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miércoles, 26 de febrero de 2014

UCRANIA

Arlene B. Tickner 25 Feb 2014 - 8:37 pm

Ucrania: entre Oriente y Occidente

Arlene B. Tickner
El país ha sido fundamental a los designios rusos.
Por: Arlene B. Tickner
  • Por ello, la revolución naranja de 2004 y el asenso de la oposición pro Occidente (que vuelve temporalmente al poder), que revirtió la influencia política de la que gozaba hasta entonces Rusia, constituyó un hecho traumático. En 2012, con la segunda elección de Vladimir Putin, Ucrania adquirió aún mayor importancia estratégica dentro de la política exterior rusa, dado el sueño de éste de (re)construir el espacio euroasiático.
Por su parte, desde el colapso de la Unión Soviética, EE:UU. y Europa han buscado “cercar” a Rusia militar, política y económicamente. Además de la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas, desde hace varios años la Unión Europea (UE) inició conversaciones con los seis países fronterizos del Este (Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania) con el objeto de suscribir acuerdos de asociación con ellos.
Las protestas en Ucrania fueron iniciadas por estudiantes ante la negativa del presidente (prófugo) Viktor Yanukovych de firmar el acuerdo y de su aceptación de prerrogativas económicas rusas con miras a suscribir la unión aduanera euroasiática. Menos publicitado, tal vez, es el hecho de que la UE le había exigido públicamente a Yanukovych escoger entre Europa y Rusia.
Ucrania se ha convertido en el epítome de esta división. Al tiempo que Rusia considera indebida y amenazante la injerencia europea en su esfera de influencia, la UE ve en la occidentalización económica y política de ese país una fuente neurálgica de estabilidad. Dado que un tercio de sus importaciones de gas, petróleo y carbón provienen de Rusia, muchas de las cuales atraviesan por Ucrania, ve también su seguridad energética en juego. De forma similar, constituye un elemento central de poder para Rusia el control sobre el tránsito de gasolina al Oeste. Además, en el puerto de Sevastopol en Crimea, zona que considera suya, está su flota del mar Negro, que tiene acceso estratégico al Mediterráneo.
Mientras siguen las especulaciones sobre la emergencia de una nueva “guerra fría” en las fronteras colindantes de Europa y Rusia, que afectará el desenlace de la crisis ucraniana, sus habitantes enfrentan un desafío político gigante: además de que la clase política tradicional se encuentra desprestigiada, en gran medida por corrupta e inepta, ningún grupo político representa a toda la población, y hay riesgos reales de desintegración de no encontrar una fórmula política unificadora que, ahora, parece improbable.
La ubicación geográfica de Ucrania, que tiene el infortunio de ser “patio trasero” tanto de Europa como de Rusia, así como la presencia e intervención cíclicas de ambas durante varios siglos, son en gran medida el origen de su actual crisis política. Desde su creación como estado independiente en 1991 las dinámicas electorales ucranianas han reflejado la existencia de dos países diferenciados en términos étnicos, culturales, políticos y económicos. Una Ucrania occidental, cristiana-católica, nacionalista y de habla ucraniana que ve con recelo a Rusia, y otra suroriental, ortodoxa y de habla rusa, que tiene fuertes afinidades identitarias con Rusia y la considera garante de su estabilidad económica y seguridad. A esta fractura se suma el hecho de que Ucrania ha sido una ficha histórica del ajedrez geoestratégico mundial antes, durante y después de la Guerra Fría.
  • Arlene B. Tickner | Elespectador.com

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