Los colombianos en general, y el Gobierno en particular (en buena parte debido a las próximas elecciones, pero también por razones de índole secundario como la tormenta en un vaso de agua de las ‘chuzadas’; y la saga de Petro, una especie de rémora que con base en artimañas rehúsa desprenderse de su puesto) no se están dando cuenta de que Venezuela está implosionando.
Por: Mauricio Botero Caicedo
¿Y por qué Venezuela está implosionando? Porque la herencia de Chávez fue funesta: inflación, desabastecimiento, desinversión, censura, corrupción, inseguridad, narcotráfico y violencia criminal. E inexplicablemente Maduro, Cabello y Ramírez, en vez de apagar el incendio, le siguen echando gasolina.
El analista venezolano Luis Vicente Malagón afirma: “El gobierno evade la toma de medidas económicas serias como la devaluación y la revisión de los precios controlados y congelados”. Anclados en una tasa de cambio ficticia, el gobierno venezolano teme que de sincerarse la tasa de cambio, el PIB caería de manera estrepitosa. El caso de las arepas y de los carros es ilustrativo: las principales fábricas, como es el Grupo Polar y la Toyota, han tenido que disminuir o paralizar sus operaciones dado el desabastecimiento de materias primas. El gobierno, en vez de ir al fondo del problema, sólo se le ocurre fustigar a los ejecutivos de dichas firmas amenazándolos con ejemplares castigos, incluyendo la nacionalización de las empresas. Maduro es firme creyente de que la economía funciona por ‘decreto’ y la inflación se ataca a punta de ‘bolillo’.
En el artículo “¿Entró Venezuela en ‘periodo especial’?”, el periodista Óscar Marcano (El Espectador, feb. 8/14) afirma: “Nunca como hoy había Venezuela dependido de las importaciones para comer. De los US$98.000 millones de renta petrolera anual, el país gasta US$58.000 millones importando y otra parte sustantiva la destina a pagar deuda externa. El año pasado el país rompió un récord al alcanzar el gasto público el 51% del Producto Interno Bruto. Venezuela padece un índice de inflación del 56,1% (el más alto del mundo) y una escasez que ya ronda el 30% y sigue su rutilante ascenso, mientras hace ya tiempo el ciudadano de a pie perdió de vista los llamados productos regulados, los cuales no se encuentran ni en los propios establecimientos oficiales. Las inmensas filas para adquirir alimentos, cosa que jamás se vio, ya comienzan a generar disturbios callejeros. Por lo pronto, es un país donde la producción está virtualmente paralizada y reina la sensación de colapso y escasean el pan, la leche, el papel toilette y otros productos en lista creciente...”
Después de violentas manifestaciones esta semana, que dejaron tres muertos y 70 heridos, al gobierno venezolano sólo se le ocurre invitar a manifestaciones contra el ‘fascismo’. Maduro no se da cuenta de que el hambre acecha; y que para hacer pan y arepas no se requieren amenazas e insultos, sino harina y maíz
El analista venezolano Luis Vicente Malagón afirma: “El gobierno evade la toma de medidas económicas serias como la devaluación y la revisión de los precios controlados y congelados”. Anclados en una tasa de cambio ficticia, el gobierno venezolano teme que de sincerarse la tasa de cambio, el PIB caería de manera estrepitosa. El caso de las arepas y de los carros es ilustrativo: las principales fábricas, como es el Grupo Polar y la Toyota, han tenido que disminuir o paralizar sus operaciones dado el desabastecimiento de materias primas. El gobierno, en vez de ir al fondo del problema, sólo se le ocurre fustigar a los ejecutivos de dichas firmas amenazándolos con ejemplares castigos, incluyendo la nacionalización de las empresas. Maduro es firme creyente de que la economía funciona por ‘decreto’ y la inflación se ataca a punta de ‘bolillo’.
En el artículo “¿Entró Venezuela en ‘periodo especial’?”, el periodista Óscar Marcano (El Espectador, feb. 8/14) afirma: “Nunca como hoy había Venezuela dependido de las importaciones para comer. De los US$98.000 millones de renta petrolera anual, el país gasta US$58.000 millones importando y otra parte sustantiva la destina a pagar deuda externa. El año pasado el país rompió un récord al alcanzar el gasto público el 51% del Producto Interno Bruto. Venezuela padece un índice de inflación del 56,1% (el más alto del mundo) y una escasez que ya ronda el 30% y sigue su rutilante ascenso, mientras hace ya tiempo el ciudadano de a pie perdió de vista los llamados productos regulados, los cuales no se encuentran ni en los propios establecimientos oficiales. Las inmensas filas para adquirir alimentos, cosa que jamás se vio, ya comienzan a generar disturbios callejeros. Por lo pronto, es un país donde la producción está virtualmente paralizada y reina la sensación de colapso y escasean el pan, la leche, el papel toilette y otros productos en lista creciente...”
Después de violentas manifestaciones esta semana, que dejaron tres muertos y 70 heridos, al gobierno venezolano sólo se le ocurre invitar a manifestaciones contra el ‘fascismo’. Maduro no se da cuenta de que el hambre acecha; y que para hacer pan y arepas no se requieren amenazas e insultos, sino harina y maíz
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