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sábado, 22 de marzo de 2014

EL GOLPE DE LA PARANOIA

JUAN DAVID OCHOA 21 MAR 2014 - 11:00 PM

El Golpe de la paranoia

Juan David Ochoa
No fue el gobernante estelar que resolvió de un tajo los desastres de la capital de un país desastroso. No tuvo resultados óptimos en sus gestiones básicas de organización, Improvisó, como improvisan todos desde el poder sobre el caos natural.
Por: Juan David Ochoa
Se excedió en medidas administrativas, como se exceden otros en medidas más turbias, aunque exentos de fallos mortales y persecuciones obvias. Porque fue obvia y feroz. Una obsesión grotesca y evidente desde sus primeros meses en el cargo para estregarle los errores ingenuos y “peligrosos” de una izquierda novata en las curules del poder.
El gazmoño y medieval irredento Alejandro Ordoñez abanderó sin titubeos su cruzada lefebvrista contra el propio fantasma de su ineptitud: su siempre obtusa idea de creer que los contradictores del Establecimiento son bastardos del “comunismo ateo” o esbirros silenciosos del anarquismo. Su religión siempre habló sobre su léxico de tinterillo plenipotenciario, pero la paranoia, en la persecución, no fue solo de él. Los grandes empresarios asustadizos e incapaces de entender el mundo en la multiplicidad de las opciones ajenas a su reducida visión de finanzas y porcentajes. Los tradicionales, preocupados por los giros extraños del poder hacia los ángulos del humanismo. La enorme estirpe de delfines, cada vez más saturada en su delirio de oficialidad para ejercer el mando, extrañados de ver a un enemigo público en el trono de sus reservas.
La paranoia era general, y era evidente. El país, decimonónico aún en sus viejos prejuicios de políticas cuadriculadas, no iba aceptar jamás que un apellido común y manchado por la sombra de la subversión dirigiera su ciudad insigne.
Tampoco es serio ni creíble, por el contrario, el discurso de una izquierda también paranoide en su delirio de creerse el centro de todos los ataques y el eje de todos los insultos.  El mamertismo que pretende  percibir exclusivamente el mundo sobre las parábolas de Marx y los colores de Mao  también deslegitima su intención por caricaturesco, por megalómano y por radical. Pero en Colombia la ultraderecha, tan poco disimulada en su terror, los ha invitado siempre a la reproducción y al rearme. Los empujó a la clandestinidad y a su también radicalismo enfermo. Son muchos los monstruos que crearon por su ineptitud y su infamia, (-ERC- EPL,  ELN- FARC- M19),  y seguirán reproduciéndolos ahora que los métodos son más sutiles y fatales que el asesinato o la desaparición, y que las destituciones a cargos democráticos con giros de un pulgar parecen ser más efectivos. La destitución de Petro, impuesta incluso sobre las presiones internacionales,  es un mensaje claro sobre el hipócrita diálogo en La Habana. Lo siguen reiterando sin nervios. El establecimiento quiere más sangre, y la quiere a la fuerza.
@juandavidochoa1

PERDEDORES

HERNANDO GÓMEZ BUENDÍA 21 MAR 2014 - 11:00 PM

Perdedores

Hernando Gómez Buendía
En todos los pleitos hay dos opiniones. Ambas son discutibles, y por eso es el pleito.
Por: Hernando Gómez Buendía
Por eso mismo se inventó el sistema judicial, y éste supone tres premisas absolutas: que el juez decida y las partes se sometan, que el juez sea imparcial y que ambos bandos puedan presentar sus argumentos. El resultado puede no ser justo, pero es lo más parecido a la justicia que los humanos han podido inventar.
En el caso de Petro se cumplió la tercera condición. Abogados amigos y enemigos han inundado los tribunales y los medios con tantas teorías y alegatos que no se sabe quién tiene la razón (o al menos yo no lo sé).
Pero quedó bien claro que los jueces no son imparciales y que las partes no acatan a los jueces. Comenzando por el presidente, que decidió saltarse a la CIDH. Lo hizo, por supuesto, con buenos argumentos (que la vida de Petro no está en riesgo, que las medidas cautelares no están en el tratado y que la CIDH se extralimitó), pero él no puede decidir sobre eso, precisamente porque no es el juez.
Ni es imparcial. Santos es candidato en campaña, Petro es oposición, Bogotá es Bogotá y Pardo es Pardo. Todo mundo sabía que Petro reclamaba medidas cautelares y Santos había dicho que acataría a la CIDH, pero no le gustó su decisión: tomó partido y, por pura coincidencia, tomó el partido que le conviene a él.
Como también, por pura coincidencia, las demás autoridades —y los jueces— han tomado el partido que les sirve mejor. Es lo más desconsolador de este episodio: en Colombia no hay estadistas, no hay jueces, no hay analistas, no hay periodismo independiente; hay abogados cuya interpretación “rigurosa” de la ley, por pura coincidencia, es la que uno podría predecir.
Eso, por supuesto, vale para el alcalde y sus buenos abogados. Pero vale también para el procurador: yo no sé si su decisión fue justa, pero sí sé cuáles son su ideología y sus nexos políticos, como también sé que habiendo tantos juristas no había necesidad de elegir y reelegir a uno tan controvertible para un cargo con semejante poder y discreción.
Vale para el fiscal general, cuya opinión, educada e imparcial, por coincidencia, es siempre opuesta a la del procurador: que hay que cumplir las medidas cautelares, que Petro no cometió delitos (aunque apenas comienza su investigación). Vale para los jueces de la tutelatón, que fallaron blanco y negro sobre los mismos hechos y bajo las mismas leyes. Vale para el magistrado Armenta, cuya esposa trabaja en el Distrito. Vale para los ires y venires del Consejo de Estado y los amigos “íntimos” del procurador. Vale para el Consejo Superior de la Judicatura que todos conocemos. Había valido para la Registraduría y los tribunales en la novela de las firmas de la revocatoria. Y está por ver si la Corte Constitucional mantiene o no su tesis de que la CIDH obliga al presidente.
En resumen: la política triunfó sobre el derecho, y con eso perdimos los simples ciudadanos.

Hernando Gómez Buendía*

ELECCIONES INSATISFECHO A TODO EL MUNDO

JULIO CÉSAR LONDOÑO 21 MAR 2014 - 11:00 PM

Sobre nuestra %&#?! condición

Julio César Londoño
El resultado de las elecciones dejó insatisfecho a todo el mundo.
Por: Julio César Londoño
“Perdió el país —escribió Antonio Caballero—. En Colombia lo único democrático es la corrupción”. También quedó inconforme el presidente, que necesitó la manguala de tres partidos para obtener una victoria precaria sobre Uribe. También quedó inconforme el delirante Uribe, que esperaba la delirante cifra de 40 curules. Tampoco le gustó la cosa a León Valencia: “Los herederos de la parapolítica y los líderes vinculados a nuevas ilegalidades lograron una asombrosa representación: 70 congresistas”.
70 curules es el 26% del Congreso, lo que significa que uno de cada cuatro parlamentarios es un hampón torpe (luego los otros tres son hábiles). Si nos atenemos al épico 35% de Mancuso, hay al menos una conclusión positiva: hoy, Colombia es menos “paraca” que hace ocho años. Algo va de Santos a Uribe.
Quedaron inconformes los afrodescendientes, cuyas curules terminaron en manos blancas de sujetos oscuros. Los negrearon. Quedaron muy ofendidos los conservadores, que perdieron la friolera de 12 curules (les sentaban mejor las lentejas que la mermelada). Quedaron inconformes los pastores. Les fue como a los perros en misa. Judío al fin y al cabo, Jehová los llevó con la doble. Bien hecho.
Dejaron un amargo sabor entre los ciudadanos de bien los 300.000 votos de dos ñoños de la Costa, Bernardo Elías y Musa Besaile, cifra que puso en evidencia el poder político de los grandes carteles de la contratación pública, en particular el de estos aventajados sucesores del clan Nule.
Yo, lo confieso, aún no paso el taco de las 19 curules de Uribe y los 100.000 votos del pelele de Dilian Francisca en el Valle. Pero si uno lo piensa bien, debe aceptar que en el nuevo Congreso habrá una baraja de pesos pesados nunca vista (Uribe, José Obdulio, Paloma Valencia, Viviane Morales, Ana Mercedes Gómez, Susana Correa, Prada, Roberto Gerlein, Efraín Cepeda, Simón Gaviria, los hermanos Galán, Serpa, Navarro, Robledo, Claudia López…). Como bien señalan los analistas, la aparición del Centro Democrático puede llenar el vacío de oposición de la política colombiana. Es importante la participación de Uribe. Gústenos o no, es un actor central del conflicto y el más popular líder del país. Para decirlo en términos rudos, es el líder pro-paraco de un país asaz paraco. Uribe debe estar en el Congreso, codo a codo con Iván Márquez y Timochenko. No creo que las reputaciones de estos tres señores sufran mucho menoscabo por pisar ese recinto.
La indignación de nuestros mejores columnistas por la llegada de paramilitares, narcos, chanceros, contratistas y politiqueros al Congreso es entendible, pero es una posición ingenua e incoherente. Una sociedad no puede cohonestar con el paramilitarismo y otras alimañas durante más de 20 años y un buen día amanecer remilgada y decirles, señores, yo no los conozco, ustedes huelen mal, ¡fuera del Capitolio, sabandijas, ya no necesito sus motosierras ni sus dólares ni sus votos! Y al mismo tiempo pretender que ella, esa sociedad, ese establecimiento, es decir, los ganaderos, los pastores, los generales, los barones electorales, los notarios y los expresidentes, conserven intactos sus derechos civiles y su reputación.
El Congreso se define como “un colegio honorable y representativo de la sociedad, con funciones legislativas”. La palabra “legislativa” define su dominio. La palabra “honorable” ya era un anacronismo retórico en la Roma de los césares. La palabra “representativo”, en cambio, apunta a la esencia misma de la democracia, y nadie en su sano juicio podrá negar que este Congreso representa mejor que ningún otro nuestra variopinta e hijode%&#?! condición.