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domingo, 9 de febrero de 2014

LA BORRASCA EN MILLONARIOS

Iván Mejía Álvarez 8 Feb 2014 - 10:00 pm

El damnificado

Iván Mejía Álvarez
La borrascosa semana de Millonarios dejó al final de cuentas dos grandes noticias en la parte institucional. Una buena y una mala.
Por: Iván Mejía Álvarez
  • La buena es que Juan Carlos Ortiz, hasta ahora quien pone y quita, el que manda, en la nueva configuración del equipo azul entregará su paquete accionario a la Superintendencia Financiera como parte de pago de sus acreencias en el Fondo Premium. Esto no quiere decir que Ortiz salga de Millonarios como algunos piensan, pues tiene amigos que representan un poderoso grupo accionario y mantendrán posiciones de comando. Dadas las circunstancias actuales, la presencia de Ortiz no es buena para Millos, pues mientras no se aclaren totalmente por parte de los entes de control las responsabilidades del financista en los temas Interbolsa, Fondo Premium y otros negocios en los que se encuentra involucrado, lo mejor para Millos es que permanezca alejado del circulo del poder.
La mala es que Ortiz entregará sus acciones y el superintendente Mario Revollo las tendrá que poner en venta y eso significa que de inmediato Gustavo Serpa podrá adquirirlas a “precio de huevo” para aumentar su poder en la institución. Serpa ya es el mayor accionista individual y de controlar las acciones de Ortiz tendría maniatada la junta directiva. Serpa, para que no lo olviden, fue el directivo que en España, antes del monumental ridículo ante el Real Madrid, propuso que Millonarios entregara las dos estrellas que ganó en la época de Rodríguez Gacha. Así, pues, ya saben los hinchas azules de quién se trata y cómo piensa el personaje que al paso que van las cosas será el “dueño del club”.
La guerra cruzada entre Ortiz y Serpa por mantener el predominio en las decisiones de Millonarios tiene al club azul bordeando el precipicio. De Ortiz fue la idea de contratar al tal Portolés, un español petulante y arrogante que se cree la ultima cocacola del desierto, quien no da razón de sus actos a presidentes o directivos y dice que sólo responde ante Ortiz, quien lo contrató y lo trajo en junio del año pasado.
Entre tanto, en la cancha la escuadra no tiene la menor idea de qué es lo que quiere su técnico. Un equipo que cambia nueve jugadores de un partido a otro, es un barco a la deriva.
Algo está bien claro en esta historia: si Ortiz y Serpa no le ponen freno de inmediato a la guerra abierta que se han declarado, el único perdedor será Millonarios. ¿Alguien será capaz de juntarlos y pedirles un poco de ecuanimidad y sentido común?

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