabajos e ideas. Al salir del cargo en la Alcaldía se fue a estudiar inglés y posteriormente se ganó una beca para hacer una maestría en Columbia. Durante ese tiempo, y dado que esta beca tampoco daba para tanto, se mantuvo lavando baños y arreglando casas, pues era mejor pago ese trabajo que cualquier otro que pudiera conseguir.

Al regresar al país empieza a trabajar en el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo. Pero esa etapa de su vida será breve de nuevo por obra y gracia de la política. Allí duró solo año y medio, pues Enrique Peñalosa la llama para decirle que va a lanzarse como candidato independiente para competir por la Presidencia de la República y ella decide irse a trabajar nuevamente con él.

Por razones distintas, un tiempo atrás Claudia López conoció a Juanita León, quien era directora de Semana.com. Dado el conocimiento que tenía sobre políticas públicas y otros temas, Juanita la invitó a escribir en la versión online de la revista. Aunque la idea le daba vueltas en la cabeza, no se cristalizó de inmediato.

Su entrada a los medios se daría unos meses después cuando Peñalosa anunciara que había decidido unirse con los liberales e ir a la consulta para competir con Serpa por la candidatura roja. Este hecho ocasionó su primera y más fuerte ruptura con su antiguo líder político, a quién Claudia López cuestionó fuertemente por traicionar su postura independiente y unirse a un partido que en ese momento, en su criterio, no podía representar ninguna renovación política.

Finalmente, en 2005 Claudia López llama a Juanita León y le dice que tiene su primera columna. El contenido es justamente un análisis de la «traición» de Peñalosa a los ideales políticos que había defendido. Desde entonces, López y Peñalosa casi ni se hablan.

De la política a la parapolítica

 Pero pocos colombianos recuerdan a Claudia López por estos hechos. La mayoría de quienes la reconocen en la calle o la citan en debates públicos saben de ella por sus revelaciones sobre la parapolítica. «Yo había hecho en la Misión de Observación Electoral una serie de investigaciones sobre las zonas donde se presentaron votaciones atípicas que terminaron convertidas en mapas. Simultáneamente Juanita León estaba trabajando en algunos mapas sobre la expansión paramilitar en Colombia. En algún momento hablé con ella para contarle y ver si los podía publicar, acordamos al final que ella me mandaba los que estaba haciendo solo para verlos».
Al recibir los mapas de León, López pensó que se había equivocado y le había regresado sus propios mapas. Pues coincidían exactamente las zonas de más despliegue paramilitar con aquellas donde se eligieron congresistas con votaciones completamente atípicas.

Al final la conclusión fue que un fenómeno estaba claramente relacionado con el otro. Con semejante bomba en las manos, intentaron primero publicar el especial en la Revista Semana impresa, pero no les dieron espacio. León, quien para entonces dirigía ya Semana.com, decidió entonces publicar el informe solo en la versión online.

Lo increíble es que por varios meses nada pasó. Nadie comentó lo que se había publicado, ni los otros medios de comunicación reaccionaron. Habría que esperar a diciembre para que a partir de unas declaraciones de Gina Parodi, en las que se negaba a encabezar la lista de La U al Senado si Juan Manuel Santos, su director, no expulsaba del partido a todos aquellos que —según los mapas de Claudia— eran sospechosos de tener relaciones con las auc, los informes recobraran vigencia y los demás medios empezarán a difundirlos.

A partir de 2006, año en que finalmente el escándalo toma fuerza, 42 de los congresistas denunciados por López de tener vínculos con los paramilitares han ido a la cárcel. Una lucha que aún no termina para López, cuyo último golpe en ese sentido se lo asestó a Kiko Gómez, exgobernador de la Guajira, actualmente detenido por presuntamente participar en el asesinato de tres personas. Las denuncias contra Gómez que finalmente hicieron que fuera destituido e inhabilitado por la Procuraduría y luego detenido por la Fiscalía, según López son resultado de las denuncias hechas en La Silla Vacía.

De mediática a candidata

Su paso por los medios la ha llevado por Semana; El Tiempo, en donde tuvo una columna por varios meses hasta que le exigieron renunciar por criticar informaciones políticas del mismo medio; La Silla Vacía, en donde tuvo una columna por algún tiempo, y Hora 20, un programa radial en donde eventualmente es invitada como analista.

Claro, también está La Luciérnaga, un programa radial de Caracol que entre información seria y humor lee a diario la realidad nacional. Allí, Claudia López tiene un doble que habla como ella, pelea como ella y tiene su misma voz. Aunque ella insiste en que a diferencia del personaje radial, ella nunca ha usado la palabra compañero. Oír a la Claudia de la Luciérnaga es de las pocas cosas que la hacen sonrojar y avergonzar, algo que le pasa con frecuencia en los taxis bogotanos.

Con todos estos antecedentes, al final López ha terminado donde se suponía: haciendo política. Ahora, tras pasar también por la Fundación Arco Iris donde realizó varias de las investigaciones sobre la parapolítica y la captura del Estado que la han hecho conocida a nivel nacional, es candidata al Senado por la Alianza Verde Progresista. Irónicamente el mismo movimiento en el que anda en campaña Enrique Peñalosa, cuya presencia ella ha defendido dentro del naciente Partido.

Sigue siendo como lo fue en todos sus trabajos anteriores: una perfeccionista absoluta. Con la que muchos dicen, no es fácil trabajar, pues cada error se convierte en una tragedia. Ella lo acepta, sabe que revisa cada dato y cada letra, pues en sus áreas de investigación un error es imperdonable. Pero también argumenta que si ella trabaja como un burro, por qué los demás no pueden hacer lo mismo.

Y así es. Ahora en plena campaña se sigue levantando a las 5 y media de la mañana. Y como en un ritual aprendido, prepara café. Oye las noticias, lee los periódicos y sitios online, trina en Twitter (hay trinos suyos a horas como las 6:00 a.m.) y concede todas las entrevistas que le pidan hasta las 8 de la mañana. Ese es el límite máximo en el horario matinal, pues a esa hora Matías, un Golden Retriever, que es su adoración, exige salir a pasear. Así que todo se detiene por media hora para que Claudia y Matías se vayan a la calle.

Del contar al hacer

Es raro, pero cuando se le pregunta a personas cercanas y a López por qué terminó pasándose a la política como candidata, la respuesta es similar: porque no basta con contar sobre los malos o hablar de lo mal que va el país, hay que poder hacer, hay que poder cambiar.

Eso es lo mismo que a veces ella repite a sus posibles electores cuando sale al mediodía o a media tarde a hacer campaña en la calle. Mientras reparte volantes y periódicos en compañía de tres o cuatro voluntarios que, al menos en las jornadas que estuve, aguantan el sol y las prisas de los empleados y estudiantes que requieren regresar a sus labores antes de que termine la hora de almuerzo.

López se ha ganado fama de «brava». Una de las críticas que con mayor frecuencia se le hace es que reacciona de manera vehemente en las discusiones o debates; o que a veces en medio de su impulsividad lanza acusaciones que luego la meten en problemas o que va bloqueando followers en Twitter por llevarle la contraria. Claro, igual muchos le reconocen que su gran virtud es justamente esa de no querer quedar bien con nadie, de decir lo que piensa sin filtro y sin hipocresías.

Pero, claro en política es a otro precio. Y en la calle, Claudia López se ve como siempre: afanada pero tranquila. En una correría por las cercanías de la calle 72, un estudiante universitario le dice: «Uribe es tu papá», ella sonríe y solo dice, «bueno, veamos».

Esta es de las pocas veces en que no le reciben el volante o le responden directamente que no votarán por ella. Pues logra repartir cerca de mil periódicos y volantes en menos de una hora y de paso se ha reencontrado con excompañeros de la Distrital, ha conocido a personas que dicen admirarla, otras que le dicen «Doctora, yo la veo en televisión», y se ha cruzado con cientos de personas que no la conocen, pero reciben la publicidad política de su candidatura al Senado.

Para ella parece fácil esto de hacer campaña, a fin de cuentas siempre está hablando de política o de educación o de temas de este corte. Para llevarla a otro tema casi hay que marcar un cierre definitivo de capitulo y abrir otro. Por eso cuando dice en las vacaciones que va a leer, sus amigos no la ven leyendo revistas sino mamotretos sobre política pública o textos que le servirán de materia prima para el doctorado que adelanta actualmente en Estados Unidos.

Poco habla de su vida afectiva, ese nunca ha sido un tema pues como ella misma dice jamás ha hecho política ni centrado su trabajo en temas relacionados con su orientación sexual. Hay quienes lo hacen y ella dice admirarlos, pero no es su caso. Lo único que se sabe en torno a ese tema es que todas sus relaciones sentimentales parecen estar condenadas a terminar cuando llegan a los cinco años de existencia y que sus despechos son largos y dolorosos. Por ello cuando su pareja actual, Angélica Lozano, le propuso ser su próxima pareja, ella le respondió: «No, no quiero ser la próxima, quiero ser la última».

Sus obsesiones son otras. Las mismas que son el eje de su campaña, todo el tema de tierras y planificación urbana (que posiblemente se vincula con sus orígenes y los 18 años que duraron tramitando un préstamo para una casa propia) y la educación. Además de quitarse de la cabeza distintos prejuicios durante su paso por el Externado, allí aprendió que en la vida práctica es cierto aquello de que la educación es un vehículo social impresionante. A ella, al menos, le cambió la vida para siempre el haber estado allí y el haber conocido a quienes conoció.

Si bien, hace unos meses le fue diagnosticado cáncer de seno, López no habla sobre eso. Dice que todo está bien, que todo salió de la mejor manera y que sigue adelante. Su respuesta es distinta cuando se le pregunta por el precio, que ella ha denunciado, le han puesto en La Guajira a su cabeza. «Cuando a uno lo amenazan de muerte no se siente miedo, solo una profunda soledad, como si nada más existiera. De pronto, en pocos segundos, es como si uno estuviera solo en el mundo».

Al final, en marzo de este año los resultados electorales le dirán a López si está tan sola como se siente a veces. O si el papel de visagra que le encomiendan algunos entre los verdes progresistas tiene éxito. Si López fracasa y no llega al Senado se dedicará a terminar su maestría y a seguir adelante, una práctica que aprendió de sus padres.




Claudia López supera a Navarro en los verdes

Horacio Serpa, entre tanto, es líder sólido en las votaciones del Partido Liberal.


Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM
Los candidatos por los diferentes partidos políticos que encabezan las listas del Senado.
Los candidatos por los diferentes partidos políticos que encabezan las listas del Senado.
Mientras se disputan las curules por el Congreso de la República entre los partidos, son varias las sorpresas que se ven entre los aspirantes que encabezan las votaciones de los partidos, frente a los que fueron escogidos para llevar el número uno en las listas y en el tarjetón.
Escrutado casi el 90 por ciento de los sufragios, la analista Claudia López le da la sorpresa a Antonio Navarro en el Partido Verde. Cuando se decía en las encuestas que el ex gobernador de Nariño sería el principal elector, López, nueva en la política, lleva más de 48 mil votos, frente a 30 mil de Navarro.
En el Partido Liberal, por el contrario, los electores le dan, por ahora, la confianza a Serpa, quien lidera de lejos la votación de su movimiento. Le sigue Andrés Cristo.
En la U, el cabeza de lista, Jimmy Chamorro, está lejos del primer lugar, que hasta el boletín 28 era de Musa Besaile. El segundo es Bernardo Elías. Chamorro es 11. Por debajo, de 12, está Armando Benedetti, una de las figuras más reconocidas de 'La U'.
En el Partido Conservador, su cabeza, Roberto Gerlein, es primero en las votaciones. En Cambio Radical gana el primer puesto Arturo Char, por encina de Carlos Fernando Galán, seguido por Germán Varón Cotrino.
Lo mismo sucede en el Polo, donde Robledo tiene la gran mayoría de votos, con un segundo lugar de Iván Cepeda Castro. En Opción Ciudadana, el primer puesto es para Nerhink Mauicio Aguilar Hurtado.
Otros partidos, como el Mira y Centro Democrático, tienen lista cerrada encabezada por Gloria Stella Díaz y Álvaro Uribe, respectivamente.
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM


ANA CRISTINA RESTREPO 14 MAR 2014 - 8:45 PM
Casa de campo

¿Quién le teme a Claudia López?

Ana Cristina Restrepo
Ella pertenece a la generación de la desesperanza, esa que no pudo estrenar la cédula en las elecciones presidenciales de 1990 como hubiera querido. La que presenció cómo las urnas electorales se transformaron en urnas funerarias: Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro.
Por: Ana Cristina Restrepo

Claudia López creció en un hogar de cinco hijos, con una profunda inquietud política. La madre: maestra de escuela pública, sindicalista, polista; petrista furibunda. El padre: comerciante, lector asiduo, miembro de la lista al Concejo de Luis Carlos Galán; admirador de Álvaro Uribe.
La senadora electa estudió biología en la Universidad Distrital, hizo parte del movimiento estudiantil por la Constituyente. Su curiosidad siguió consolidándose en la universidad privada: estudió gobierno y relaciones internacionales, es magíster en administración pública.
Cuando regresó a Colombia, después de cursar la maestría en Estados Unidos, tuvo una especie de epifanía: “Prendí el televisor. Observé una sesión del Congreso, con paramilitares encorbatados que decían haber salvado a Colombia del comunismo. En medio del comité de aplausos de esos masacradores, integrado por 25 congresistas, recuerdo que sólo protestaron tres: Rafael Pardo, Gina Parody y Gustavo Petro”.
Entonces se dedicó a indagar, a publicar: ¿quiénes eran esos congresistas? Colombia supo de la parapolítica: “Los políticos corruptos no resisten una luz encima, son vulnerables porque tienen que dar la cara”.
Columnista de Semana.com y de El Tiempo (diario del cual fue expulsada) e investigadora de la Corporación Nuevo Arcoíris, ha contado con el apoyo de entidades como Human Rights Watch.
López no es una líder política convencional: no tiene apellidos ni padrinos. No es cuota de nadie. Llega al Senado catapultada por su propia voz: la de sus investigaciones.
Sus debates serán como para alquilar balcón. En 2008, la periodista Laura Ardila se preguntaba en estas páginas: “¿Quién le teme a Claudia López?”…
¿A quién, a qué le teme López? “Sólo temo al desafecto y a la ruptura de la muerte. Todos nos deberíamos morir de viejitos, tranquilos”.
Su discurso —fuerte, atrevido— se basa en una idea breve y compleja: igualdad ante la ley.
Ella goza de la libertad de quien no tiene favores por pagar: 81.045 personas votaron por ella (dobló su expectativa de 40.000). Y, también, por lo que su figura representa.
Aunque la actual campaña a la Presidencia cuenta con dos candidatas (difícil encontrar una hoja de vida, de hombre o mujer, tan brillante como la de Clara López Obregón), seguimos siendo un país con referentes políticos femeninos elegidos por la presión de las maquinarias y el relleno de la Ley de Cuotas: de ahí la continuidad de las viudas de la mafia y la parapolítica.
Casos como el de esta senadora del Partido Verde cuestionan los argumentos de la discriminación positiva como única manera de alcanzar la equidad de género en la participación política.
Claudia López no es la “sorpresa”, como recalcan algunos medios de comunicación. Es la piñata completa. Y viene con todos los juguetes.

*Ana Cristina Restrepo Jiménez

Y MIENTRAS TANTO

Danilo Arbilla 7 Mar 2014 - 11:00 pm

Y mientras tanto…

Danilo Arbilla
“Hoy en Venezuela todas las noches son de cuchillos largos y cristales rotos”.
Por: Danilo Arbilla
  • Un incansable corresponsal me hacía llegar ayer  ese mensaje. La noche anterior las bandas armadas, los muchachos de Maduro,  auténticos fascistas  coordinados con las “fuerzas de orden”  habían arrasado nuevamente con perdigones y gas lacrimógeno a discreción y sin respetar domicilios y tanquetas aplastaban a los automóviles estacionados a los que los “auténticos muchachos” se dedicaban a incendiar.
Mientras tanto,  el presidente Obama encaraba personalmente la  crisis en la lejana  Crimea y la suerte de sus dos millones de habitantes, en su gran mayoría rusos o pro rusos,   sin referirse  ni manifestar  inquietud  por la suerte de 30 millones de venezolanos  cuyos derechos son avasallados, y que son violentamente reprimidos, ahí nomás, a muy pocos pasos de los EEUU.
El  caso Venezuela, un gran proveedor de petróleo y cliente de los EEUU pese a tan malas relaciones, se ha dejado en manos de la OEA, al decir de meros “ portavoces.
¡La OEA¡ Pobres venezolanos.  Al escribir esta columna el Consejo de la OEA está reunido en Washington, pero me arriesgo a anticipar que no va a pasar nada digno de destaque y menos de aplauso. Seguramente no saldrá una reunión de Cancilleres para analizar  el tema venezolano, ni se concretará una misión  a Venezuela para ver las cosas in  situ, ni surgirá una fórmula para efectivizar una diálogo en serio  con por lo menos un seguimiento desde la organización. Ni que hablar de una condena a Maduro. También descarto, porque sería vergonzosa, una resolución, como la propuesta por Bolivia, reforzando la legitimidad de Maduro – sobre la que no pudo haber recuento ni seguimiento ni por parte de sus amigos de la Unasur- y respaldándolo por sus llamados a la paz y al diálogo.
Lo que se sí puede rescatar de esta participación es la conducta digna y valiente del Gobierno de Panamá. Una actitud doblemente valiosa por cuanto pone en el tapete, de una vez por todas, el tema de la represión y del quehacer antidemocrático del gobierno bolivariano y  la vez deja más al desnudo, si cabe, a otros gobiernos que  han renunciado a su deber de defender la democracia y los derechos humanos y en los hechos han sido los principales sostenedores, por no decir cómplices, del gobierno de Maduro .
Los panameños no tuvieron miedo a las ordinarieces e insultos de los bolivarianos, inaugurados por Chávez y continuados, más guturalmente, por Maduro. No optaron tampoco por el silencio, tan ominoso,  para cuidar las “ relaciones diplomáticas. Y  lo hicieron convencidos que era más importante ayudar al pueblo venezolano que pensar en que Maduro aprovecharía la circunstancia para quedarse con la plata – entre  mil y mil doscientos millones de dólares- que Venezuela le debe a Panamá.
Está claro lo de Panamá, lo que parece importante  aclarar es por qué no lo hicieron los otros. ¿Por miedo a ser insultados? ¿Para no perder la cuota de petróleo barato? ¿para poder seguir sacando la “ gran tajada” de la economía venezolana y seguir llevándose las riquezas de Venezuela? ¿paran poder cobrar lo que Venezuela les debe? ¿para no perder un socio comercial? para evitar que en la interna y en épocas electorales el subsidio y las maletas vayan para los otros? O ¿para qué no fracase o corra algún  riesgo cierto programa, o “conversaciones”, que se considera claves para lograr una reelección?
La prensa, los periodistas, al tiempo de informar con  profesionalidad y darle el mayor espacio a lo que está ocurriendo en Venezuela,  deberían  abocarse a la vez a la búsqueda de las respuestas a aquellas preguntas  las que sin duda van a ilustrar mucho sobre los reales valores y cuales los intereses de esos gobernantes “ ajenos“, ausentes y silenciosos . Poner al descubierto ante la opinión publica de cada país  esos porqués,  expondrá y obligará a sus gobiernos a asumir posición y a actuar. Y esto, sin duda alguna, ayudará más a los venezolanos, a la democracia en Venezuela y en la defensa de los derechos humanos, que cualquier solidario editorial que se escriba

AQUI LES CANTO MI VOTO

Esteban Carlos Mejía 7 Mar 2014 - 8:40 pm
Rabo de paja

Aquí les canto mi voto

Esteban Carlos Mejía
Las elecciones de este domingo serán históricas, como siempre.
Por: Esteban Carlos Mejía
  • Y, además, inéditas. Por primera vez un expresidente de la República (en dos tandas, para acabar de ajustar) quiere ser senador. Mejor dicho, volver a ser senador, pues ya en la década del 90 cabalgó en una curul del Partido Liberal con su ponencia a favor de la Ley 100 de 1993 (“Por la cual se crea el sistema de seguridad social integral y se dictan otras disposiciones”), esa que daña sin remedio la salud de millones de colombianos.
Se despejará la incógnita. Al final del día sabremos si el capataz Uribe se quema o nos quema a todos. Si saca 40, 35 o 25 senadores, como fantasean los uribeños más frenéticos, la nación entera vivirá una hecatombe: a la berraca tratará de embutirnos otra vez sus tres huevitos podridos: la seguridad pseudodemocrática (exagerado gasto militar, falsos positivos, chuzadas), la desconfianza inversionista (TLC con EE.UU., implantación del Consenso de Washington, modelo Carimagua, Agro Ingreso Seguro) y la cohesión antisocial (Estado de opinión, “todo vale”, “le rompo la cara, marica”). Si, en cambio, apenas saca doce, diez o menos senadores, se le agriará el genio (¿más?), clamará venganza, insultará, amenazará, gritará y gritará y gritará, pesadilla sin fin.
¿Y el voto en blanco? Valiente embeleco. Como bien dijo Jorge Orlando Melo (El Tiempo, 4 de marzo de 2014, http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jorgeorlandomelo/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-13595658.html): “votar en blanco sirve para apoyar a los partidos tradicionales que son los que rechaza quien vota en blanco, y para darles duro a los pequeños, a los nuevos, a los que tratan de dar una perspectiva diferente”.
Gracias a los dioses, entre la hecatombe uberrimista y la negligencia infantiloide del voto en blanco, ya escogí por quién votar. Para Senado votaré por Jorge Enrique Robledo (Polo, 1). Robledo es vertical e inquebrantable. Sus debates de control político a los gobiernos de “San Antoñito” Uribe y Santos han sido fulminantes. Toda la vida ha militado en una izquierda sin coqueteos ni devaneos ni nada con la lucha armada, el foquismo guerrillero o las Farc. A veces parece inflexible. ¡Qué tal que no! ¿Dónde estaríamos sin el dogmatismo de Robledo, sin su implacable oposición al neoliberalismo y sus fantoches, los juanmanueles de hoy y de ayer? Ahora propone, en otros temas, la renegociación de los TLC, algo que Colombia debe hacer por mera dignidad nacional.
En Antioquia votaré a la Cámara por Rodrigo Saldarriaga (Polo, 101). Rodrigo es director del Pequeño Teatro de Medellín, que, a pesar de su nombre, hace teatro en grande. Pensador indoblegable, llama a las cosas por su nombre. Al imperialismo, imperialismo. Al neoliberalismo, neoliberalismo. Al santismo, uribismo. Jamás se ha arrodillado ante nadie. Bueno, sí, ante William Shakespeare, cuyas obras se atrevió a montar y dirigir en una Medellín pacata, reaccionaria y fenicia. Tampoco es perita en dulce. ¡Siquiera!
Ojo: algunos votan mal el domingo y el lunes se amargan porque sus elegidos no gobiernan bien. Por eso, aquí les canté mi voto.
Rabito de paja: si viviera en Bogotá, votaría para Cámara por Germán Navas Talero (Polo, 101), otro crítico infatigable del Principado de Anapoima.

POLITICA EN FAMIEMPRESA

Hernando Gómez Buendía 7 Mar 2014 - 10:50 pm

Política en famiempresas

Hernando Gómez Buendía
El domingo dizque vamos a escoger entre 2.386 candidatos.
Por: Hernando Gómez Buendía
  • Pero según las encuestas, la mayoría de los elegidos –—tal vez 9 de cada 10— van a ser congresistas, excongresistas, esposas o hijos de congresistas.
Los hay de todos los colores. Encabezan cada una de las listas al Senado: Uribe, Serpa, Chamorro, Gerlein, Galán, Robledo, Navarro, Díaz y hasta Piñacué. Están los hijos de Serpa, de Galán, de Lara, de Córdoba, de Name, de Garzón, de Char, de Valencia y otros muchos caciques regionales. Están también esposas, hermanos y sobrinos de excongresistas o exgobernadores condenados por bandidos: Cáceres, Blel, Ramírez, Sánchez, Gil, Suárez, Aguilar, López, García, Ramos…
Los pecados por supuesto no se heredan, y en una democracia no se puede prohibir que una persona deje de aspirar debido a su apellido. Pero tampoco se heredan las virtudes, y en todo caso la probabilidad de familias repetidas por “chiripa” en el 90% de las curules en un país del tamaño de Colombia es como una ¡en nueve mil millones!
No es chiripa: es el rasgo más estable y también más importante de la política colombiana, el producto combinado de su historia y de las reglas del juego electoral.
En efecto: la Corona Española repartió la tierra y los indígenas de este “país de regiones” entre señores que, a lo largo del siglo XIX, arrastraron a sus siervos para formar los partidos y las guerras. A medida que el sufragio se extendía y que el Estado central ganó importancia, los señores regionales empezaron a mandar sus hijos al Congreso para cuidar sus tajadas respectivas.
El Congreso hace las reglas y por eso, a pesar de tantos cambios, se ha mantenido el monopolio de barones regionales. El mayor desafío a ese Congreso de terratenientes fue la circunscripción nacional para Senado en la Constitución de 1991, pero sabemos en qué acabó esta figura (y sabemos que ahora están buscando acabarla).
El secreto consiste en preservar “el sistema electoral más personalista del mundo”. Primero fue la feria de partidos y de avales. Ahora son las listas únicas con umbral, pero con voto preferente: 2.386 nombres que confunden a cualquiera. En esta gran dispersión el apellido conocido es, de entrada, una ventaja. Pero la clave es tener bastantes votos para ganarles a los competidores dispersos: votos fijos, aunque no más de los votos necesarios. Y esta es la definición exacta de la clientela que controla una familia política local.
Los partidos nacionales se limitan a juntar familias regionales. Lo hace Uribe, el caudillo nacional, con más razón lo hacen todos los otros partidos. El resultado son federaciones cambiantes de familias que circulan de partido en partido, controlan el Congreso y definen o se amañan a los cambios en las reglas.
Pero elegir un congresista cuesta cientos o miles de millones. Y las familias políticas son también famiempresas que necesitan recuperar sus inversiones.
Hernando Gómez Buendía*