“Y colgaron de un cordel / de esquina a esquina un cartel / y banderas de papel / verdes, rojas y amarillas”. Con más de la mitad de la gente sin participar, lo del domingo no fue la Fiesta de Serrat, donde “... el noble y el villano / el prohombre y el gusano bailan / y se dan la mano / sin importarles la facha...”.
Por: Rafael Orduz
Las banderitas fueron muy pobres, algunas llenas de vivezas ocasionales y muchas de lugares comunes, incluyendo las alusiones a la patria, la dulce mermelada, la educación a secas.
Como siempre, billete a la lata y el contraste entre lo que ocurre entre el voto de opinión en algunas ciudades y el voto administrado por clanes familiares, no pocas veces asociados al narco y el paramilitarismo. Y algo con sabor muy local: todos se declararon triunfadores, incluyendo los del movimiento religioso enredado en cuentas raras y políticas excluyentes a la hora de predicar.
Uribe es el gran ganador, así se dijera que su lista iba a obtener 30 o más senadores. Ninguno de los miembros de la lista le aportó votos. Son los votos de Uribe y se hará lo que él diga. Que no fue la primera lista es trivial. Su bancada, de gente muy obediente, tendrá la disciplina de la que los demás partidos carecen, lo que tiene un valor enorme a la hora de presentar, discutir y aprobar o rechazar proyectos de ley, así como para convocar a la opinión pública alrededor de lo que el CD considere.
El triunfo de Uribe también tiene que ver con la flojera del discurso de paz y la arrogancia de la guerrilla más vieja y obsoleta del mundo, así como con la ausencia de proyectos alternativos sólidos. Claro que la paz es necesaria. ¡A venderla bien!
En ese orden de ideas, es iluso afirmar que el Polo y la Alianza Verde ganaron. La derecha ganó. Por fortuna salieron elegidos Robledo y Cepeda, que aportaron el umbral en el primero, y Claudia López, Navarro y Ospina, de la segunda, en el Senado. Aunque la suma de curules equivale a la mitad de las del Centro Democrático, serán la mortificación de Uribe (y eventualmente de Santos) por sus argumentos y entereza. Y Angélica Lozano y Ángela Robledo en Cámara serán excelentes representantes.
Triunfan los clanes familiares con nexos complicados con el paramilitarismo, hábiles para colarse con los vástagos de segunda generación en donde sea posible, incluyendo la U, el partido de la paz, dados los problemas judiciales de papá, o de papá y mamá. Cartagena, Bucaramanga, Medellín... Éxitos miedosos después de haber pasado la cuchilla del 8.000 de los 90 y de los juicios de la parapolítica . Es oír de voces siniestras: estamos vivitos y coleando, ¿y qué?
Buena parte de los congresistas jóvenes, particularmente los herederos de líderes vivos o asesinados, no les llegan a las rodillas a sus taitas. Sin garra, más o menos desinformados, sin propuestas para un país que reclama educación de calidad, políticas de competitividad, ciencia y tecnología. Cero pollitos.
Así iremos a unas mediocres elecciones presidenciales en dos meses largos.

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