Si el Gobierno no dispone de un plan de contingencia, traducido en planes y programas de desarrollo,- especialmente dentro del Sector Agropecuario-, para sostener el Postconflicto, vanos serán los esfuerzos para sostener la Paz.
Por: Uriel Ortiz Soto
Esto quiere decir, que a la tan coqueta señora, desde hace lustros, secuestrada por grupos guerrilleros y toda laya de delincuentes que operan al margen de la Ley, ha sido muy difícil concretarla. Desde los gobiernos de Belisario Betancourt, Barco, Gaviria, Samper, Pastrana y Alvaro Uribe, todos han querido atraerla con diferentes propuestas, pero, lamentablemente se siente más cómoda en brazos de los jefes guerrilleros donde dispone de una serie de garantías, mimos y comodidades, que la hacen irascible a los coqueteos de los Gobiernos de turno.
Toca esperar la arremetida final del Presidente Santos, que tiene sentados en la mesa de negociación a los dos bandos, desde hace 15 meses, ya se han concretado varios puntos de los Acuerdos inicialmente convenidos, esperemos, si para el 2014, con los guerrilleros nos podamos dar el abrazo de paz entre hermanos, hijos de una misma Colombia, amanecerá y veremos.
Pero, lo más delicado, es que en la presente contienda electoral, la tan anhelada Paz, se ha convertido en bandera de politiqueros y charlatanes, que la invocan en sus discursos, vallas y pendones, sin tener la más mínima idea de cómo la van a alimentar en el llamado Postconflicto.
Una vez que se firme el Acuerdo Paz, si no existe un plan de contingencia para alimentarla, empezarán los nubarrones que poco a poco la irán obnubilando, y los negociadores de las Farc, que se la saben todas, le dirán al mundo, que cumplieron con todas las exigencias del Acuerdo, pero que lamentablemente el Gobierno no estaba preparado para sostenerla.
Para nadie es un secreto que una vez firmado el Acuerdo, aparecerán alternativamente sobre la mesa, la lista con todos los puntos acordados, para que los miles de guerrilleros pertenecientes a las Farc, se desmovilicen y empiecen una nueva vida dentro de la Sociedad Civil.
Pero, también aparecerán los millones de damnificados de una guerra de casi sesenta años, con millones de desplazaos, familias que para huir del peligro lo abandonaron todo, y los millones de viudas, huérfanos y más de doscientos mil asesinatos.
Como producto de esta guerra sucia y sin sentido, los cementerios están atiborrados de tumbas N.N, y los caminos de la Patria sembrados de cruces como señal de absurdas masacres donde ancianos, padres, madres cabezas de hogar, y niños menores de edad, fueron masacrados cobardemente. ¿Qué decir de las humildes campesinas violadas en cadena por grupos de facinerosos, que finalmente no les perdonaron las vida por temor a ser denunciados?
Sin embargo, si se logra que tanto guerrilla, como desplazados y damnificados, se evalúen dentro de un plan estratégico con fundamento en los coeficientes sociales de desarrollo de cada uno de estos sectores, con el fin de ubicarlos donde les corresponda, se podría llegar a una conclusión final: es la de crear entre ellos, microempresas campesinas con plena identidad rural.
Siempre hemos sostenido a través de esta columna, que el principal soporte para lograr la Paz en nuestro País, es poner en orden el Sector Agropecuario, diseñando un programa macro que involucre a todas las familias damnificadas en términos generales.
Todo indica que el proceso de Paz marcha adelante, pero, los planes de contingencia para sostenerla están muy crudos, da grima en estos tiempos preelectorales, recorrer los pueblos y veredas y encontrar miles de vallas de políticos charlatanes que colocan como primera intención de su proyecto legislativo: La Paz.
Pero de allí en adelante para construirla y promover planes y programas de contingencia para sostenerla, existe un abismo. Considero que estos politiqueros irresponsables, si no saben explicar muy bien en qué consiste su programa de Paz, deberían recibir el castigo de sus electores, es decir, no votando por ellos.
El Gobierno no puede cometer el error de años anteriores de concentrar a los reinsertados en centros urbanos para sostenerlos por determinado tiempo, esto significaría acudir al Estado Paternalista, con concentración de campesinos en las áreas urbanas, que finalmente van a fortalecer los cinturones de miseria.
La mejor forma sería fortaleciendo el Sector Rural, brindando a los reinsertados, desplazados y damnificados, programas agroindustriales, soportados con Cadenas Productivas y Alianzas Estratégicas. Con la garantía que sus productos van a ser industrializados y finalmente comercializados.
Para lograr el anterior objetivo se hace indispensable, que el mismo Gobierno, promueva el programa del regreso del campesino al campo. Quiere decir, proveyéndolo de todas las garantías necesarias para el desarrollo de sus arduas faenas:
1º- Vivienda Rural Campesina, con servicios públicos domiciliarios
2º- Buenas vías de comunicación y penetración
3º- Asistencia técnica de productividad, con énfasis en las cadenas productivas y las alianzas estratégicas
4º- Agro industrialización de los productos y comercialización de los mismos.
5º- Programas de capacitación y seguridad campesina
6º- Seguridad social campesina, es decir: cotizar para pensión de vejez, invalidez y muerte.
7º Seguro funerario para el Campesino y su familia
8º- Electrificación Rural.
9º- Programas de Salud para las familias campesinas.
10º Seguro de Cosecha.
Cada uno de estos propósitos, son derechos inalienables de los campesinos, no ponerlos en práctica, es ir en contra de los postulados fundamentales para el desarrollo de la Colombia Rural.
No olvidemos que “la Paz vendrá del Campo”, frase pronunciada por Monseñor Iván Cadavid Correa, q. e. p. d., fundador de los Hogares Juveniles Campesinos.
urielos@telmex.net.co
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