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domingo, 23 de marzo de 2014

UVAS DE NUESTRA IRA (MENTIRA)

MAURICIO BOTERO CAICEDO 22 MAR 2014 - 1:06 PM

Uvas de nuestra (ment)ira

Mauricio Botero Caicedo
Hacer precisiones sobre artículos o columnas que contienen falsedades es importante por dos razones: la primera, como afirmaba Goebbels, es que “una mentira que se repite mil veces se convierte en verdad”; y la segunda tiene que ver con la advertencia de Mark Twain a Rudyard Kipling: “Joven, primero establezca los hechos para después poder, a su antojo, distorsionarlos”.
Por: Mauricio Botero Caicedo
En reciente columna de Alfredo Molano, “Uvas de nuestra ira” (El Espectador, marzo 2/14), se hacen aseveraciones incorrectas como que “Hoy todo el valle está cubierto de caña de azúcar… Nada distinto a caña se puede cultivar. No hay un centímetro de la gran planicie donde no se cultive esa mata. No hay algodón ni arroz, como hace apenas unos años; no se cosecha yuca ni plátano”. De acuerdo con el anuario estadístico del Ministerio de Agricultura, en el Valle del Cauca se siembran más de 70 mil hectáreas de café, más de 30 mil hectáreas de frutales; más de 90 mil hectáreas de cultivos transitorios como maíz, soya, arroz, fríjol y sorgo; más de 25 mil hectáreas de plátano; cerca de 4 mil hectáreas de hortalizas, entre otros productos...”.
Dicha columna, además, asevera: “Seis ingenios dominan la producción”. No son seis ingenios. En el Valle del Río Cauca existen 15 ingenios azucareros, con más de 1.000 accionistas (de los cuales el autor de esta nota es uno de ellos). Adicionalmente hay 580 trapiches, casi en su totalidad minifundios; 2.700 proveedores de caña que en el 80% son fincas de menos de 100 hectáreas; cinco destilerías para la producción de alcohol; un productor de papel a partir de bagazo; una empresa sucroquímica (Sucroal); más de 40 empresas de alimentos, tres empresas de gaseosas, ocho empresas de vinos y licores y más de 50 proveedores especializados. Son 188 mil los empleos directos e indirectos generados por la producción de azúcar en la región.
Molano igualmente afirma: “Sobra decir que ya no existen campesinos, tampoco hay obreros, las máquinas cortadoras de caña los reemplazaron”. Haciendo abstracción de las decenas de miles de campesinos con cultivos de frutas, plátano y hortalizas, en el Valle del Cauca la caña se cosecha manualmente en el 56% del área, donde existen nueve mil corteros de caña contratados directamente por los ingenios o por empresas de cosecha formalmente constituidas, con todas las prestaciones legales y salarios promedio superiores a dos SMMLV. Es oportuno aclarar que en buena parte la mecanización de la cosecha obedece a las normas ambientales que restringen la quema de las cañas. Un estudio de Fedesarrollo (Cuaderno No. 31, 2010) concluye que “Los municipios cañicultores tienen mejores índices sociales (mayor Índice de Calidad de Vida (ICV) y menores Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)), educativos (mayor tasa de alfabetismo, mayor tasa de asistencia escolar y más años de escolaridad) y de salud (menores tasas de mortalidad y morbilidad) que los municipios de los demás sectores agrícolas representativos del país”.
“Y como ya no hay más tierra libre en el Valle para sembrar caña debido a la demanda constante de alcohol carburante…”, asevera a continuación la columna. La producción de alcohol no se ha realizado con siembra de nuevas tierras, sino con las existentes, con el fin de sustituir parte del azúcar que se exporta al mercado mundial, el cual está sujeto a múltiples distorsiones y bajos precios.

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