El rebusque es actividad, creativa y legítima, que a muchos ha salvado de la mendicidad. Un amigo al salir del ‘asfalto’ defendía su nueva profesión con el irrebatible argumento que la ‘consultoría’ es el ‘estadio más alto del rebusque’.
Por: Mauricio Botero Caicedo
Pero esta columna va más allá del rebusque. Va dirigida, con amables sugerencias, a aquellos que buscan no sólo sobrevivir, sino enriquecerse:
— Funde una iglesia: lo primero que debe hacer es encontrar un nombre llamativo como puede ser “Iglesia del Redentor Válido de Jesucristo de los Últimos Días” (lo de válido es para poder excluir a los minusválidos). Como pastor, paralelamente cree una división de lavandería de ‘verdes’ y una compraventa de ‘voticos’. Nunca desestime el enorme potencial de tener una iglesia propia: la de la familia Moreno Piraquive, según informes de prensa, tiene ingresos superiores a los $500 millones mensuales. ¡Pero apúrele! Cada semana piden pista 85 cultos.
— Establezca una “Universidad de Garaje” ofreciendo dos maestrías, que no obstante no ser muy prestigiosas, se convertirán en corto tiempo en minas de oro. La primera especialización es en ‘Derecho Penal Inmobiliario’, en que los abogados, ante la certeza de que sus clientes serán condenados, lo ayudan a escoger la casa, el club, el spa o la playa en que el pícaro aspire pasar su condena. La segunda es en ‘Derecho Penal Mediático’, donde le enseñan no sólo las artes de la locución y el hábil manejo del micrófono, sino cómo acercarse y congraciarse a periodistas agrios dispuestos a bañar en mugre impreso, radial y televisivo a la contraparte de sus clientes.
— Arme una ‘Cadena de la Felicidad’ que incluya a funcionarios, abogados y jueces, y póngase a diseñar e implementar ‘Tutelatones’ (el hábil y creativo manejo del instrumento constitucional de la tutela). Para dar una idea de magnitud de oportunidades, un solo abogado coordinó 326 acciones de tutela que buscan tumbar la destitución de Petro. Tutelas bien manejadas permiten, como por arte de birlibirloque, a las pensiones multiplicarse, y a los funcionarios ineptos o corruptos atornillarse a sus puestos.
— Otra rentable y moderna actividad es la creación de una empresa de ‘Logística Integral’ especializada en armar ‘paros, manifestaciones, huelgas y asonadas’. Según la ANIF, los paros llevados a cabo durante el año 2013 le costaron al país un total de $1,8 billones, lo que equivale al 0,4% del PIB anual. En Bogotá hay un especialista en el ‘negocio’ de las tomas que lleva cinco paros de desplazados. Estos montajes relámpagos (donde el especialista pone televisor y computador) ante la pusilanimidad de las autoridades, rinden espectaculares réditos.
— Funde, con un ramillete de amiguetes leguleyos, un despacho jurídico. Con un rimbombante nombre como ‘Colectivo de Abogados Teófilo Forero’, dedíquese de tiempo completo a demandar al Estado aquí y en el exterior. Les será suficiente identificar víctimas en que las instituciones internacionales como la CIDH vean con enorme simpatía el condenar a la Nación. Además de la admiración de los mamertos, se convertirá en un hombre rico, muy rico. Al Estado (a los contribuyentes) cada año se le (nos) condena a pagar un promedio de $200.000 millones. Si los “Colectivos” se quedan hasta con el 70% de dicha cifra, un ponqué de $140.000 millones está al alcance de sus manos.
— Funde una iglesia: lo primero que debe hacer es encontrar un nombre llamativo como puede ser “Iglesia del Redentor Válido de Jesucristo de los Últimos Días” (lo de válido es para poder excluir a los minusválidos). Como pastor, paralelamente cree una división de lavandería de ‘verdes’ y una compraventa de ‘voticos’. Nunca desestime el enorme potencial de tener una iglesia propia: la de la familia Moreno Piraquive, según informes de prensa, tiene ingresos superiores a los $500 millones mensuales. ¡Pero apúrele! Cada semana piden pista 85 cultos.
— Establezca una “Universidad de Garaje” ofreciendo dos maestrías, que no obstante no ser muy prestigiosas, se convertirán en corto tiempo en minas de oro. La primera especialización es en ‘Derecho Penal Inmobiliario’, en que los abogados, ante la certeza de que sus clientes serán condenados, lo ayudan a escoger la casa, el club, el spa o la playa en que el pícaro aspire pasar su condena. La segunda es en ‘Derecho Penal Mediático’, donde le enseñan no sólo las artes de la locución y el hábil manejo del micrófono, sino cómo acercarse y congraciarse a periodistas agrios dispuestos a bañar en mugre impreso, radial y televisivo a la contraparte de sus clientes.
— Arme una ‘Cadena de la Felicidad’ que incluya a funcionarios, abogados y jueces, y póngase a diseñar e implementar ‘Tutelatones’ (el hábil y creativo manejo del instrumento constitucional de la tutela). Para dar una idea de magnitud de oportunidades, un solo abogado coordinó 326 acciones de tutela que buscan tumbar la destitución de Petro. Tutelas bien manejadas permiten, como por arte de birlibirloque, a las pensiones multiplicarse, y a los funcionarios ineptos o corruptos atornillarse a sus puestos.
— Otra rentable y moderna actividad es la creación de una empresa de ‘Logística Integral’ especializada en armar ‘paros, manifestaciones, huelgas y asonadas’. Según la ANIF, los paros llevados a cabo durante el año 2013 le costaron al país un total de $1,8 billones, lo que equivale al 0,4% del PIB anual. En Bogotá hay un especialista en el ‘negocio’ de las tomas que lleva cinco paros de desplazados. Estos montajes relámpagos (donde el especialista pone televisor y computador) ante la pusilanimidad de las autoridades, rinden espectaculares réditos.
— Funde, con un ramillete de amiguetes leguleyos, un despacho jurídico. Con un rimbombante nombre como ‘Colectivo de Abogados Teófilo Forero’, dedíquese de tiempo completo a demandar al Estado aquí y en el exterior. Les será suficiente identificar víctimas en que las instituciones internacionales como la CIDH vean con enorme simpatía el condenar a la Nación. Además de la admiración de los mamertos, se convertirá en un hombre rico, muy rico. Al Estado (a los contribuyentes) cada año se le (nos) condena a pagar un promedio de $200.000 millones. Si los “Colectivos” se quedan hasta con el 70% de dicha cifra, un ponqué de $140.000 millones está al alcance de sus manos.
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