Los votos obtenidos por Enrique Peñalosa en la consulta del partido Verde no son todos por él, pero pueden ser suyos y sumar otros si se propone hacer una buena campaña.
Por: Jorge Iván Cuervo R.
Lo primero que tiene que hacer es consolidarse como una alternativa creíble a la disputa entre el santismo y el uribismo, o lo que algunos perciben como una fisura en el establecimiento que abre posibilidades para una eventual tercería.
Para lograr esto, tiene que definirse como una opción de centro capaz de recoger los votos moderados de la derecha –aquellos que no están con el uribismo y no quieren la reelección de Santos-, y los votos moderados de la izquierda, de aquellos que consideran razonable un gobierno de transición antes de uno propiamente de izquierda.
En ese orden de ideas, está bien que haya enviado un mensaje de apoyo al proceso de paz y de ratificación del equipo negociador, pero debe empezar a diferenciarse construyendo una agenda programática clara y realizable que permita hacer creer a los ciudadanos que por fuera de los temas de la guerra y la paz también hay espacio político. Para ello, necesita recorrer más país y conformar un equipo que le permita tener un discurso con soluciones sobre los principales problemas que afectan a los colombianos.
Debe entender Peñalosa que la encuesta que lo puso de segundo en primera vuelta y ganando en segunda, no es más que un espejismo que repite lo de la ola verde, lo cual se ratifica con la encuesta de Gallup que se conoció esta semana donde se aterrizan sus expectativas, tanto en primera como en segunda, muy por debajo de lo señalado por Datexco, a punto del colapso.
Los votos en la consulta verde y el triunfo de Peñalosa tiene muchas lectura: confusión, voto uribista, desencanto, remanentes de la ola verde, pero lo cierto es que allí hay un capital político que hay que administrar, caminando como equilibrista por el centro del espectro político y, especialmente, sin dejarse seducir por los cantos de sirena uribistas, sobre lo cual tiene pocas credenciales, dados los devaneos anteriores que dieron al traste con su candidatura a la alcaldía de Bogotá. La imagen de Uribe sosteniendo el megáfono todavía está en el imaginario colectivo.
Por otra parte, el trabajo más duro está en seducir a los votantes de centro izquierda, no solamente porque no le creen ni lo quieren, sino porque la mayoría preferiría apoyar a Santos, a quien lo ven con mayores posibilidades de sacar adelante el proceso de paz, y de paso, enfrentar al sectarismo uribista. Navarro, senador elegido del partido Verde, debería estar liderando esta cruzada de atracción, pero lo veo desentendido dejando el candidato a su suerte, y no basta con Claudia López. Es un absurdo que Peñalosa haya ganado la consulta en franca lid con una votación extraordinaria, y donde encuentre mayores inconvenientes para erigirse como un candidato viable, sea en su propio partido.
Santos parece imbatible, máxime si las maquinarias quedaron bien aceitadas en las elecciones para Congreso; las apuestas son por el segundo lugar en la primera vuelta. Peñalosa puede hacer viable su candidatura si logra recoger algo del descontento ciudadano en la política tradicional y hacer ver que en un escenario de posconflicto su imagen de gerente es lo que necesita el país. Voto de opinión en primera, alianzas y adhesiones en segunda.
Eso sí, para tener alguna posibilidad tiene que dejar de postularse como el alcalde de Colombia.
@cuervoji
Enrique Peñalosa es un tipo raro, contradictorio.
Por: María Elvira Samper
Enrique Peñalosa es un tipo raro, contradictorio. Tanto, que sus detractores —que no son pocos, incluso entre sus copartidarios— lo descalifican, unos porque lo consideran de derecha y otros porque lo ven sesgado hacia la izquierda. Cierto lo uno y lo otro, pues al tiempo que es amigo de la mano dura en seguridad y defensor del modelo capitalista y la inversión privada, su apuesta es por la igualdad y la inclusión social, y no teme afectar poderosos intereses.
Es un tipo raro Peñalosa, pues, cosa poco frecuente en los políticos, cree en lo que cree y dice lo que piensa sin hacer cálculos, sin medir las consecuencias. Fue precisamente lo que le costó la Alcaldía de Bogotá frente a Gustavo Petro: aceptar el apoyo de Uribe asfixió sus aspiraciones y además dividió a los verdes. La escisión se mantiene en la Alianza Verde, un matrimonio por conveniencia con los Progresistas que, adueñados del partido, le dan palo e hicieron todo lo posible para impedir su candidatura.
Pero el rechazado exalcalde tiene ahora su encanto, el que le dan los dos millones de votos de la consulta y los resultados de las recientes encuestas que lo muestran con posibilidades de pasar a segunda vuelta. Por eso, copartidarios que antes le hacían el feo se han subido o están pensando en subirse al bus de la campaña. Según La Silla Vacía, de 19 candidatos de la alianza que buscaron llegar al Senado, ocho —incluidos los cinco elegidos— están con él, seis no descartan apoyarlo y uno lo rechaza. Y de los 18 aspirantes a la Cámara consultados, once lo apoyan, dos no descartan hacerlo y cinco dicen no. Como dijo el presidente Santos en frase memorable: “Son imbéciles los que no cambian de opinión cuando las circunstancias cambian”.
Por ahora los vientos son favorables a Peñalosa, que confirma la teoría de que en política no hay cadáveres. Arranca la carrera por la Presidencia con una tendencia ascendente en las encuestas, con la imagen de ser un ejecutor y un político antimermelada —condición que ratificó con la elección de su coequipera, la experta en educación María Isabel Segovia— y enfrentado a contendores que no emocionan. Así lo indican el alto índice de voto en blanco que muestran las encuestas postelecciones (entre el 17% y el 19%) y el alto porcentaje de indecisos (27%) que registra la de Ipsos-Napoleón Franco para RCN y Semana, conocida el viernes. Todo esto en medio de una posición mayoritaria a la reelección de Santos.
Pero no todo es miel sobre hojuelas para el exalcalde. Bajada la espuma del triunfo en la consulta sobre la que cabalgó unos días, deberá aterrizar y enfrentar realidades que conspiran contra sus aspiraciones: la división de su partido, el poco poder que tiene en él, la falta de equipo, el no apoyo de Antonio Navarro —uno de los líderes claves del sector progresista— y el nuevo escenario creado por la destitución de Petro, su contradictor, que primero anunció que se dedicará a promover el voto blanco en nombre de los indignados con la corrupción y la politiquería —parte de la cantera de donde Peñalosa podría extraer votos— y que ahora propone impulsar la convocatoria de una constituyente.
Constituyente o voto en blanco, la posibilidad de una alianza Petro-Peñalosa se aleja, como es probable que no alcance el impulso de Petro en uno u otro sentido para poner en jaque las elecciones. Así las cosas, el reto de Peñalosa es consolidarse como alternativa viable y creíble que interprete y canalice el descontento expresado en el voto blanco que ninguno de los tres candidatos de oposición ha podido capitalizar y que se abra paso entre la polarización de la derecha Santos-Uribe y la izquierda “enquistada” del Polo (así la llamó el excandidato presidencial Carlos Gaviria) y atraiga indecisos, independientes y desilusionados con los candidatos que han venido apoyando. Una propuesta que supone una mirada menos “urbanizada” y menos soñadora, aterrizada con soluciones viables para los problemas que más preocupan a la gente.
Diez razones que van a jugar a favor de Peñalosa:
Por: Columnista invitado
1. Votos de Uribe que se van. En esta oportunidad los votos de la mermelada probablemente no le alcancen a Santos. De tajo se le desaparecen una gran cantidad de los votos que Uribe le puso en el 2010. ¿Cuántos pudieron haber sido? ¿4 millones? ¿5 millones? ¿Todos los 9 millones? También se le fue de su lado toda la emoción y euforia que despierta/despertaba Uribe. Santos adolece de aburrido y le cuesta conectar. Hace cuatro años el carisma de Mockus contrapesaba el carisma de Uribe. En esta oportunidad, si bien Peñalosa no es el más carismático, Uribe ya no es el candidato a vencer y el problema de carisma de los otros es aún más doloroso.
2. Aburrimiento con el statu quo. Igual que hace cuatro años, un bloque considerable de colombianos sigue hastiado del establecimiento y los políticos.
3. Discurso urbano y calidad de vida: Los problemas de calidad de vida están cada vez más presentes en la conciencia de los colombianos: transporte y movilidad, espacio público, seguridad urbana/robo de celulares, educación de calidad, acceso a salud, servicios públicos, etc. El país se ha transformado profundamente y hoy Colombia es un país mayoritariamente urbano; es un país de ciudades.
4. Voto en Blanco: Es en su mayoría una intención marcada por la independencia. Es un voto de opinión que protesta en contra de un sistema contaminado de clientela y corrupción y obviamente alejado del ciudadano y sus problemas. Hasta hace poco tenía 30% y les ganaba a todos. Todos los expertos dicen que en la medida en que se acerque la elección este irá cayendo y así está ocurriendo.
5. Santos no crece: Uno no ve que Santos tenga para dónde crecer, pero sí que pueda caerse. El presidente no es completamente dueño de sus márgenes de favorabilidad, ni está en control de la opinión; distinto fue el caso de Uribe.
6. El factor Uribe. Gústenos o no, Uribe es quizás el jugador más decisivo del ajedrez político nacional y puede que sea el principal elector del país. En el escenario de una segunda vuelta, sus votos y cualquier guiño que dé, podrán ser determinantes.
7. La lección de Bogotá. Peñalosa debe saber que no puede repetir el error que cometió en Bogotá. ¿Por qué, si desmarcado de Uribe crece por sí solo, cambiar el esquema de lo que le está funcionando? Tiene que mantener firmes su discurso ciudadano y su posición independiente.
8. Nada que perder/Juegan mejor. Parece ser un patrón de los verdes. Resucitan cuando están enterrados. Es cuando mejor juegan y más rentan políticamente, creo que porque vuelven a su esencia independiente y al discurso que han construido a lo largo de sus vidas.
9. Los votos de la consulta verde. Estos votos fueron reales. Más de 2 millones. Ahí está la cuota inicial que ni siquiera el presidente Santos tiene. ¿Será que los jóvenes que apoyaron la Ola Verde, ya un poco más maduros, representan un voto más confiable?
10. Bono. Apuesta certera por la educación del país: así lo confirma la elección de su fórmula vicepresidencial, Isabel Segovia. Segovia le ha entregado su vida profesional a la causa de la educación del país. En esto Segovia no cederá, los colombianos pueden estar seguros.
Durante las pasadas elecciones, antes de que se configurara el fenómeno de la Ola Verde y Fajardo lideraba las encuestas entre los alcaldes, escribí sobre la posibilidad de una alternativa política independiente en medio del clima tenso y polarizado. Al final fue Mockus el que encarnó la alternativa.
¿Por qué no Peñalosa en 2014?
*Germán Sarmiento



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